Ecuador y la guerra civil de España

En los últimos días de marzo en 1939, el gobierno ecuatoriano decidió reconocer al denominado régimen de Burgos, ciudad sede de las fuerzas nacionalistas comandadas por el general Francisco Franco durante la guerra interna que se estaba desarrollando en España.

Ningún otro conflicto bélico ocurrido en el pasado siglo XX despertó tanto la solidaridad mundial como la Guerra Civil española ocurrida después de que las tropas franquistas se sublevaran el 17 de julio de 1936, el historiador alemán Walter Goerlitz la llamó el Vietnam de los años 30. Desde todas partes del mundo, las muestras de simpatías para ambos bandos en lucha fueron notorias, el enfrentamiento entre las democracias y el fascismo tomó forma corpórea en este conflicto, donde se jugó el destino de las libertades humanas.

Los ecos del conflicto español no fueron ajenos para nuestro país, si en muchas partes de Europa y en América del Norte miles de personas se alistaron voluntariamente para ir a combatir el fascismo en las famosas Brigadas Internacionales, en Ecuador la movilización se dio con fuerza inusitada entre los intelectuales y en casi toda la sociedad, adhiriendo sus simpatías tanto a la España Leal representada en el gobierno legítimo y la España Nacional, identificada con los militares insurrectos capitaneados por Francisco Franco y apoyado por la Alemania de Adolf Hitler y la Italia de Benito Mussolini.

A inicios del conflicto, el país era gobernado dictatorialmente por Fedérico Paez, que de manera inmediata declara la neutralidad ecuatoriana, el 17 de agosto el ministro de Relaciones Exteriores, Gral. Ángel Isaac Chiriboga acoge la solicitud de mediación propuesta por el gobierno uruguayo para poner fin a la guerra, la Cancillería ecuatoriana en comunicado expresa que este deseo se haga eco en todos los países del continente para conseguir la paz en España. La propuesta fue declinada por EE.UU., Perú y Brasil días después.

Pero si en el plano de la diplomacia, la neutralidad fue una política de estado, en el plano interno, las simpatías por uno u otro bando se disputaron las calles, las plazas, los sindicatos y asociaciones, ahí se dieron combates de ideas, en los que a veces se llegó a los puños y a la represión. Nela Martínez, dirigente del Partido Comunista, y que junto a Alba Calderón de Gil, Luisa Gómez y otras mujeres militantes formarían un frente femenino en apoyo a la República mencionaría en su libro de memorias el ambiente que rodeó las luchas de esos días. ”En Ecuador, comunistas y socialistas asumieron la defensa de la República, mientras el franquismo fue encarnado por las élites tradicionales aficionadas a educarse en la madre patria……..”

El 21 de agosto de 1936, en Guayaquil varias organizaciones de izquierda crean el Frente Popular y justamente un dirigente español Nicolás Aguirre Bretón lanza arengas en favor del gobierno legal español. El mismo día se realiza un acto similar en Quito que termina siendo disuelto por la polícia y la detención de varias personas. Los enfrentamientos entre sectores de derecha e izquierda se vuelven más violentos. Martínez lo menciona en su autobiografía: ”El de entonces era un Quito en el que se peleaba durísimo…. verdaderas secciones de asalto que salían con palos a golpear y hasta a matar comunistas”.

En julio de 1937 se realiza el Congreso Internacional de Escritores por la defensa de la cultura, organizado por la Alianza de Intelectuales Antifascista en la ciudad de Valencia, ciudad a la que se tuvo que trasladar ante el avance de las fuerzas franquista sobre Madrid, en ese cónclave en donde confluye la elite de la intelectualidad mundial con personalidades de la talla de Nicolás Guillén, Antonio Machado, León Felipe, Alejo Carpentier, André Malraux, David Alfaro Siqueiros, Pablo Neruda, Illia Ehrenburg, Ernest Hemingway entre otros, se hace presente el escritor ecuatoriano Demetrio Aguilera Malta, el fabulador de lo cholo, que habia emprendido viaje a España en 1936 para estudiar Humanidades en la Universidad de Salamanca, donde le sorprendió la Guerra Civil, tomando partido inmediatamente por la República. Aguilera es testigo de primera de la marea de refugiados que huyen de los combates, de los violentos bombardeos de la aviación nacionalista equipada con aviones alemanes e italianos. Su experiencia la dejará plasmada en el libro Madrid, reportaje novelado de una retaguardia heroica (1937) que fue traducido al ruso y en pieza teatral La España leal. En estas obras Aguilera rinde un emotivo homenaje a la resistencia del pueblo español contra el fascismo.

Pero si la República tenía sus adeptos, los nacionales también captaban simpatizantes, muestra de ello es la presencia el 2 de julio de 1937 del miliciano falangista de origen ecuatoriano, José Hernández Subiria.

Hernández arribó al país para hacer denuncias de abusos y los hechos violentos cometidos por las tropas republicanas a las que acusaba de ser manejadas por el comunismo. El falangista dio una accidentada conferencia en el Teatro Edén de Guayaquil, donde fue interrumpido por varias ocasiones por el cónsul español Jaime Castells que lo acusaba de mentir y que no era soldado del ejército español.

También se formaron ligas juveniles y de caridad que realizaban colectas y envío de ropa a las zonas dominadas por las tropas franquistas.

Los intelectuales ecuatorianos tanto los escritores, poetas y artistas plásticos como Jorge Carrera Andrade, Gonzalo Escudero, Aurora Estrada, Hugo Alemán, Alfredo Palacio, Alejandro Carrión, Enrique Gil Gilbert, Eduardo Kigman, Manuel Agustín Aguirre editan el libro Nuestra España, editado por la editorial Atahualpa de la ciudad de Quito en 1938, obra colectiva, cada cuento o poema iba acampañado de ilustraciones con hermosos detalles. De esta obra se rescata ese canto emblemático que se convierte en consigna legendaria No Pasarán.

”Ni la destrucción de las ciudades y los campos.

Ni el asesinato procaz de ancianos, niños y mujeres,

han podido vencer la resistencia y el vigor proletarios.

Como un escupitajo, los soldados leales, los soldados españoles,

les han lanzado al rostro patibulario

la frase sustantiva, lapidaria y eterna:

”NO PASARÁN.”

Hugo Alemán.

El 2 de febrero de 1938 en la tradicional Plaza Arenas de Quito se realiza el denominado homenaje a la España Leal, donde asisten Jorge Icaza, Pablo Palacio, Humberto Mata y decenas de personas pertenecientes a organizaciones populares, uno de los oradores es el joven político Carlos Guevara Moreno, que se presenta como miembro de las famosas Brigadas Internacionales y que ha retornado después de combatir en España, en su fogoso discurso afirma “llevo en mi pecho la huella de la metralla fascista”. Guevara sería uno de los políticos más importantes de las siguientes décadas siendo colaborador de Velasco Ibarra en varias carteras de estado y también siendo alcalde de Guayaquil y fundador del partido CFP. La reunión de la Plaza Arenas fue el punto más alto del apoyo de las organizaciones de izquierda y de la intelectualidad ecuatoriana a la República, que culminaría con la creación el 18 de julio de ese año del comité de Amigos de España cuya dirección recae en Joaquín Gallegos Lara.

A pesar del paso del tiempo y de la derrota de la República, lograr rescatar del olvido la lucha que se dio en nuestro país en apoyo de las dos tendencias, esas muestras de solidaridad de nuestros intelectuales que tomaron un conflicto como suyo, es invaluable en el compromiso de construir una sociedad más justa y solidaria. (I)