
El 24 de mayo de 1822 el ejército de Sucre corona el Pichincha
El 24 de mayo de 1822, el ejército de Sucre corona el Pichincha y sella la independencia de Quito. Si tienes alguna inquietud recuerda contactarnos a través de nuestras redes sociales, o regístrate y déjanos un comentario en esta página para poder ayudarte. También puedes participar en el WhatsApp Ecuador.
Hoy Ecuador celebra un año más de la gloriosa batalla del Pichincha, la gesta heroica que dio libertad a más de 18 millones de ecuatorianos.
En una audaz maniobra militar que desafío los límites de la geografía andina, las fuerzas independentistas bajo el mando del general Antonio José de Sucre lograron una victoria definitiva sobre el ejército realista español en las faldas del volcán Pichincha.
El triunfo, consolidado al mediodía de este 24 de mayo tras un feroz combate a más de 3.000 metros de altura, rompe las cadenas coloniales de la Real Audiencia de Quito y abre de inmediato las puertas para su anexión a la gran utopía continental de Simón Bolívar: la Gran Colombia.
El ascenso silencioso hacia la gloria
La estrategia comenzó a dibujarse en la oscuridad. En la madrugada del 23 de mayo, bajo un frío imponente y con la consigna de no ser detectados, Sucre ordenó a sus cerca de 3.000 combatientes iniciar el ascenso por las escarpadas laderas del volcán. Aquel no era un ejército común; era una muestra de la solidaridad hispanoamericana que unía en las mismas filas a granadinos, venezolanos, ingleses y un contingente de peruanos enviados por el general José de San Martín, todos movilizados por el mismo ideal de libertad.
El factor sorpresa, sin embargo, se diluyó con las primeras luces del día 24. Al amanecer, las tropas realistas comandadas por Melchor Aymerich divisaron el despliegue patriota. Lo que siguió fue un enfrentamiento brutal y vertiginoso en un terreno casi impracticable, donde la falta de oxígeno y la inclinación de la montaña se convirtieron en enemigos adicionales para ambos bandos.
El quiebre del mediodía y el sacrificio en el frente
Durante horas, las descargas de fusilería y el choque de bayonetas mantuvieron el destino de la región en un hilo tenso. El punto de quiebre llegó hacia el mediodía. Cuando las fuerzas de Sucre flaqueaban por el desgaste, la entrada oportuna y estratégica de los batallones de reserva desestructuró las líneas españolas, obligando a los realistas a replegarse en desbandada hacia la ciudad.
En medio del caos y la pólvora, la batalla acuñó sus propios mitos humanos. Los testigos presenciales relatan conmovidos la resistencia del joven teniente cuencano Abdón Calderón. El oficial, convertido ya en un símbolo de la jornada, se negó a abandonar la línea de fuego, alentando a sus hombres a continuar el avance a pesar de haber recibido múltiples heridas mortales que terminaron por apagar su vida en el campo de honor.
Un nuevo mapa para América
La contundencia del triunfo patriota no dejó margen de maniobra para el poder colonial. Totalmente cercado y sin opciones de recibir refuerzos, el general español Melchor Aymerich aceptó la derrota, comprometiéndose a firmar la capitulación oficial de Quito para el día de mañana.
Con las armas ya en silencio y el humo dispersándose sobre el Pichincha, Quito respira hoy un aire distinto. La victoria no solo asegura la libertad de este territorio, sino que consolida el avance del proyecto emancipador sudamericano, demostrando que cuando las naciones del continente marchan juntas, ni la montaña más alta puede detener su destino.


