
Ecuador pierde más hombres jóvenes de los que nacen
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En 35 años murieron 248 157 hombres por causas externas prevenibles en Ecuador. La natalidad masculina cayó a la mitad.
Hay datos que un país puede ignorar durante años hasta que el costo de ignorarlos se vuelve irreversible. Ecuador acumula este tipo de datos. En 35 años mueren más hombres que mujeres por causas externas prevenibles. La brecha entre ambos no ha deja de crecer y no se ha elevado a emergencia demográfica.
Los números del INEC son precisos. Entre 1990 y 2024 murieron por causas externas 248 157 hombres en Ecuador, frente a 57 313 mujeres. Una diferencia de cuatro a uno.
La tasa de mortalidad masculina por estas causas llegó a 158 por cada 100 mil hombres en 2023, el pico más alto en tres décadas. Los homicidios son el motor más brutal de esa brecha: los hombres asesinados que registra el INEC pasaron de 1 091 en 2019 a 6 975 en 2023. En 2024 bajaron a 6 058.
Los siniestros de tránsito, por su parte, han matado entre 1 353 y 3 423 hombres por año desde 1990 —con una tendencia sostenida al alza desde 2007. El pico histórico es de 3 423 en 2024.
Lo que hace más grave este cuadro no es solo la magnitud de las cifras sino su naturaleza. Homicidios y siniestros de tránsito son muertes prevenibles.
No son fatalidades inevitables ni consecuencias de enfermedades sin cura. Son el resultado de la escalada de violencia que no se frena; de infraestructura que no se construyó; de controles que se aplicaron durante un período y luego se abandonaron, de economías ilegales que crecieron mientras la institucionalidad se debilitaba.
Entre 2012 y 2017 la tasa bajó de forma sostenida hasta su mínimo histórico de 75 por cada 100.000 hombres. Ese período demuestra que la curva sí se puede torcer. Lo que no demostró el país es que pueda sostener esa torsión.
A esta presión se suma otra que ocurre en silencio y en paralelo. La tasa de natalidad masculina cayó de 30 por cada mil habitantes en 1990 a 12 en 2024, prácticamente a la mitad. En 2024 nacieron 110 382 niños varones en todo el país. El Ecuador no solo pierde hombres antes de tiempo: produce menos vida masculina nueva cada año.
Y desde 2020 ocurre algo más. 245 048 hombres han salido del país sin retornar, sumándose a las otras dos presiones sobre la estructura demográfica.
El resultado de estas tres fuerzas operando de forma simultánea y sostenida es un país que se queda sin la generación que debería sostenerlo. El bono demográfico, esa ventana de oportunidad en la que la proporción de personas en edad productiva supera a la dependiente, no es eterno.
Y este bono se consume más rápido cuando los hombres jóvenes muertos en Ecuador suman casi un cuarto de millón en 35 años, cuando los que sobreviven emigran y cuando cada año nacen menos niños que puedan reemplazarlos.
El Estado ecuatoriano no tiene un cálculo de años de vida potencialmente perdidos por causas externas desagregado por sexo. Colombia, por ejemplo, sí lo produce de forma sistemática. Sin ese indicador, las decisiones de política pública en seguridad, movilidad, salud mental y empleo juvenil no tienen todos los elementos. De forma general responden a la emergencia del momento en lugar de intervenir sobre las causas estructurales que llevan décadas sin resolverse.
Lo que estos datos exigen no es una declaratoria más de emergencia ni un nuevo estado de excepción. Exigen que el Ecuador empiece a medir lo que pierde, no solo a contar cuántos entierra.


