Intervienen otro ‘Buenos Aires’ minero, ahora en Azuay

Azuay –

Desde un cerro, ubicado a unos 500 metros en línea recta, se observa, en medio de las montañas verdes, una elevación pelada, poblada de cabañas plásticas. Son decenas de carpas negras que resaltan en la superficie lodosa.

Es el cerro Pucur, aquel que tiene el mismo paisaje que presentaban los cerros de Buenos Aires, en Imbabura, donde policías y militares expulsaron en junio a unas 5.000 personas dedicadas a la minería ilegal.

Al cerro Pucur, perteneciente a la parroquia Shumiral, cantón Ponce Enríquez (Azuay), se llega luego de caminar una hora y media por un sendero fangoso, que parte de un camino vecinal que empieza asfaltado en la vía Guayaquil-Machala.

Desde las 03:00 de ayer, 350 policías y 30 militares ejecutaron allí un operativo de intervención, para expulsar a los mineros ilegales y todos sus males, según señalaron las autoridades presentes.

No hubo incidentes. A decir del alcalde de Camilo Ponce Enríquez, Baldor Bermeo, hubo filtración de información y ya las casi dos mil personas que trabajaban ilegalmente empezaron a salir desde el pasado martes.

Baldor formó parte del grupo de autoridades, integrado por cinco fiscales de Azuay, el gobernador Javier Martínez; Santiago Yandún, director regional de Minas Cuenca; y la dirección del mando operativo de Francisco Páez, comandante de la Zona 6 de la Policía.

En el cerro Pucur se habían instalado 50 carpas al menos. Cada una tenía un túnel o mina en un costado. Bajo la carpa se improvisaron literas y una cocina. Según uno de los desalojados, en las carpas grandes trabajaban siete mineros y una cocinera. Otras tenían cinco ocupantes.

El material que extraían de los túneles los almacenaban en sacos a un costado de las carpas. Luego lo trasladaban por un sistema de tarabitas, conocidas como winches, hasta la carretera. Era un sistema improvisado pero completo que cruza por tres cerros.

Ayer, parte de esas tarabitas eran utilizadas por algunos mineros que aún no habían salido para extraer utensilios domésticos y algunas herramientas.

“Están muchos policías. No podemos enfrentarlos así quisiéramos; ley es ley”, decía un minero, resignado, que solo cargaba una mochila con ropa y se alejaba por el sendero fangoso. Otros usaban hasta burros para cargar sus cosas.

El gobernador señaló que este operativo ha sido coordinado entre todas las instituciones y se constituía en la muestra de que el gobierno de Lenín Moreno no dará pie atrás en su afán de erradicar la minería ilegal, porque esta trae una serie de problemas, no solo de contaminación ambiental, sino de enfrentamientos entre los mineros por el control de los sitios de extracción.

Quienes trabajaban en el sector admitieron que uno de los dueños de una mina empezó a traer guardias armados y eso fue emulado por otros. Miembros de la Fiscalía citaron que no habían hallado armas de fuego y aún no tenían evidencias de delitos mayores, pero aclaró que la investigación recién empezaba.

Mientras, las autoridades repasaban los detalles que se cumplieron en el operativo, policías tomaban control una a una de las minas y las carpas. Ellos tendrán bajo su responsabilidad el cuidado y las autoridades decidirán qué hacer con las instalaciones, aunque los desalojados decían que los uniformados les manifestaron que iban a quemar las carpas. (I)

Mineros

Grupos de policías formaron un cordón amplio alrededor del cerro intervenido. El primer grupo se instaló en el recinto San Agustín, casi a 4 km del sitio de operación. Entre los mineros hay unos que fueron desalojados de Buenos Aires, en Imbabura.

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