
Quién es Wilson Merino candidato a alcalde de Quito
¿Quién es Wilson Merino? Si sigues la política quiteña de cerca, seguro lo has visto en más de un enfrentamiento dentro del Concejo Metropolitano. Si tienes alguna inquietud recuerda contactarnos a través de nuestras redes sociales, o regístrate y déjanos un comentario en esta página para poder ayudarte. También puedes participar en el WhatsApp Ecuador.
Es, sin duda, uno de los rostros más ruidosos de la fiscalización municipal. Y ahora quiere dar el salto grande: de concejal cuestionador a alcalde. ¿Tiene con qué? Vamos a repasar su historia completa, sin dejar nada fuera.
Quién es Wilson Merino en pocas palabras
Wilson Merino Rivadeneira es ingeniero comercial, concejal en funciones del Distrito Metropolitano de Quito y candidato a la alcaldía por el movimiento Imparables.
Tiene 42 años y una trayectoria que mezcla activismo social con política electoral. No viene del mundo académico de los derechos humanos ni de la burocracia estatal. Viene, más bien, del trabajo comunitario y de las causas ciudadanas. Y eso, para muchos, es justamente su sello distintivo.
Su historia personal marcó su vocación social
Aquí hay algo que conviene entender primero, porque explica buena parte de su carrera.
Merino perdió a su madre por cáncer. Ese dolor lo empujó a fundar la Fundación Cecilia Rivadeneira, una organización que ayuda a personas con esta enfermedad.
Desde ahí, impulsó la recolección de cerca de 159.000 firmas. El objetivo era promover la primera Ley contra el Cáncer nacida desde la sociedad civil ecuatoriana.
Pero la tragedia no se quedó ahí. También perdió a su padre en un confuso episodio de secuestro y asesinato. Merino ha señalado públicamente que este hecho fortaleció su liderazgo y su sensibilidad frente a la violencia.
Con el tiempo, esta historia personal se ha entrelazado con su discurso político. Sobre todo cuando denuncia amenazas o intimidación en redes sociales.
De activista social a concejal metropolitano
Antes de llegar al Concejo, Merino ya sonaba en el radar político. A inicios de 2022 se le mencionaba como posible candidato a la alcaldía.
Sin embargo, su llegada formal al poder local ocurrió en febrero de . Entró como concejal gracias a una alianza entre su movimiento y la Revolución Ciudadana, el espacio político correísta.
¿Y qué pasó después? Que con el paso de los meses, Merino fue tomando distancia de esa alianza. Comenzó a criticar decisiones del alcalde Pabel Muñoz, también de la Revolución Ciudadana.
Poco a poco se transformó en uno de sus opositores más visibles dentro del propio Cabildo. Es un giro que no sorprende tanto en la política ecuatoriana, donde las alianzas suelen ser más tácticas que ideológicas.
El salto a Imparables y la candidatura a la alcaldía
Merino no se quedó como opositor solitario. Construyó su propio proyecto político: el movimiento Imparables.
Para lograrlo, recolectó alrededor de 400.000 firmas, un número nada despreciable. El Consejo Nacional Electoral avaló oficialmente la organización en julio de 2025.
El 29 de junio de 2026, Imparables lo designó como precandidato a la alcaldía de Quito. Días después, el 5 de julio, oficializó junto a su compañero de bancada Andrés Campaña una alianza para evitar la dispersión de votos dentro de su espacio político.
Campaña, por su parte, buscará la reelección como concejal por la Circunscripción Norte. Además, sumó a su fórmula al exministro del Interior Juan Zapata, quien competirá por la Prefectura de Pichincha bajo el mismo movimiento.
Merino disputará el sillón municipal el 29 de noviembre de 2026 contra nombres pesados. Ahí están Pabel Muñoz, buscando la reelección, y Jorge Yunda, exalcalde que insiste en volver.
Cuáles son sus propuestas para Quito
Su plataforma se resume en cuatro ejes: seguridad, empleo, movilidad y recuperación de barrios.
¿Suena parecido a otros candidatos? En parte sí, porque son las prioridades que casi todo quiteño menciona en cualquier encuesta. Pero Merino agrega un componente distintivo: la reducción drástica de la burocracia municipal.
Habló abiertamente de eliminar unos 7.000 cargos que él califica de políticos, y no técnicos.
Su idea es simple: menos militantes en el Municipio, más funcionarios de carrera. «No habrá espacio para militantes políticos», afirmó en una entrevista reciente.
También plantea aplicar normas internacionales de transparencia. Esto incluye publicar la agenda de las autoridades y abrir toda la información municipal a la ciudadanía.
En cuanto a movilidad, apuesta por fortalecer el Metro de Quito como eje central del transporte.
Y en el plano fiscal, cuestiona el manejo de recursos públicos bajo la actual administración. Habla, por ejemplo, de la tasa de recolección de basura y la tasa de seguridad como medidas que, según él, perdieron la confianza ciudadana.
Su rol como fiscalizador dentro del Concejo
Aquí está, probablemente, el capítulo más consistente de su carrera reciente. Merino se ha convertido en una especie de piedra en el zapato para la administración de Pabel Muñoz.
Ha impulsado alrededor de 14 ordenanzas, de las cuales cinco fueron aprobadas. Están relacionadas con reactivación económica, empleo y comercio justo, entre otros temas.
Además, encabezó procesos de fiscalización sobre varios frentes. Cuestionó la compra de trolebuses por parte del Municipio, un caso que terminó bajo examen especial de la Contraloría.
También exigió transparencia sobre un presunto compromiso de más de 20 millones de dólares en compensaciones al sector transportista. Según Merino, ese gasto no contaba con aprobación formal del Concejo ni una partida presupuestaria clara.
En abril de 2026, tras una falla técnica que dejó sin servicio al Metro de Quito durante más de diez horas, Merino rechazó la versión municipal de un posible sabotaje. La calificó de «relato falso» sin pruebas.
También denunció presuntas irregularidades en Emaseo, la empresa municipal de aseo. Habló de un esquema de triangulación en la compra de unidades, actualmente bajo revisión de la Contraloría.
El episodio del «Chancho Pillo» y su expulsión del Concejo
Si hay un momento que resume su estilo confrontacional, es este. El 20 de noviembre de 2025, Merino cuestionó duramente al alcalde Muñoz por la compra de 4.800 platos de hornado, a 15 dólares cada uno, para eventos municipales.
Lo llamó «Chancho Pillo» en plena sesión. La frase generó revuelo. Le cortaron el micrófono y fue retirado del recinto por decisión de la presidencia del Concejo, bajo el argumento de faltar el respeto al alcalde.
Merino denunció el hecho como censura y autoritarismo. El alcalde, por su parte, defendió la compra como parte de actividades comunitarias dentro de los rangos normales de mercado.
Es un episodio que muestra tanto su disposición a confrontar como los límites que ese estilo le ha generado dentro de la institución.
Las denuncias de acoso y las amenazas que ha recibido
Merino también ha denunciado, en más de una ocasión, sentirse perseguido por el actual gobierno municipal. En marzo de 2026 declaró públicamente sufrir acoso y persecución por parte del alcalde Muñoz y de funcionarios del Cabildo.
Antes, en 2025, ya había señalado a un asesor municipal por presuntamente incitar mensajes de odio en su contra durante el contexto de un paro nacional.
Aseguró haber recibido amenazas contra su vida y que, incluso, una alerta de bomba interrumpió una audiencia judicial en la que participaba.
Este patrón de confrontación directa le ha valido tanto respaldo ciudadano como respuestas irónicas de otros concejales, que lo han acusado de actuar como «denunciólogo» antes que como gestor. Es una etiqueta que sus críticos repiten con frecuencia.
La polémica donación con el caso Isspol
Este es, probablemente, el episodio más delicado de su historial. En 2016, la Fundación Cecilia Rivadeneira recibió una donación de Jorge Chérrez, empresario luego señalado en el caso conocido como Isspol.
Cuando el tema salió a la luz, Merino explicó por escrito que la donación ocurrió antes de que se conocieran las denuncias contra Chérrez.
Según su versión, de haberlas conocido, la fundación no habría aceptado los recursos, porque no cumplían con los estándares internos de recolección de fondos.
Merino también argumentó que el dinero llegó por vía bancaria formal, por lo que debió pasar todos los filtros de control contra lavado de activos exigidos por la normativa financiera.
¿Zanja esto la polémica por completo? No necesariamente, aunque sí ofrece un contexto que conviene considerar antes de sacar conclusiones apresuradas.
Aciertos y desaciertos: el balance
Wilson Merino se presenta como el outsider que fiscaliza desde adentro. Ese rol le ha dado visibilidad y, sin duda, ha destapado temas relevantes sobre el manejo de recursos municipales.
Al mismo tiempo, su estilo frontal le ha generado roces, una expulsión pública del Concejo y críticas por su tono, que algunos consideran más cercano al espectáculo que a la propuesta técnica.
En el plano personal, la donación vinculada al caso Isspol sigue siendo un punto que sus opositores probablemente retomarán en campaña.
Aunque él ya dio explicaciones, es un tema que no desaparece del todo del debate público. Como en cualquier candidatura, la combinación de logros visibles y zonas grises es parte del paquete completo.


