Seguro Obligatorio De Vejez E Invalidez

Nuevos hallazgos de Stanford sobre el cáncer

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Recientemente, la publicación especializada Santé Magazine generó un intenso debate científico al titular: “Contra el cáncer, ser muy viejo podría ser una ventaja”. Esta afirmación surge a raíz de una investigación realizada con modelos animales que plantea que, al alcanzar una edad avanzada, el peligro de desarrollar procesos oncológicos podría reducirse, sugiriendo la hipótesis de que el envejecimiento actuaría como un freno natural ante la progresión de células malignas.

El estudio en cuestión, difundido por la prestigiosa revista Nature Aging, fue ejecutado por un equipo de científicos de la Universidad de Stanford, en los Estados Unidos. Los investigadores trabajaron con ratones de laboratorio a los cuales se les indujo cáncer de pulmón. Los resultados revelaron que los ejemplares de mayor edad presentaron una cantidad inferior de tumores, los cuales resultaron ser además menos agresivos que los observados en sujetos jóvenes.

Este fenómeno ha despertado interrogantes sobre si la longevidad extrema podría funcionar como un escudo biológico. Para profundizar en esta compleja relación entre vejez y cáncer y evitar interpretaciones erróneas, se consultó al doctor Gabriel Ercoli, genetista y director médico de Gempre Genómica, quien analizó las implicaciones de este hallazgo para la medicina humana.

 

El experimento de Stanford y el gen KRAS

Al ser consultado sobre si realmente existe una ventaja en la vejez frente a esta enfermedad, el doctor Ercoli aclaró que los resultados de Stanford deben ser analizados con cautela. Según el experto, el estudio no propone de forma global que la ancianidad sea una protección.

“El estudio de Stanford no sostiene que ‘la vejez protege del cáncer’ como idea general. Lo que muestra es algo más puntual: en un modelo experimental de cáncer de pulmón en ratones, cuando se activa en el pulmón un gen llamado KRAS, los animales muy viejos desarrollan menos tumores y, además, los tumores que aparecen tienden a crecer más lento”

, explicó el especialista.

El gen KRAS es descrito por el médico como uno de los “aceleradores” biológicos que, al activarse de forma anómala, provocan una división celular descontrolada. Sin embargo, Ercoli advierte que estos datos provienen de un entorno controlado:

“El hallazgo es sólido dentro de ese escenario de laboratorio, pero no se puede trasladar sin cuidado a humanos”

, debido a que en nuestra especie intervienen factores diagnósticos, enfermedades coexistentes y la tolerancia a los tratamientos.

Diferencias entre estudios animales y humanos

La precisión alcanzada en el laboratorio de Stanford no es replicable en seres humanos. Mientras que en los ratones los científicos pueden activar el proceso tumoral de manera deliberada mediante la manipulación del gen KRAS, en las personas esto es imposible por razones éticas. Por lo tanto, el conocimiento en humanos se basa primordialmente en registros de salud y estudios observacionales que evalúan la mortalidad y la incidencia según la edad.

No obstante, el doctor Ercoli señala que los datos en personas de edad muy avanzada son complejos de interpretar. En este grupo etario suele haber menos pruebas de cribado y procedimientos invasivos para confirmar diagnósticos. Además, es común que otros problemas de salud causen el fallecimiento del paciente antes de que un tumor sea detectado o registrado formalmente.

¿Crecen más lento los tumores en ancianos?

Una creencia común es que el cáncer evoluciona más despacio en personas mayores, pero el doctor asegura que esto no es una ley universal.

“No es una regla. En la práctica clínica se ven tumores de crecimiento lento en personas mayores, pero también se ven cánceres muy agresivos en la vejez, y tumores de bajo riesgo en gente joven. La edad influye, pero no define por sí sola el comportamiento de todos los cánceres”

, afirmó.

Es fundamental distinguir entre la agresividad biológica del tumor y el curso clínico de la enfermedad. En ocasiones, la evolución parece más pausada debido a que se aplican estrategias médicas menos intensivas o diagnósticos tardíos, y no necesariamente porque el tumor haya perdido su capacidad de invadir tejidos.

Respecto a las estadísticas que muestran un descenso de la incidencia de cáncer en edades extremas (más de 85 años), el doctor subraya que, aunque el patrón existe en algunos datos poblacionales,

“esa forma de la curva no permite concluir, por sí sola, que ‘la vejez protege’”

. Esto se debe a la menor búsqueda activa de patologías en pacientes muy ancianos y a la competencia de otras causas de muerte.

 

El concepto del “suelo” joven versus el “suelo” viejo

Uno de los puntos más innovadores del estudio de Stanford es el análisis del entorno donde crece el tumor. El envejecimiento no solo afecta a las células individuales, sino a todo el tejido. Ercoli utiliza una metáfora sencilla: no es lo mismo crecer en un “suelo” joven que en un “suelo” envejecido. El tejido viejo parece ser menos hospitalario para que las células alteradas se multipliquen.

A nivel genético, los investigadores observaron que los tumores en ratones viejos mantenían un patrón propio del envejecimiento, como si no lograran “rejuvenecer” para expandirse. Además, el estudio utilizó la técnica de edición genética CRISPR para analizar los genes “frenos” del cáncer, como el PTEN. En ejemplares jóvenes, la pérdida de PTEN aceleraba drásticamente el tumor, mientras que en los viejos, el efecto era significativamente menor.

Variaciones según el órgano y el tipo de cáncer

El experto es enfático al decir que estos resultados no se pueden generalizar a todos los tipos de cáncer. El estudio se limitó al cáncer de pulmón y a un disparador específico. En oncología, cada órgano envejece de forma distinta. Por ejemplo, en los órganos reproductivos, la actividad hormonal juega un papel crucial. En el cáncer de próstata existen casos de crecimiento muy lento, pero también variantes agresivas en ancianos. En el cáncer de mama, el subtipo biológico suele ser más determinante que la edad del paciente.

Existen tumores que mantienen su peligrosidad intacta sin importar los años que tenga el individuo. El doctor Ercoli menciona ejemplos críticos:

  • Cáncer de páncreas.
  • Tumores cerebrales de alto grado.
  • Ciertas variantes de cáncer de pulmón.
  • Leucemias agudas.

En estos casos, la biología es rápida y letal. Además, un tumor supuestamente “lento” puede ser más peligroso en un anciano debido a su menor reserva fisiológica y a la presencia de otras enfermedades (comorbilidades) que limitan las opciones de tratamiento.

 

Conclusión: Decisiones caso por caso

Para la medicina actual, no existe una edad umbral a partir de la cual se deba dejar de vigilar un posible cáncer. Las decisiones médicas se basan en el estado general del paciente, el estadio del tumor y su velocidad de crecimiento.

“Dos individuos con la misma edad pueden diferir muchísimo en autonomía, fragilidad y tolerancia a tratamientos”

, sostiene el doctor, enfatizando que la edad cronológica no es suficiente para determinar una conducta clínica.

Finalmente, el rol de la genética clínica es fundamental para transformar estas hipótesis de laboratorio en herramientas reales. Según Ercoli, el camino a seguir es estudiar a personas con longevidad excepcional para identificar variantes hereditarias que otorguen “resiliencia” frente a los tumores. Comparar tumores con el mismo origen genético en pacientes de distintas edades permitirá entender cómo el entorno del cuerpo humano influye en la respuesta a los tratamientos oncológicos.