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Las excusas de los cortes de energía en Ecuador

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Una de las crisis que el gobierno de Daniel Noboa no ha logrado resolver es la del sector energético, que ha provocado apagones durante varios meses en Ecuador. Cuando asumió la presidencia, en noviembre de 2023, el problema ya estaba sobre la mesa: apenas un mes antes, el gobierno de Guillermo Lasso había impuesto cortes de luz programados de entre tres y cuatro horas diarias, en medio de un déficit eléctrico.

En la campaña de 2023, Noboa aseguró que podía resolver esta crisis en nueve meses, apostando “por inversión en transmisión eléctrica”. En enero de 2024, la Asamblea Nacional aprobó una ley impulsada por Noboa a la que se le denominó “no más apagones”, que prometía que no volverían los cortes de energía. Pero más de dos años después, el problema no solo persiste, sino que se ha justificado con muchas razones que han sido cuestionadas porque siempre incluyen culpar a algo o alguien más.

En Ecuador, más del 80% de la energía se genera en centrales hidroeléctricas, es decir, en instalaciones que generan electricidad a partir del movimiento del agua. Estas funcionan aprovechando la fuerza de ríos y embalses: el agua cae o fluye con presión, mueve turbinas y estas, a su vez, activan generadores que producen electricidad.

Los cortes de energía eléctrica y las explicaciones oficiales han ido cambiando. El gobierno ha atribuido los apagones a fallas provocadas por animales —como zarigüeyas —, sabotaje, sequía, mucha lluvia, problemas técnicos, falta de mantenimiento y hasta “el vaciado de Mazar” a través de supuestas compuertas, que no existen.

Esta es la cronología de los apagones y las razones que se han dado para justificarlos, desde finales de 2023.

 

Noviembre y diciembre de 2023: falta de lluvias

El 23 de noviembre de 2023, Daniel Noboa asumió el poder con un sistema eléctrico ya en crisis. Desde octubre, durante el gobierno de Guillermo Lasso, el país enfrentaba cortes programados de hasta cuatro horas diarias.

Seis días después, el 29 de noviembre, su ministra de Energía, Andrea Arrobo, describió la situación con una frase que marcó el inicio de la narrativa oficial: el sistema estaba “en terapia intensiva”. Ese mismo día, en entrevistas radiales, dijo que no había una fecha de fin de los apagones y atribuyó la crisis al estiaje (bajos niveles de agua en hidroeléctricas), la falta de inversión en generación en los últimos años, y la ausencia de planificación.

En diciembre, el discurso cambió.

El gobierno anunció que no habría apagones hasta el 15 de enero de 2024. La decisión, comunicada por el Ministerio de Energía y el comité de crisis liderado por Arrobo, se justificó por una supuesta recuperación de los embalses, condiciones climáticas más favorables y una reducción del consumo eléctrico en más del 4%, atribuida a la campaña “Ecuador se ilumina con tu ahorro”.

Enero y febrero de 2024: aparente alivio y mensaje de control

Durante enero de 2024 no hubo cortes programados de electricidad. El gobierno daba el mensaje de “estabilización del sistema” insistiendo en que la mejora se debía a factores climáticos y a la gestión técnica.

El 23 de febrero, el Ministerio de Energía y Minas anunciaba el fin de los apagones. Lo atribuía a una “gran gestión”.

 

Abril de 2024: sabotaje

Los apagones volvieron el domingo 14 de abril de 2024. Hubo una oleada de críticas porque ocurrieron sin previo aviso.

Un día después, la noche del 15, el gobierno de Noboa reconoció oficialmente los cortes y los atribuyó a varios factores, entre ellos, la restricción en la venta de energía desde Colombia.

Ese mismo día, la Corporación Nacional de Electricidad (CNEL), que provee de electricidad a cerca de la mitad del país, y la Empresa Eléctrica Quito (EEQ) publicaron nuevos cronogramas de racionamientos para el 16 y 17 de abril, con cortes de entre 3 y 4 horas diarias.

El 16 de abril, durante un evento en Guayaquil, Noboa anunció dos decisiones: la declaratoria de emergencia en el sector eléctrico y la salida de la ministra Andrea Arrobo.

Ese mismo día, el gobierno presentó una denuncia en la Fiscalía por presunto sabotaje contra Arrobo y cerca de 20 funcionarios del sector.

La explicación cambió: ya no era solo un problema de generación o clima sino que se habría ocultado información clave sobre la crisis, lo que impidió tomar decisiones a tiempo.

Arrobo respondió que el Presidente conocía la situación y que el origen del problema era estructural: años de falta de inversión y planificación.

17 y 18 de abril: embalses críticos y el “vaciado de Mazar”

El 17 de abril, el gobierno dijo que los embalses estaban en niveles mínimos:

  • Mazar: 0% de almacenamiento operativo
  • Paute: 4% de almacenamiento operativo del embalse
  • Coca Codo Sinclair: 40% por debajo de su caudal promedio

Un día después, el 18 de abril, el entonces secretario de Comunicación, Roberto Izurieta, dio una nueva explicación en una entrevista en Teleamazonas: los cortes estaban vinculados a un “combate decidido al crimen organizado”.

Cuando se le pidió precisar, dijo que el embalse de Mazar había sido vaciado como parte de un acto de sabotaje: “se abrieron las compuertas”, afirmó.

Pero Mazar no tiene compuertas, así le explicó a Primicias Ricardo Buitrón, extécnico del ex Inecel.

Tiene dos sistemas de desfogue: un túnel que conduce el agua a las turbinas para generar electricidad, y un desagüe de fondo para liberar agua en caso de exceso.

 

Junio 2024: exceso de lluvias

A mediados de mayo ya no hubo más apagones, y el 7 de junio el ministro encargado de Energía y Minas, Roberto Luque, dijo que no había riesgo de cortes programados.

Esa certeza, sin embargo, desapareció nueve días después: la noche del domingo 16 de junio, sin previo aviso, algunos sectores en Quito, la capital ecuatoriana, se quedaron sin luz. En junio, luego del apagón en Quito, Luque dijo que las lluvias de las últimas horas provocaron “altos caudales” y que en la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair los caudales causaron “altos sedimentos” lo que provocó que la hidroeléctrica saliera de operación desde las siete de la mañana de ese día.

Tres días después, el 19 de junio de 2024, Ecuador nuevamente vivió un apagón masivo a escala nacional. La interrupción del servicio eléctrico afectó a ciudades como Quito, Guayaquil, Cuenca, Ibarra, Loja, Machala y Quevedo, y paralizó servicios como el Metro de Quito.

Ese mismo día, el gobierno —a través del ministro Luque— confirmó que el corte se produjo por la “salida de operación de una línea de transmisión eléctrica”, es decir, cuando una línea de alta tensión deja de funcionar o se desconecta, interrumpiendo el flujo de electricidad en el sistema.

El ministro dijo que esto ocurrió específicamente en el sistema Taday–Zhoray, que está en el sur del Ecuador, entre las provincias de Cañar y Azuay, y forma parte de una línea de transmisión de alta tensión que conecta centrales hidroeléctricas con el sistema eléctrico nacional.

Según la explicación oficial, esta falla generó una desconexión en cascada (un “blackout”), es decir, un efecto dominó que provocó la caída del sistema eléctrico a nivel nacional. Este evento, dijo Luque, no se registraba en al menos ocho años.

A diferencia de abril, cuando el discurso oficial giró hacia el sabotaje, en junio el gobierno optó por la explicación técnica, pero que correspondía, según su versión, a problemas aislados.

 

Septiembre 2024: mantenimiento preventivo

El 7 de septiembre de 2024, Ecuador tuvo otro apagón masivo que afectó a varias provincias. El Operador Nacional de Electricidad (Cenace) lo atribuyó a una falla técnica en la subestación Molino, clave para la generación de Paute. La explicación oficial fue que hubo un problema puntual en infraestructura. El servicio, dijeron, se restablecería en tres a cuatro horas. Dijeron que no pasaría de nuevo.

Dos días después, el 9 de septiembre, el presidente Daniel Noboa anunció una medida paliativa: el Estado cubriría planillas eléctricas de hogares que consumieran hasta 180 kWh en los meses siguientes. No hubo, sin embargo, un cambio en la explicación de los cortes.

El 15 de septiembre, el gobierno anunció un apagón nacional programado para el 18 de septiembre, entre las 22:00 y las 06:00. La justificación fue “mantenimiento preventivo del sistema de transmisión”. Se insistió en que era una medida técnica, planificada y necesaria, incluso subrayando que el horario buscaba “minimizar el impacto”.

Pero esa narrativa duró poco.

El 16 de septiembre, el Ejecutivo anunció nuevos cortes, ya no como eventos aislados sino como parte de un esquema más amplio. Y el 23 de septiembre, la situación escaló: comenzaron apagones diarios de hasta ocho horas a nivel nacional, en franjas nocturnas (de 22:00 a 06:00), que luego se extendieron en los días siguientes.

En los comunicados, el gobierno habló de “acciones necesarias para precautelar la soberanía energética”, sin detallar causas concretas. En paralelo, se adoptaron medidas como el teletrabajo en el sector público para reducir el consumo eléctrico.

 

20 de septiembre de 2024: una zarigüeya tuvo la culpa

El 20 de septiembre, antes de que iniciaran los cortes programados, ocurrió uno que no se preveía, en diferentes ciudades de Ecuador, incluyendo a Quito y Guayaquil. El apagón ocurrió aproximadamente a la 1 de la mañana de ese viernes y duró unos 45 minutos.

El ministro de Energía, Antonio Goncalves, en una entrevista en Teleamazonas, no reconoció que se trataba del resultado de la crisis energética, sino que que “pasan cosas raras, hubo una falla humana o una zarigüeya y quemó la subestación”.

 

Octubre y noviembre 2024: la peor sequía en 6 décadas

En octubre, la crisis energética se volvió rutina. El gobierno de Daniel Noboa anunció cortes de hasta 14 horas diarias, los más largos en el año. Dijo que se daban porque estábamos en la peor sequía en seis décadas.

La falta de lluvias vació los embalses de las hidroeléctricas —que sostienen cerca del 70% de la demanda nacional— y expuso un sistema que ya venía debilitado.

El país operaba con un déficit de 1.600 megavatios frente a una demanda de 4.600. En octubre se calificó el juicio político en su contra en la Asamblea.

El Ejecutivo sostuvo que incumplió sus funciones.
Arrobo dijo que fue convertida en un “chivo expiatorio” y que había advertido a tiempo sobre el riesgo de apagones.

 

Diciembre 2024: el fin (temporal) de los apagones

El 10 de diciembre, el presidente Daniel Noboa anunció la fecha de suspensión de los cortes de luz en Ecuador.

Mediante un comunicado no reconoció una falta de acción si no que dijo que “los efectos del cambio climático, la negligencia y la mala gestión de gobiernos anteriores fueron las causas de la crisis en el sector eléctrico, que afectó al Ecuador”.

Dijo que, desde el 20 de diciembre, no habría cortes en todo el Ecuador. No fue así, el 21 de diciembre nuevamente hubo apagones a pesar del anuncio.

2025: el escándalo de los contratos fallidos

En 2025, los contratos con Progen Industries LLC y Austral Technical Management (AMT) se convirtieron en el otro rostro de la crisis eléctrica: ya no hubo apagones, pero sí se sintieron las consecuencias de las decisiones tomadas en medio de la emergencia de 2024.

En agosto de 2024, funcionarios del Ministerio de Energía firmaron contratos de emergencia por más de 200 millones de dólares para instalar generadores termoeléctricos móviles, equipos diseñados para producir electricidad de forma rápida usando combustibles como diésel o gas. La promesa era sumar energía en pocos meses y evitar nuevos cortes.

Pero en 2025 se evidenció el resultado: los proyectos no funcionaron como se ofreció. Los generadores no entraron en operación en los plazos previstos —finales de 2024 e inicios de 2025— y, en varios casos, ni siquiera podían operar porque no funcionaban bien.

Auditorías de la Contraloría revelaron que la empresa que el gobierno había contratado entregó equipos viejos, usados o incompatibles con el sistema eléctrico ecuatoriano. También que los contratos se firmaron sin cumplir requisitos técnicos —como estudios o garantías— y que se hicieron pagos pese a incumplimientos.

En el caso de Austral Technical Management, los generadores no podían conectarse al Sistema Nacional Interconectado —la red eléctrica del país— porque no estaban configurados para operar con los mismos parámetros técnicos. En Ecuador, la red funciona a una frecuencia de 60 Hz (la velocidad a la que circula la corriente) y estos equipos no coincidían con ese estándar, lo que impedía integrarlos sin riesgo. Aun así, el Estado ya había pagado la mayor parte del contrato.

Con Progen Industries LLC, el contrato fue terminado, el Estado inició demandas internacionales y se investigaron posibles irregularidades en el manejo de los fondos

Abril de 2026: ola de calor

En enero de 2026, la ministra de Energía, Inés Manzano, descartó que en 2026 iba a haber apagones pese a la falta de lluvias y la reducción de los embalses en cuatro hidroeléctricas en el Austro. Sin embargo, en abril de 2026, tal y como pasó en abril de 2024, nuevamente hubo apagones no programados en varias ciudades del país.

Tras la exigencia ciudadana de explicaciones, la secretaria de Comunicación, Irene Vélez, explicó en un video subido, a qué le atribuían los cortes. En Guayaquil, dijo, fue por una ola de calor que hizo que la demanda eléctrica llegara a niveles históricos. Dijo que esto habría puesto al límite las redes provocando cortes de luz.

Expertos energéticos como Dario Dávalos explicaron que aunque la generación eléctrica ha mejorado con el aumento de caudales, el problema se ha trasladado a la estructura de distribución —la red que lleva la energía desde las subestaciones hasta hogares y negocios—, que no soporta la alta demanda y evidencia falta de mantenimiento e inversión.

En medio de los cortes, hubo declaraciones de Manzano que causaron confusión. El 14 de abril de 2026, Manzano cambió de decisión en pocas horas: primero anunció mantenimientos programados en la subestación Dos Cerritos —clave para abastecer a Guayaquil y cantones cercanos. Luego dispuso la suspensión inmediata de todos los mantenimientos en el país.

La medida se tomó tras apagones el 11, 12 y la madrugada del 14 de abril, que empresas como CNEL atribuyeron a la sobrecarga de transformadores por el aumento del consumo.