Coronavirus: «Fuimos a la guerra sin armas», dice enfermera en Guayaquil, donde un sistema de salud debilitado se prepara para lo peor

Guayaquil – La pandemia en Guayaquil está llevándose por delante a médicos y enfermeras, la primera línea de choque contra el nuevo coronavirus. La velocidad de contagio dentro del sistema de salud, ya minado por la ola de pacientes, podría debilitarlo aún más antes de que llegue lo peor.

Se espera que en las próximas semanas hasta 3500 personas mueran por la COVID-19 solo en la provincia de Guayas y su capital, el puerto de Guayaquil, una de las urbes más castigadas en América Latina, según proyecciones oficiales.

Ya van más de 3600 casos con 180 muertos en Ecuador desde el 29 de febrero. Un 69% de los contagios se concentra en esa zona del suroeste de este país de 17,5 millones de personas.

Hay 1600 médicos, enfermeras y trabajadores del aparato sanitario contagiados que están en cuarentena, según el viceministro de Salud, Ernesto Carrasco. Una decena falleció.

«Tenemos equipo, camas, espacio, pero nos hace falta personal», reconoció el funcionario.

En Ecuador, con 4165 sanatorios (de ellos 3321 públicos), el gobierno asumió el manejo de la crisis por la COVID-19.

 

Sin protección

La AFP escuchó a varios médicos y enfermeras que pidieron reserva de identidad por temor a sanciones.

«Fuimos a la guerra sin armas». Encerrada en su habitación con síntomas del nuevo coronavirus, una enfermera de 55 años describe así su dolor por lo ocurrido con colegas en Guayaquil, donde cinco han muerto y 80 están contagiados.

«No se prepararon con los insumos adecuados sabiendo que esto ya venía arrasando Europa», lamenta.

Según cuenta, a su servicio de emergencia ingresó «bastante (paciente) sintomático, pero como no había pruebas para hacer simplemente les trataban como una gripe y vayan para la casa».

Además, «no nos daban los elementos de protección personal, igual no se puede negar la atención y nos tocó salir a atender a los pacientes como estábamos». Así se han ido quedando en el camino los llamados a dar asistencia directa en la crisis.

El gobierno de Lenín Moreno, que decretó el toque de queda para enfrentar la propagación, soporta también las críticas por el temprano colapso del sistema morturio en Guayaquil, de las ciudades más pobladas del país (2,7 millones de personas).

La medida de excepción ralentizó el servicio funerario, que en algunos casos dejó de prestarse porque los trabajadores, temerosos de contagiarse, evitaron ir a domicilios.

Cientos de cadáveres pasaron días en sus viviendas antes de que fueran recogidos por militares y policías. Otros cuerpos también tardaron en ser recogidos en las calles, bajo la sospecha de que pudieran haber muerto por la pandemia.

En una ciudad caliente y húmeda como Guayaquil, esta exposición macabra aumentó el pánico.

 

Cuerpos en emergencia

Un médico que está en la primera línea de acción también relata lo que está ocurriendo en las salas de emergencia: «Lamentablemente mandamos a las personas a morir en la casa porque no tenemos nada que ofrecer, no hay ni siquiera tomas de oxígeno».

«Son centenares de familiares y personas que están clamando ayuda» en las casas de salud, pero ahí no hay más que ofrecer «que cadáveres». Incluso ya se ven cuerpos en los pasillos de emergencia, agrega.

La pandemia, que ya mató a más de 65 000 personas en el mundo, desbordó muy pronto al sistema de salud en Guayaquil.

Las salas de emergencia colapsaron con los médicos dentro. En Guayas han fallecido al menos 37, según un recuento del gremio que incluye a afectados por la pandemia y a quienes no pudieron tratarse otros males ante la saturación del servicio hospitalario.

El presidente de la Federación Médica Ecuatoriana, Santiago Carrasco, advierte que el sistema de salud «está bajo mucha presión» y «el uso de camas es impresionantemente alto».

Con él coincide Liliana Triana, vocera del Colegio de Enfermeras del Guayas: «Todos los hospitales están colapsados, han llegado a su tope máximo de atención».

El gobierno pretende habilitar en todo el país 900 camas hospitalarias en albergues, ante la proyección de que un 20% del total de infectados requiera atención clínica y un 6% de ellos ingrese en terapia intensiva.

Solo para Guayas y su capital Guayaquil están previstas 200 unidades de cuidados intensivos, que se sumarán a las 357 que ya operan, según el viceministro de Salud. La cartera anunció igualmente la contratación de 769 médicos.

Antes de que la crisis estallara, Guayaquil estuvo expuesta al contagio por «los pobres controles epidemiológicos en las fronteras aeroportuarias», señala a la AFP Esteban Ortiz, médico salubrista y catedrático de la privada Universidad de las Américas.

Luego se hizo evidente el «debilitamiento del sistema público de salud en los últimos años», que siguió a una «política encaminada a reducir el tamaño del Estado sin discreción», agrega.

Y así, menguado, el cuerpo sanitario en Guayaquil espera la embestida del coronavirus.