Cáncer de páncreas

El cáncer de páncreas deja en Ecuador casi tantas muertes como diagnósticos

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Mientras las investigaciones del bioquímico Mariano Barbacid siguen; en Ecuador esto muestran las cifras del cáncer de páncreas.

El cáncer de páncreas no suele dar aviso. Cuando aparecen el dolor, la ictericia o la pérdida de peso, la enfermedad ya ha tomado ventaja. En Ecuador, las cifras confirman esa amenaza silenciosa: casi tantos ecuatorianos mueren por este tumor como los que son diagnosticados cada año. En ese escenario, las investigaciones del bioquímico español Mariano Barbacid abren una ventana de esperanza, pero el país enfrenta todavía un desafío estructural: detectarlo antes de que sea demasiado tarde.

 

¿Por qué el cáncer de páncreas importa?

Aunque ocupa el puesto 12 entre los cánceres más frecuentes en Ecuador, el de páncreas es uno de los más letales. A escala global, según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022 se registraron 510 992 casos y 467 409 muertes. Es la sexta causa de muerte por cáncer en el mundo y tiene una supervivencia neta a cinco años de 9%.

Esa combinación –baja incidencia relativa, pero altísima mortalidad– convierte a este tipo de cáncer en un problema sanitario de alto impacto. No es el que más se diagnostica, pero sí uno de los que menos margen deja para reaccionar.

 

Pocos diagnósticos, pero alta letalidad

En 2022, el último registro, se estimaron 773 casos nuevos de cáncer de páncreas en Ecuador y 692 muertes, según la IARC. El dato es contundente: la brecha entre diagnósticos y fallecidos es mínima. De hecho se diagnostican y mueren, en promedio, dos al día.

Ese año, el cáncer de páncreas representó el 2,5% de los 30 888 nuevos casos de todos los cánceres en el país y ocupó el puesto 12 en incidencia. La tasa estandarizada por edad, la cual permite comparar países sin que el envejecimiento poblacional distorsione los datos, fue de 3,7 por 100 mil habitantes en incidencia y 3,3 por 100 mil en mortalidad. Son tasas más bajas que el promedio de América, pero con una lectura inquietante: casi todo lo que se diagnostica termina en muerte.

 

Comparación con cáncer de páncreas en la región y el mundo

En la región de las Américas, en 2022 se estimaron 108 010 casos nuevos y 94 265 muertes, con tasas estandarizadas de 6,4 (incidencia) y 5,4 (mortalidad) por 100 mil habitantes. Es decir, los diagnósticos y los fallecimientos están por encima de las tasas mundiales fue de 4,7 y 4,2 respectivamente.

Ecuador registra menos casos por habitante que el promedio de la región y del mundo. Sin embargo, la cercanía entre diagnósticos y muertes sugiere un problema distinto al de la frecuencia y recurrente: diagnóstico tardío, limitaciones terapéuticas o debilidades en el sistema de registro.

 

Esto revelan los datos nacionales

Las cifras administrativas del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) con base en los datos del sistema de salud muestran variaciones. Para 2022 se reportaron 512 muertes por cáncer de páncreas; en 2024, la cifra ascendió a 604, con una tasa de 3,4 por 100.000 habitantes.

El 65,5% de las muertes se concentra en cinco provincias: Guayas, Pichincha, Azuay, Manabí y El Oro. Además, el 82,2% de las muertes por cáncer en general ocurre en personas de 60 años o más.

En 2024 se registraron 1 474 egresos hospitalarios por tumor de páncreas, con una estancia promedio de siete días. Más de la mitad correspondió a mayores de 65 años y un 33% al grupo de 50 a 64 años, lo que confirma el peso del envejecimiento poblacional en esta enfermedad.

 

En Quito, datos de IARC muestran que la incidencia aumentó entre los periodos 2011–2015 y 2016–2020 tanto en hombres como en mujeres. Por otra parte, en Guayaquil, un estudio de Solca evidenció un incremento sostenido entre 2015 y 2021, con mayor proporción en mujeres de 50 a 70 años y predominio del adenocarcinoma.

Una tesis de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), elaborada por Diana Sosa en SOLCA Quito, encontró que la mayoría de pacientes llegó en estadios avanzados y recibió tratamiento paliativo, lo que evidencia brechas en acceso y oportunidad diagnóstica.

 

Lo que explica el oncólogo

El cirujano oncólogo Raúl Oleas estima que en Ecuador por lo menos el 80% de los casos se diagnostican en estadios avanzados y apenas 20% en fases tempranas.

La razón es clínica y estructural. “Es difícil detectarlo porque la enfermedad no da ningún síntoma ni ningún signo”, explica. Los nódulos de menos de dos cm no dan absolutamente ningún síntoma. Solo estudios de imagen como tomografía o resonancia pueden detectarlos en esa etapa.

El especialista en cirugía hepato-bilio-pancreática y oncólogo añade que en el mundo el 80% de todos los cánceres serán curados hasta el 2040, por lo que el Ecuador lleva un retraso considerable en el diagnóstico y el tratamiento eficaz de esta enfermedad

A eso se suman barreras culturales y de acceso: poca costumbre de realizar chequeos periódicos, limitada disponibilidad de estudios de imagen de alta complejidad y desigual acceso a cirugía oncológica especializada. Oleas confirma además la relación directa con factores de riesgo como obesidad, diabetes y tabaquismo.

 

Las implicaciones para la salud pública

El patrón que dibujan los datos es claro: el principal enemigo no es la frecuencia, sino el momento del diagnóstico. Para cambiar esa historia hay cuatro frentes:

  • Mejorar los registros oncológicos. Globocan advierte que en Ecuador no existen datos directos de incidencia y que las estimaciones se modelan a partir de mortalidad. Sin datos robustos es mñas difícil contar con política pública eficaz.
  • Fortalecer la detección temprana. Capacitar a médicos generales desde el primer nivel de atención hasta los hospitales de especialidad para identificar señales de alarma y establecer rutas rápidas hacia centros especializados.
  • Atacar factores de riesgo modificables. Políticas sostenidas contra el tabaquismo, la obesidad y el mal control de la diabetes.

 

Las diferencias en los registros

La divergencia entre las estimaciones internacionales (773 casos y 692 muertes en 2022) y los registros administrativos nacionales (512 muertes en 2022) no necesariamente implica contradicción, sino metodologías distintas.

IARC modela incidencia a partir de mortalidad ante la falta de registros poblacionales completos. El INEC, en cambio, consolida certificados de defunción. Además, existe la posibilidad de subregistro o clasificación de causa básica distinta en algunos casos. La brecha revela un desafío pendiente: contar con un registro nacional de cáncer sólido, actualizado y transparente.

 

Un horizonte entre la ciencia y la prevención

Mientras en laboratorios europeos se exploran terapias biológicas capaces de atacar mecanismos moleculares específicos del tumor -como las que investiga Mariano Barbacid-, en Ecuador el desafío inmediato es más básico: llegar antes que el tumor.

El cáncer de páncreas no es el más frecuente en el país. Pero hoy es uno de los que menos segundas oportunidades ofrece. Entre el silencio biológico y las debilidades estructurales del sistema, la estadística se convierte en advertencia y en una hoja de ruta.