Ciudades caminables

Ciudades caminables la clave para vivir 4 años más

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No solo la alimentación, la actividad física o el descanso determinan la calidad y duración de la vida. El lugar donde se reside juega un papel fundamental, según el experto en longevidad Dan Buettner, conocido por acuñar el concepto de Zonas Azules o Blue Zones e investigador de National Geographic.

En un video publicado en Instagram, Buettner sostiene que el diseño urbano puede influir de manera decisiva en la cantidad de movimiento que una persona realiza a diario, casi sin darse cuenta. El especialista afirmó que el entorno construido condiciona los desplazamientos cotidianos y podría sumar cuatro años a la esperanza de vida.

Según su planteamiento, las ciudades pensadas para caminar impulsan a sus habitantes a desplazarse más, mientras que aquellas dependientes del automóvil ofrecen menos oportunidades de actividad física rutinaria.

 

En sus propias palabras:

“El lugar donde vives tiene un enorme impacto en la cantidad de movimiento cotidiano que haces sin pensarlo. Si vives en una ciudad suburbana como Phoenix, Arizona, o Atlanta, Georgia, apenas llegas a unos pasos al día. En cambio, si vives en una ciudad como Santa Bárbara, Boulder, Colorado, o Nueva York, esas personas suelen dar entre nueve mil y 10 mil pasos diarios.”

Buettner calculó que esta diferencia prácticamente duplica la actividad física diaria. Si el resto de factores se mantuviera constante, ese movimiento adicional podría traducirse en “unos cuatro años más de esperanza de vida frente a quienes viven en una ciudad suburbana. Por eso, el lugar donde resides influye mucho en cuánto te moverás y, en consecuencia, en cuánto tiempo vivirás”, afirmó.

Un metaanálisis publicado en The Lancet que revisó 57 estudios y más de 160.000 adultos encontró que el mayor beneficio de la caminata se observa en torno a los 7.000 pasos diarios. De ahí la relevancia de las urbes “caminables” que promueve Buettner.

Hunter Bennett, docente de Ciencias del Ejercicio en Adelaide University, explicó:

“Alcanzar los 7.000 pasos diarios se asocia con una reducción del 47% en el riesgo de muerte prematura, un 25% menos de riesgo de enfermedades cardiovasculares, un 14% menos de probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2, un 38% menos de riesgo de demencia, una disminución del 22% en el riesgo de depresión y un 28% menos de riesgo de caídas”.

La actividad física: clave de las Zonas Azules

El movimiento corporal es uno de los pilares de la longevidad en las Zonas Azules, objeto de estudio de Dan Buettner desde hace más de dos décadas. El concepto surgió a comienzos de los 2000, a partir de una investigación interdisciplinaria sobre comunidades del mundo con niveles excepcionales de longevidad.

Las cinco Zonas Azules identificadas son:

  • Ikaria, en Grecia
  • Cerdeña, en Italia
  • Nicoya, en Costa Rica
  • Loma Linda, en California
  • Okinawa, en Japón

Buettner se ha convertido en uno de los principales divulgadores de los hábitos que comparten estas poblaciones. En un posteo de Instagram, destacó sus dos formas de ejercicio favoritas:

“Una caminata simple aporta cerca del 90% de los beneficios de entrenarse para una maratón. La segunda —y esto se repite en todas las Zonas Azules del mundo— es tener un jardín”.

¿Por qué un jardín?

“Porque te impulsa a moverte un poco todos los días. Mejora el rango de movimiento, reduce el estrés y, al terminar la actividad, obtienes verduras frescas. Nos vemos cuando tengas 100 años”, invitó.

Cómo convertir cualquier ciudad en una Zona Azul

A partir de los hallazgos de las Zonas Azules, Dan Buettner fundó hace unos 15 años Blue Zones LLC, una empresa que colabora con ciudades, organizaciones y universidades para crear entornos que favorezcan una vida más saludable.

La premisa es que los hábitos no dependen solo de la voluntad individual, sino también del ambiente en el que las personas viven, comen, se mueven y se relacionan. Por ello, la compañía impulsa intervenciones que buscan volver más fáciles y naturales ciertas conductas asociadas con la longevidad.

En palabras de Buettner a Eric Topol, referente en longevidad:

“Es muy difícil convencer a la gente de cierta forma de comer y cambiar su comportamiento, pero si cambias su entorno, puedes manipular sus decisiones inconscientemente”.

Ese enfoque se traduce en medidas concretas: desde políticas públicas para favorecer la caminata hasta mejoras en la oferta de alimentos en supermercados, restaurantes, escuelas, universidades y lugares de trabajo. También incluye iniciativas para fortalecer el tejido social, el voluntariado y el sentido de propósito comunitario.

Buettner agregó:

“Y hay muchísimos ejemplos de cómo moldear el entorno de las personas y obtener mejores comportamientos. El más obvio es si quieres que la gente camine más, si se aprueba un paquete completo de políticas de calles para una ciudad, se puede lograr que un 20% más de personas caminen”.

Según los datos difundidos, Blue Zones LLC ya alcanzó a más de cuatro millones de personas en 70 comunidades de Estados Unidos. Sus intervenciones apuntan a rediseñar tanto la infraestructura urbana como el entorno alimentario, para que caminar, andar en bicicleta y elegir alimentos saludables sea más accesible en la vida cotidiana.

El investigador también destacó los resultados obtenidos:

“Hemos tenido un éxito increíble en la reducción del IMC (Índice de masa corporal) a nivel poblacional. Nunca hemos tenido un fracaso. Y nos va mejor en algunas ciudades que en otras, pero la cifra sigue creciendo cada año. Y este es el ADN que proviene directamente de lugares como Cerdeña y Okinawa”.

La propuesta de Blue Zones parte de una idea central: para vivir más y mejor, no alcanza con recomendar dietas o rutinas. También hace falta construir entornos donde las decisiones saludables sean, simplemente, las más fáciles de tomar.