Mensaje de Pascuas del papa Francisco

Traducción oficial al español del mensaje de Pascuas «Urbi et Orbi» del papa Francisco, pronunciado el domingo en italiano desde el balcón central de la Basílica de San Pedro.

¡Jesucristo ha resucitado!

El amor ha derrotado al odio, la vida ha vencido a la muerte, la luz ha disipado la oscuridad.

Jesucristo, por amor a nosotros, se despojó de su gloria divina; se vació de sí mismo, asumió la forma de siervo y se humilló hasta la muerte, y muerte de cruz. Por esto Dios lo ha exaltado y le ha hecho Señor del universo. Jesús es el Señor.

Con su muerte y resurrección, Jesús muestra a todos la vía de la vida y la felicidad: esta vía es la humildad, que comporta la humillación. Este es el camino que conduce a la gloria. Sólo quien se humilla puede ir hacia los «bienes de allá arriba», a Dios (cf. Col 3,1-4). El orgulloso mira «desde arriba hacia abajo», el humilde, «desde abajo hacia arriba».

La mañana de Pascua, Pedro y Juan, advertidos por las mujeres, corrieron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío. Entonces, se acercaron y se «inclinaron» para entrar en la tumba. Para entrar en el misterio hay que «inclinarse», abajarse. Sólo quien se abaja comprende la glorificación de Jesús y puede seguirlo en su camino.

El mundo propone imponerse a toda costa, competir, hacerse valer… Pero los cristianos, por la gracia de Cristo muerto y resucitado, son los brotes de otra humanidad, en la cual tratamos de vivir al servicio de los demás, de no ser altivos, sino disponibles y respetuosos.

Esto no es debilidad, sino auténtica fuerza. Quién lleva en sí el poder de Dios, de su amor y su justicia, no necesita usar violencia, sino que habla y actúa con la fuerza de la verdad, de la belleza y del amor.

Imploremos hoy al Señor resucitado la gracia de no ceder al orgullo que fomenta la violencia y las guerras, sino que tengamos el valor humilde del perdón y de la paz. Pedimos a Jesús victorioso que alivie el sufrimiento de tantos hermanos nuestros perseguidos a causa de su nombre, así como de todos los que padecen injustamente las consecuencias de los conflictos y las violencias que se están produciendo, y que son tantas.

Roguemos ante todo por la amada Siria e Irak, para que cese el fragor de las armas y se restablezca una buena convivencia entre los diferentes grupos que conforman estos amados países. Que la comunidad internacional no permanezca inerte ante la inmensa tragedia humanitaria dentro de estos países y el drama de tantos refugiados.

Imploremos la paz para todos los habitantes de Tierra Santa. Que crezca entre israelíes y palestinos la cultura del encuentro y se reanude el proceso de paz, para poner fin a años de sufrimientos y divisiones.

Pidamos la paz para Libia, para que se acabe con el absurdo derramamiento de sangre por el que está pasando, así como toda bárbara violencia, y para que cuantos se preocupan por el destino del país se esfuercen en favorecer la reconciliación y edificar una sociedad fraterna que respete la dignidad de la persona. Y esperemos que también en Yemen prevalezca una voluntad común de pacificación, por el bien de toda la población.

Al mismo tiempo, encomendemos con esperanza al Señor, que es tan misericordioso, el acuerdo alcanzado en estos días en Lausana, para que sea un paso definitivo hacia un mundo más seguro y fraterno.

Supliquemos al Señor resucitado el don de la paz en Nigeria, Sudán del Sur y diversas regiones del Sudán y de la República Democrática del Congo. Que todas las personas de buena voluntad eleven una oración incesante por aquellos que perdieron su vida asesinados el pasado jueves en la Universidad de Garissa, en Kenia, por los que han sido secuestrados, los que han tenido que abandonar sus hogares y sus seres queridos.

Que la resurrección del Señor haga llegar la luz a la amada Ucrania, especialmente a los que han sufrido la violencia del conflicto de los últimos meses. Que el país reencuentre la paz y la esperanza gracias al compromiso de todas las partes implicadas.

Pidamos paz y libertad para tantos hombres y mujeres sometidos a nuevas y antiguas formas de esclavitud por parte de personas y organizaciones criminales. Paz y libertad para las víctimas de los traficantes de droga, muchas veces aliados con los poderes que deberían defender la paz y la armonía en la familia humana. E imploremos la paz para este mundo sometido a los traficantes de armas, que se enriquecen con la sangre de hombres y mujeres.

Y que a los marginados, los presos, los pobres y los emigrantes, tan a menudo rechazados, maltratados y desechados; a los enfermos y los que sufren; a los niños, especialmente aquellos sometidos a la violencia; a cuantos hoy están de luto; y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, llegue la voz consoladora y curativa del Señor Jesús: «Paz a vosotros» (Lc 24,36). «No temáis, he resucitado y siempre estaré con vosotros» (cf. Misal Romano, Antífona de entrada del día de Pascua). (I)

"La Cruz de Cristo no es una derrota: la Cruz es amor y misericordia", dice el papa Francisco

Miles de peregrinos y fieles católicos de todo el mundo se congregaron este viernes para recordar la pasión y muerte de Jesucristo, como parte de la tradicional celebración del Viernes Santo.

«La Crucifixión de Cristo no es una derrota: la cruz es amor y gracia», escribió hoy el papa en su cuenta de Twitter.

El pontífice argentino, la máxima autoridad de más de 1.000 millones de católicos romanos en todo el mundo, encabeza la tradicional misa de Viernes Santo en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, cargada de silencio y gravedad en recuerdo de la pasión de Cristo.

El papa celebra los ritos del Viernes Santo y preside el tradicional Via Crucis en las inmediaciones del Coliseo romano, donde meditará sobre la trata de personas, los cristianos perseguidos y la pena de muerte.

El principal acto tendrá lugar después con el Vía Crucis en el Coliseo, en el que el pontífice hará un recorrido en recuerdo de las 14 estaciones de la cruz que recorrió Jesucristo desde Jerusalén hasta su crucifixión, según la tradición católica. El pontífice encabezará oraciones en cada una de ellas.

Cristianos de todo el mundo se reunieron este viernes en la ciudad vieja de Jerusalén para conmemorar el Viernes Santo y recorrer el camino que según la tradición siguió Jesucristo hacia su crucifixión.

En la tradicional procesión de Vía Crucis, los peregrinos recordaron y compartieron el sufrimiento de Jesús. Muchos de los participantes portaron cruces de madera por la Vía Dolorosa, algunas de ellas de gran tamaño, y entonaron cánticos religiosos en numerosas lenguas. Otros llevaban coronas de espinas o iban ataviados con viejos mantos.

En Ecuador miles de fieles participan en los vías crucis que realizan iglesias de varias comunidades. En Guayaquil, la procesión del Cristo del Consuelo empezó a las 07:00 y recorre doce cuadras, a lo largo de la calle Lizardo García hasta llegar a la iglesia Espíritu Santo. Miles de fieles participan en el ritual. 

También se realizó la procesión de la Pasión de Cristo, de la Iglesia Nuestra Señora de la Alborada, en el norte de Guayaquil. Participaron cientos de fieles.

En el recinto Las Las Maravillas, de Daule, se realiza otra procesión que recorre unos cinco kilómetros de la vía Daule. (I)

En Lindisfarnep, Reino Unido, peregrinos caminan por la playa portando una cruz por el último tramo de la peregrinación a Lindisfarne en Northumbria. Durante cuarenta años los cristianos realizan este peregrinaje a la isla de Lindisfarne a través de Northumberland y por la costa escocesa durante la Semana Santa.

 

El Viernes Santo alrededor del mundo

Desde distintos puntos del planeta, los cristianos rememoran el viacrucis, la crucifixión y muerte de Jesucristo.

Papa Francisco pide a católicos centrarse en Dios y no en métodos espirituales

El papa Francisco hizo hoy un llamamiento para que los católicos vivan «centrados en Cristo y en el Evangelio» para que sea Jesús quien esté por encima de todos y no los métodos espirituales que cada uno emplee para entender la fe.

En estos términos se expresó Jorge Bergoglio durante el discurso que pronunció en el Vaticano para celebrar el sesenta aniversario del movimiento Comunión y Liberación y el décimo del fallecimiento de su fundador, el italiano Luigi Giussani (1922-2005).

El obispo de Roma reconoció que «después de sesenta años, el carisma original no ha perdido su frescura y vitalidad» en este movimiento eclesial, aunque recordó a sus miembros que el centro de todo es Jesús.

«El centro es uno solo: ¡Jesucristo!. Cuando pongo al centro mi método espiritual, mi camino espiritual, mi manera de ponerlo en práctica, me salgo del camino. Toda la espiritualidad, todos los carismas en la Iglesia (Católica) deben ser «descentralizadores»: ¡en el centro solo está el Señor!», subrayó.

Y agregó: «Así, centrados en Cristo y en el Evangelio, podréis ser brazos, manos, pies, mente y corazón de una Iglesia saliente. El camino de la Iglesia es ir a buscar a los que se encuentran en la periferia, servir a Jesús en cada persona marginada, abandonada, sin fe, desilusionada con la Iglesia, prisionera de su propio egoísmo».

Durante su alocución ante más de 60.000 personas procedentes de 47 países, el pontífice argentino pidió rechazar las autorreferencias para escuchar a los que son diferentes y aprender «de todo el mundo, con sincera humildad».

Solo de esta forma, insistió, se evitará «caer en la espiritualidad de etiqueta» que, según Bergoglio, desorienta y transforma a la gente «en meros empresarios de una ONG».

El papa Francisco remarcó que «la moral cristiana no es el esfuerzo titánico, voluntario, de quien se enfrenta solo al mundo», ni tampoco significa «no caer nunca, sino levantarse siempre».

El máximo representante de la Iglesia Católica también tuvo palabras de elogio hacia Giussani, del que reconoció que «la lectura de sus libros y sus artículos» le ha hecho «mucho bien» a lo largo de su vida.

Además, destacó de él su pensamiento «profundamente humano» que es capaz de llegar «a lo más íntimo del hombre».

El papa Francisco llegó a la Plaza de San Pedro del Vaticano a las 11:30 horas (10:30 GMT) y recorrió la plaza y la Vía de la Conciliación, que une el Vaticano y Roma, subido en su «papamóvil».

En su vehículo papal, saludó y bendijo a las miles de personas de todo el mundo que viajaron hoy para verle y que le recibieron con aplausos y al grito de «¡Francesco!».

Pero antes, los miembros de este movimiento eclesial que nació en Italia en 1954 -aunque su nombre actual, Comunión y Liberación, fue adoptado por primera vez en 1969- celebraron una misa, con rezos y cantos, para honrar la memoria de su fundador.