Súper Niño histórico

Súper Niño histórico probabilidad trepa al 75% en nuevo pronóstico

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En medio de la actual incertidumbre meteorológica, las proyecciones cambiaron significativamente en apenas un mes, y el ajuste no pasó desapercibido entre los expertos del clima.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estableció en un 75% la posibilidad de que el fenómeno de El Niño alcance, en los próximos meses, una magnitud sin precedentes desde que iniciaron los registros sistemáticos en 1950, lo que implicaría un aumento de humedad, lluvias y tormentas en toda la región.

La información proviene del Centro de Predicción Climática (CPC) de la NOAA, que en agosto pasado situaba esa misma probabilidad en 69%. El incremento de seis puntos porcentuales en solo cuatro semanas confirma lo que los científicos describen como una fase de aceleración del calentamiento en el Pacífico ecuatorial.

Una infografía de elyex detalla las previsiones del fenómeno El Niño para el período 2026-2027 y sus efectos en la Cuenca del Plata y el este argentino. (Imagen Ilustrativa elyex)

El indicador clave que respalda esta proyección es el Índice Oceánico Relativo de El Niño, conocido como RONI. A diferencia de otras mediciones, este índice no se limita a registrar la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4, sino que la ajusta considerando el calentamiento general de los océanos tropicales.

De esta manera, permite distinguir qué parte del calor corresponde específicamente al fenómeno y cuál responde a una tendencia planetaria más amplia. Según la NOAA, existe un 75% de probabilidad de que este índice supere los 2,5 °C (36,5 °F) entre octubre y diciembre de este año, un umbral que ningún episodio anterior ha logrado cruzar.

La comparación con eventos pasados ilustra la magnitud del pronóstico. Desde 1950, solo cuatro episodios de El Niño alcanzaron la categoría de «muy fuerte», con valores iguales o superiores a 2 °C (35,6 °F): los de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, además de un cuarto registrado más recientemente entre y 2024. De esos tres primeros, el más intenso fue el de 1982-1983, con 2,4 °C (36,3 °F), seguido por los de 1997-1998 y 2015-2016, ambos con 2,3 °C (36,1 °F). Si el pronóstico de la NOAA se cumple, el episodio 2026-2027 superaría a los tres y pasaría a ocupar el primer lugar en la serie histórica.

Los datos de agosto, el último mes relevado por completo, muestran la velocidad del proceso. Las anomalías de temperatura alcanzaron 1,8 °C (35,2 °F) en la región Niño 3.4; 2,5 °C (36,5 °F) en la Niño 3; y 3,4 °C (38,1 °F) en la Niño 1+2, ubicada en el Pacífico ecuatorial oriental, frente a las costas de América del Sur.

La atmósfera acompañó ese calentamiento con patrones de viento, convección y precipitación característicos de un fenómeno en expansión. Con base en esos registros, los modelos climáticos revisados por el CPC anticipan que el proceso continuará en los próximos meses, lo que sostiene en más del 90% la probabilidad de un episodio «muy fuerte» durante el otoño e invierno del hemisferio norte.

Ese nivel de intensidad no garantiza por sí mismo un conjunto fijo de consecuencias regionales. La propia NOAA aclaró que un evento más fuerte aumenta las probabilidades de impactos climáticos relevantes en distintas zonas del planeta, pero no asegura su magnitud exacta en cada lugar. La respuesta final depende de la circulación atmosférica, de otros patrones climáticos que actúan en simultáneo y de las reservas de humedad acumuladas en cada región antes del inicio del fenómeno.

El índice RONI mide la anomalía de temperatura en el Pacífico ecuatorial y ajusta el cálculo según el calentamiento general de los océanos tropicales (Climate Reanalyzer)

«El Niño es un fenómeno natural y global que nos está afectando y recién está empezando. De acuerdo a lo que manifiestan los especialistas, se intensificará de octubre a febrero. Es un Niño muy fuerte», afirmó la ingeniera María Alejandra Cristanchi, jefa del sector de Hidrología de la Central Hidroeléctrica Yacyretá, en declaraciones a Radio Mitre, en el marco de la crecida que esta semana afecta a los ríos Paraná y Uruguay.

Las proyecciones estacionales permiten anticipar cómo se distribuirían las lluvias en los próximos meses dentro del territorio argentino. En noviembre, los excesos avanzarían hacia el oeste: el noreste del país y el este de Entre Ríos podrían superar los 30 milímetros por encima de lo habitual, mientras que La Pampa y el oeste de la provincia de Buenos Aires sumarían entre 10 y 20 milímetros adicionales. Ese incremento puede favorecer la implantación de soja y aportar humedad a los cultivos de verano en campos con reservas limitadas, aunque en los suelos que ya acumulan agua el exceso puede demorar las labores.

Diciembre concentraría la señal más extendida, según el pronóstico estacional del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF). Las anomalías superiores a 50 milímetros se ubicarían en el NEA, Santa Fe, Entre Ríos y el este de Córdoba, mientras que en La Pampa, San Luis y el oeste bonaerense el excedente oscilaría entre 30 y 50 milímetros. Las zonas elevadas del noroeste argentino mostrarían el comportamiento opuesto, con precipitaciones entre 20 y 50 milímetros por debajo de lo normal.

Mapas del Servicio Meteorológico Nacional detallan las anomalías de precipitación y temperatura registradas en Argentina hasta noviembre por el fenómeno El Niño. (smn)

El meteorólogo Marcelo Madelón, pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, explicó que «se espera que El Niño impacte a lo largo del resto de 2026 y comienzos de 2027». Consultado sobre su extensión en el tiempo, agregó: «Posiblemente perdure hasta el otoño de 2027».

Según detalló, el fenómeno eleva la humedad atmosférica en buena parte del territorio argentino, lo que puede derivar en más precipitaciones, jornadas nubladas y tormentas, con foco en Misiones, Corrientes, Entre Ríos y sectores de Santa Fe, Chaco y Formosa. Del otro lado de la frontera, el mayor volumen de lluvias se concentraría en los estados brasileños de Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul.

El seguimiento de los pronósticos oficiales, las alertas del Servicio Meteorológico Nacional y el nivel de los ríos de la Cuenca del Plata serán claves en los próximos meses, en particular para el Litoral, donde la combinación de lluvias locales y crecidas regionales puede derivar en un mayor riesgo de inundaciones.

El Niño y su impacto económico en la región

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), con sede en Santiago de Chile, retomó estas proyecciones en un informe que pone el foco en sus efectos económicos. El organismo recordó que el episodio de 1997-1998, uno de los tres más intensos de la serie histórica, dejó pérdidas de ingresos estimadas a escala mundial de entre 2,1 billones y 5,7 billones de dólares, según cifras de investigaciones internacionales citadas en el documento.

La CEPAL advirtió además que los efectos económicos de estos episodios no se agotan en el año en que ocurren: algunas investigaciones los rastrean hasta tres años después del pico del fenómeno, y otras extienden esa ventana a cinco.

El organismo subrayó que El Niño no produce un único tipo de consecuencia agrícola, sino efectos opuestos según la geografía. «Mientras determinadas regiones pueden experimentar pérdidas de rendimiento por sequías o excesos de precipitaciones, otras pueden beneficiarse de condiciones climáticas más favorables», señaló en su informe.

Para el norte de la Argentina, identificado entre las zonas donde el fenómeno suele traducirse en lluvias muy por encima del promedio, el riesgo principal pasa por las inundaciones fluviales, que pueden afectar tanto a los cultivos como a los caminos rurales necesarios para trasladar la producción. «Existe el riesgo de inundaciones que podrían afectar a la misma actividad agrícola y también las infraestructuras necesarias para el comercio», precisó la entidad.

La CEPAL evitó, sin embargo, anticipar pérdidas generalizadas. Según el organismo, un «escenario de mayores lluvias no implica necesariamente pérdidas generalizadas de producción, porque sus consecuencias dependerán de la distribución geográfica de las precipitaciones, del estado de los suelos y del momento del ciclo de los cultivos».

Por ahora no existen estimaciones específicas sobre eventuales caídas de rendimiento en soja, maíz o trigo durante la campaña 2026/2027 en el país, aunque el organismo advirtió que los efectos de El Niño suelen trasladarse también a los mercados internacionales de alimentos, más allá de las fronteras de los países directamente afectados.