
Qué bebidas suben el colesterol
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La ingesta de determinadas bebidas de consumo frecuente puede ejercer una influencia directa en los indicadores de colesterol y el bienestar cardiovascular, de acuerdo con las advertencias de diversos especialistas. Aunque habitualmente la preocupación nutricional se vuelca sobre los alimentos sólidos, el efecto de los líquidos ingeridos es igualmente determinante para el organismo.
Factores como los azúcares añadidos, las grasas saturadas y la presencia de alcohol en preparaciones populares favorecen el incremento del colesterol LDL (identificado como el colesterol “malo”) y de los triglicéridos, elementos que constituyen riesgos críticos para el desarrollo de patologías del corazón.
En regiones como el Reino Unido, casi el 50% de la población adulta registra niveles de colesterol por encima de lo recomendado, lo que ha encendido las alarmas sobre los hábitos diarios. El cardiólogo Mohssen Chabok advirtió con firmeza que
“las bebidas funcionan exactamente igual que la comida”
, haciendo un énfasis especial en el peligro oculto tras los cafés con crema y los zumos con altas dosis de azúcar.
El impacto de las grasas y el azúcar en el organismo
Para mantener un control riguroso del colesterol, la British Heart Foundation sostiene que la estrategia fundamental sigue siendo disminuir el consumo de grasas saturadas. Dell Stanford, especialista en nutrición de dicha institución, señala que una gran parte de la población adulta sobrepasa los límites diarios aconsejados para estas sustancias.
Cuando existe un exceso de grasas saturadas, el colesterol LDL tiende a elevarse, acumulándose en las paredes de las arterias. Este fenómeno reduce el flujo de sangre y eleva las probabilidades de sufrir infartos. De forma paralela, el azúcar en abundancia de jugos y refrescos puede obligar al hígado a incrementar la producción de LDL mientras reduce los niveles de HDL, el cual es beneficioso para la salud de las arterias.
La trampa de los cafés preparados y frappés
Productos como los cafés listos para el consumo, mochas y frappés suelen ser vehículos de grandes porciones de leche entera, crema y endulzantes. En ciertos casos, estas versiones embotelladas contienen incluso más azúcar que una lata de gaseosa común.
Sobre esto, Dell Stanford puntualizó que
“estas bebidas aportan calorías extra, grasas saturadas y azúcar añadido sin fibra”
, lo que en la práctica las convierte más en un postre que en un acompañamiento líquido.
Como reemplazo saludable, los expertos sugieren optar por café filtrado acompañado de un chorro de leche descremada o semidescremada. Es importante notar que el café que no pasa por filtro, como el elaborado en prensa francesa, posee un compuesto llamado cafestol, capaz de elevar el colesterol en mayor medida que el filtrado, si bien su consumo moderado no suele representar un riesgo grave en dietas equilibradas.
Gaseosas, edulcorantes y triglicéridos
Beber refrescos de manera habitual está vinculado con el sobrepeso, el hígado graso y la diabetes tipo 2. Solo una lata de cola puede esconder hasta 10 cucharaditas de azúcar. Según el doctor Chabok, estas bebidas no solo afectan el perfil lipídico, sino también la regulación de la glucosa.
Por otro lado, las versiones “light” o sin azúcar tampoco son totalmente seguras. Un análisis publicado en el British Medical Journal asoció el uso frecuente de edulcorantes artificiales con un incremento en el riesgo de afecciones circulatorias y cardíacas, además de posibles alteraciones en el manejo del azúcar en sangre.
En sustitución, Stanford recomienda la kombucha. Esta alternativa fermentada provee probióticos y polifenoles, sustancias que ayudan a la reducción del LDL. Si bien posee algo de azúcar para su fermentación, sus niveles son drásticamente menores a los de una gaseosa tradicional.
Jugos de fruta y la falta de fibra
A pesar de su imagen saludable, el jugo de fruta contiene azúcares libres en altas concentraciones, lo que genera picos de glucosa y estimula al hígado a fabricar más colesterol malo. La nutricionista explicó que al exprimir una fruta, el azúcar queda liberado de las células, resultando en
“básicamente agua azucarada con vitamina C y sabor a naranja”
.
Para quienes no desean abandonar estas bebidas, se recomienda optar por batidos que incluyan la fruta o verdura completa, sumando ingredientes como avena, semillas o frutos secos. Estos componentes aportan fibra soluble, esencial para arrastrar el colesterol fuera del sistema digestivo.
No obstante, la recomendación principal sigue siendo priorizar el consumo de la fruta entera y limitar la cantidad de batidos diarios para aprovechar mejor la fibra y evitar los azúcares libres.
Chocolate y el consumo de alcohol
El chocolate caliente de preparación industrial suele ser una mezcla de lácteos enteros, grasas saturadas y azúcar. Las versiones más económicas pueden incluir aceites vegetales añadidos que perjudican el corazón. La alternativa es prepararlo en casa con leche descremada y sin endulzantes.
Respecto al alcohol, el cardiólogo Chabok subrayó que cualquier tipo puede elevar el LDL y los triglicéridos, además de incidir en la hipertensión.
Las guías de salud en Europa sugieren no exceder los 10 gramos de alcohol diarios (una unidad), aunque el especialista aclaró que “la mejor opción es no beber alcohol”. Mencionó, sin embargo, que el vino tinto en dosis muy pequeñas podría elevar el HDL por su contenido de polifenoles.
Bebidas con esteroles vegetales
Los productos de yogur enriquecidos con estanoles y esteroles vegetales han demostrado su capacidad para reducir el colesterol hasta en un 10%. Tanto Chabok como Stanford coinciden en su eficacia, aunque recalcan que:
- Tienen un costo más elevado que los productos estándar.
- Deben consumirse diariamente para ver resultados.
- Nunca deben sustituir la medicación prescrita por un médico.
Finalmente, recordaron que estos compuestos beneficiosos se encuentran naturalmente en la dieta mediterránea, específicamente en las legumbres, verduras, aceites vegetales y frutos secos.


