Personas mayores de 70 con mentalidad joven viven 7,5 años más

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Las personas que llegan a los 70 años con una visión optimista del envejecimiento viven, en promedio, 7,5 años más que aquellas con una actitud negativa. Este hallazgo no proviene de un manual de autoayuda, sino de una investigación publicada en el Journal of Personality and Social Psychology, dirigida por Becca Levy, psicóloga de la Universidad de Yale.

El estudio no consideró variables como el género, el nivel socioeconómico, la edad exacta o el estado de salud previo. Se centró exclusivamente en la forma de afrontar la vida y los cambios que esta conlleva. Quienes nacieron entre las décadas de 1960 y 1970 parecen comprender especialmente bien esta dinámica, gracias a la resiliencia cultivada durante su infancia. Investigaciones de la Universidad de Texas y la Universidad de Leipzig indicaron que esta capacidad suele desarrollarse cuando una persona enfrenta desafíos reales, adquiere autonomía y aprende a resolver problemas desde edades tempranas.

El equipo de la profesora Levy siguió a 660 personas de 50 años o más durante un período de hasta 23 años, en el marco del Ohio Longitudinal Study of Aging and Retirement (OLSAR). Los resultados se cruzaron con el registro nacional de defunciones. Pronto los investigadores notaron que lo que marcaba la diferencia no era la cantidad de ejercicio ni la alimentación, sino cómo interpretaban el hecho de envejecer.

 

El peligro de compararse con el pasado

El mecanismo que Levy y su equipo identificaron como puente entre la percepción y la longevidad fue la voluntad de vivir. Las personas con una visión más favorable de su propia vejez mostraban mayor disposición a seguir adelante, lo que se traducía en conductas de salud más consistentes y en una menor exposición al desgaste psicológico asociado a la sensación de declive.

La trampa que estudió esta línea de investigación consiste en que, si las personas interpretan los cambios debidos al envejecimiento —ya sean corporales o cognitivos— como una pérdida, el ‘yo’ del presente queda reducido a una versión deteriorada del pasado. Es decir, la comparación constante con el propio cuerpo, la memoria o la energía de décadas anteriores genera un estado de insatisfacción crónica que, según los datos del OLSAR, tiene consecuencias medibles sobre la salud.

Aceptar el cambio de etapa no equivale a negar las pérdidas. Lo que hace es impedir que esas pérdidas se conviertan en la única narrativa posible sobre la vejez. Desde esa perspectiva, la percepción positiva del envejecimiento actúa como un recurso protector, no como una negación de la realidad.

Recursos que florecen con los años

Las personas más satisfechas después de los 70 no intentan recuperar quiénes eran a los 30 o a los 50. Lo que cambia en ellas es el criterio con el que se miden: dejan de usar como referencia una etapa anterior y empiezan a evaluar su situación en función de lo que la edad actual ofrece. La psicología del envejecimiento asocia con esta reorientación recursos como:

  • Experiencia acumulada
  • Criterio para distinguir lo prescindible
  • Mayor tolerancia a la frustración
  • Capacidad más afinada para decidir en qué merece la pena gastar la energía

El equipo de Levy apunta en su investigación que los efectos de la autopercepción sobre la longevidad son comparables o superiores a los de otros factores habitualmente estudiados, como la presión arterial baja o los niveles de colesterol. Ese dato sitúa la dimensión psicológica del envejecimiento en un plano que la medicina preventiva tradicional ha tendido a subestimar.

Felicidad y longevidad después de los 70

Otros trabajos en la misma línea han vinculado una actitud mental positiva ante la vejez con mejor calidad de vida percibida, menor sensación de soledad y menor riesgo de deterioro cognitivo acelerado. Esta convergencia de resultados ayuda a explicar por qué muchas personas mayores transmiten estabilidad emocional, sin que esa estabilidad tenga relación con un ideal estético o con el mantenimiento del rendimiento de etapas anteriores.

El bienestar después de los 70, según esta perspectiva, no aparece como una prolongación de la juventud, sino como el resultado de una reorientación: la persona deja de perseguir a quien fue y empieza a habitar con menos dureza a quien es. Crecer también implica cambiar de medida, y la valía personal, desde esa óptica, no depende de seguir pareciéndose a una versión anterior.

El estudio de la profesora Levy se centra exclusivamente en la percepción de la vida y descarta factores como la salud corporal, enfermedades previas y demás. Integrar la vejez como algo que forma parte de la vida puede ayudar a mejorar la calidad de vida de los mayores, según la investigación. Pero no solo teniendo una mentalidad positiva se logra tener una vida saludable.