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Guía para entender y controlar la hipertensión claves de una experta

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La hipertensión arterial se posiciona como uno de los factores determinantes en el desarrollo de patologías cardiovasculares a nivel global. De acuerdo con datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud, para el año 2024 se contabilizaron 1.400 millones de adultos de entre 30 y 79 años afectados por esta condición, cifra que representa al 33 % de este grupo poblacional. Un dato alarmante es que el 75 % de estas personas no logra mantener la enfermedad bajo control, y dos terceras partes de los afectados residen en naciones de ingresos medios y bajos.

“Es una enfermedad progresiva. Una vez que la tienes, la puedes hacer más lenta, pero no la puedes detener, no la puedes revertir. Es difícil llegar a cero”

Así lo manifestó Fernanda Montes de Oca, médica clínica y experta en ciencias en nutrición e inmunología avanzada. La especialista enfatiza que esta afección no debe ser vista simplemente como una consecuencia de la edad o de conductas poco saludables, sino como una patología de alta complejidad que puede evolucionar incluso en pacientes con un estilo de vida riguroso.

A medida que la enfermedad avanza, lo que inicialmente es un fallo funcional termina transformando la estructura de las venas y arterias. Esta metamorfosis orgánica genera una mayor rigidez en los vasos, entorpeciendo el flujo sanguíneo y desestabilizando el sistema circulatorio en su totalidad. Según Montes de Oca, existe un error común al juzgar el progreso de la afección:

“La presión arterial no empeora solo porque el paciente ‘no se cuida’. Empeora porque es una enfermedad que, una vez iniciada, modifica la estructura del sistema que la regula”

Protocolos de diagnóstico y nuevas terapias

El proceso para identificar y estabilizar la hipertensión requiere un análisis minucioso. Fernanda Montes de Oca señala que el primer paso fundamental es descartar la denominada pseudoresistencia. Este fenómeno ocurre frecuentemente por errores en la toma de la presión o por esquemas de medicación que no alcanzan el efecto deseado.

“Para descartar la pseudoresistencia hay que revisar la técnica. Ver cómo se está midiendo uno la presión, la adherencia, ver que sí se esté tomando el fármaco cuando tiene que ser. Revisar dosis de fármaco, porque a veces las dosis son subóptimas”

Cuando se han corregido los errores de medición y la presión no desciende, los médicos deben investigar causas secundarias, tales como desajustes de tipo hormonal. En cuanto a las tendencias actuales en medicina, la experta destaca que las guías clínicas han evolucionado. Ahora se privilegia el uso de terapias combinadas (dos fármacos integrados en un solo comprimido) para atacar simultáneamente distintos mecanismos del sistema cardiovascular.

“Ya no se recomienda empezar con un solo fármaco porque ya no es suficiente. Lo ideal es empezar con dos fármacos en una sola pastilla, para que no sea como que te tienes que tomar veinte pastillas, sino una y que actúen en diferentes partes del sistema”

 

La importancia del endotelio y la función renal

Al ser consultada sobre el rol del endotelio, la doctora lo define como un órgano vivo situado en el interior de los vasos sanguíneos. Es el encargado de emitir señales inflamatorias y producir óxido nítrico para facilitar la vasodilatación. “La hipertensión es una lesión endotelial”, asegura, advirtiendo que cuando este recubrimiento se daña, se pierde la capacidad de regular el tono vascular.

 

La dinámica de la sangre también juega un papel crucial. En un estado óptimo, el flujo es ordenado y eficiente, pero la rigidez vascular genera turbulencias que lesionan el endotelio, creando un círculo vicioso de daño y elevación de la presión. Por otro lado, el riñón actúa como un sensor del sistema; al detectar fallos en la oxigenación, libera la hormona angiotensina II.

“El cuerpo es un sistema, los órganos no están aislados y actúan en conjunto para lograr el equilibrio. El riñón percibe que algo está fallando e intenta mantener la perfusión y el suministro de oxígeno en el organismo”

Esta respuesta renal provoca vasoconstricción y retención de sodio, lo que paradójicamente intensifica la hipertensión. La experta cita la ley de Poiseuille para explicar que la resistencia al flujo se incrementa drásticamente cuando el radio del vaso disminuye, afectando principalmente a la microvasculatura.

 

¿Es posible revertir la enfermedad con hábitos?

Respecto a si la modificación de hábitos puede eliminar la patología, Montes de Oca sostiene que “depende de cada persona”. Menciona casos donde corregir la resistencia a la insulina o abandonar el tabaquismo ha permitido prescindir de fármacos, aunque siempre bajo una advertencia de riesgo latente por predisposición genética.

“He tenido pacientes que dejan de fumar y listo. Tengo pacientes que hacen dieta, ejercicio y dejan de tomar medicación. Si la causa de tu hipertensión es por resistencia a la insulina, una vez que curas la resistencia a la insulina, no necesitas la medicación”

En cuanto a la prevención y el tratamiento no farmacológico, se destacan tres pilares:

  • Ejercicio físico: El entrenamiento cardiovascular es vital para reducir los niveles de presión.
  • Control del estrés: La activación neurohormonal por estrés sostenido eleva las cifras tensionales.
  • Higiene del sueño: Factores como la apnea del sueño son riesgos poco diagnosticados.

Otros elementos críticos son el sobrepeso, el consumo de tabaco y el uso de ciertos fármacos, como anticonceptivos hormonales y antiinflamatorios no esteroideos. Para un control domiciliario efectivo, la doctora recomienda registrar mediciones durante una semana en diferentes horarios y, fundamentalmente, realizar la toma en ambos brazos la primera vez.

Finalmente, la especialista aboga por una comunicación transparente entre médico y paciente. “Soy partidaria de que expliquemos a nuestros pacientes a profundidad. Cuando uno entiende las cosas, puede modificarlas más”, concluye. Destaca que una disparidad mayor a 15 mmHg entre los dos brazos es una señal de alerta que obliga a investigar una posible enfermedad vascular subyacente.