Quito, sin capacidad de respuesta frente al repunte de la delincuencia

Quito –

El crimen ocurrió en una estación de bus en plena hora pico, a las 18:00 de un martes. Los policías metropolitanos hacían un control del espacio público, en medio de la aglomeración de la gente. De pronto, un comerciante informal apuñaló al agente Óscar Andrango Pailacho. El atacante huyó, pero la Policía informó luego que capturó a un sospechoso en un mercado aledaño, mientras que el uniformado fue llevado a un hospital, donde los médicos solo pudieron confirmar su muerte.

Sucedió el 13 de octubre pasado en la Terminal El Recreo, la más grande del circuito del Trolebús, en el sur de Quito. Esa es una de las paradas más peligrosas del sistema de transporte municipal. Según las estadísticas del Cuerpo de Agentes de Control Metropolitano, es la estación donde más detenciones por alertas de robo se han realizado. Entre noviembre de 2019 y noviembre de 2020, ahí se apresaron a 113 sospechosos. Le siguen la estación La Marín, con 42 detenciones, y Quitumbe, con 28.

Desde su lugar de trabajo, a pocas cuadras de La Marín, en pleno centro de Quito, Edwin es testigo de cómo los delincuentes se ingenian para robar a los pasajeros del Trolebús o de la Ecovía, otro de los carriles del sistema municipal. Cuenta que, por ejemplo, los ladrones se trepan hasta las ventanas de los buses y, con medio cuerpo adentro, logran arranchar celulares y carteras.

Los delincuentes no pierden tiempo: también están a la caza de los vehículos particulares que paran en el semáforo en rojo. Si los pasajeros tienen la puerta sin seguro, la abren y se sustraen lo que más pueden. «Es sorprendente lo osados que son», se queja Edwin.

EL UNIVERSO recopiló las cifras de inseguridad del Ministerio de Gobierno, la Policía Nacional, el ECU-911, la Fiscalía General del Estado y el Municipio de Quito para conocer la situación de inseguridad en la capital.

Repunte de robos tras la cuarentena

A inicios de año, la ciudad vivió una ola de robos que venía registrándose desde finales de 2019, pero la cuarentena decretada para contrarrestar la pandemia de coronavirus hizo descender todas las mediciones.

En diciembre de 2019, el Ministerio de Gobierno reportó 1.849 robos en Quito. Fue un cifra que no se había alcanzado desde diciembre de 2015. Para enero y febrero de este año, los registros siguieron altos. Los robos a personas, de motos y de carros fueron los delitos más comunes. Los registros de los dos primeros llegaron a un pico sin precedentes en la capital.

Con la población en confinamiento, los números bajaron, pero una vez que terminaron las restricciones de movilidad en la ciudad con el cambio a semáforo amarillo, desde el 1 de julio, el índice de robos creció nuevamente.

Para octubre, la sustracción de carros, por ejemplo, llegó a los mismos niveles que a inicios de 2020, de acuerdo con el reporte más actualizado del Ministerio.

En octubre pasado, Juan Vásquez fue testigo de dos robos de vehículos en un lapso de dos días. Él trabaja como guardia de seguridad en el sector de La Mariscal, en el centro norte de Quito. La primera víctima fue un tendero que había dejado su camioneta afuera de su negocio, a las 19:30 de un lunes. Se ocupó unos minutos en cerrar su local y, cuando se dio cuenta, su carro ya no estaba.

A media cuadra de ese lugar, dos días después, un repartidor llegó a una pizzería a retirar un pedido. Eran las 16:30, cuenta el vigilante. Al salir del restaurante, se habían llevado su motocicleta. «Lamentablemente, no podemos hacer nada porque somos guardias privados y tenemos que permanecer dentro del edificio donde trabajamos», afirma Vásquez.

Pero el problema podría ser más grave de lo que las estadísticas muestran. El analista en seguridad ciudadana del Instituto de Altos Estudios Nacionales, Daniel Pontón, advierte que en este año existe un subregistro mayor sobre los robos, por varias razones: el difícil acceso a lugares para denunciar, la falta de conocimiento, la desconfianza en la justicia y, sobre todo, la restricción de la movilidad que se mantuvo por más de tres meses por la pandemia.

Aún así, los datos oficiales muestran que el problema más serio en la Quito es la sustracción de accesorios de vehículos. La capital se convirtió este año en la segunda ciudad del país con la mayor cantidad de ese tipo de robos per cápita, de acuerdo con un análisis de las cifras del Ministerio de Gobierno realizado por este Diario. También ocupó el tercer lugar por el robo a locales comerciales.

A mediados del mes pasado, una pareja asaltó varios restaurantes y locales en el norte de Quito, haciéndose pasar por clientes y usando un arma de fuego. Sus imágenes quedaron registradas en las cámaras de seguridad de los establecimientos y se hicieron virales en las redes sociales. Así se ganaron el sobrenombre de «La pareja del terror». Semanas después, la Policía anunció su captura.

Pero la preocupación de la ciudadanía va más allá de estos casos y, aunque existe un subregistro en las estadísticas oficiales, las cifras disponibles revelan que los robos, homicidios y hechos violentos van ganando terreno en la capital.

La parroquia Calderón encabeza alertas de violencia

Según las estadísticas del ECU-911, la mayor cantidad de emergencias por robos, escándalos y violencia intrafamiliar se origina en Calderón, una parroquia rural situada al extremo norte de la ciudad. Es la más habitada de Quito, con 189 mil moradores, cifra comparable a la población del cantón Santa Elena o de Babahoyo.

El problema más preocupante en Calderón es la violencia intrafamiliar. Registró 4.405 casos entre enero de 2019 y noviembre de 2020, es decir, un promedio de 6 emergencias diarias, una cifra que está muy por encima del resto de parroquias. La segunda con más alertas de ese tipo fue Guamaní, con 2.016 alertas, menos de la mitad que Calderón.

En las cifras del ECU-911 también destaca la cantidad de robos en Iñaquito, el corazón comercial y financiero de Quito, en el centro norte de la urbe. Tiene 51 mil moradores, pero por sus calles transitan a diario multitudes de oficinistas, comerciantes y consumidores. Ahí están ubicados los principales centros comerciales de la ciudad.

Después de Calderón, que registró 1.395 alertas de robo, Iñaquito fue la segunda parroquia con más emergencias de ese tipo, con 1.125.

El 84% de quiteños cree que su ciudad es insegura

Quito tiene 4.246 kilómetros cuadrados, 3 millones de habitantes, 33 parroquias rurales y 32 urbanas. Su extensión y población complican el control de la inseguridad. Según el Secretario de Seguridad del distrito Metropolitano, César Díaz, la delincuencia desborda la capacidad policial.

“Un estudio de las Naciones Unidas (señala que) tiene que haber un policía por cada mil habitantes; en Quito tenemos uno por cada cuatro mil habitantes”, aseveró en una entrevista en el programa Hora 25, el 13 de diciembre pasado. Según el funcionario, esta realidad se puede corroborar en los operativos en territorio, donde es palpable cómo el control público es insuficiente.

EL UNIVERSO solicitó una entrevista al Ministerio de Gobierno, pero no fue atendida.

El comandante de la Policía del Distrito Metropolitano, el general Alain Luna, afirma que la inseguridad no está descontrolada en la ciudad. «Si estuviéramos inundados por la delincuencia, como a muchos sectores les interesa hacer creer, no tuviéramos ciudadanos circulando en la calle o abriendo negocios», argumentó.

Él advierte que existe una norma que está poniendo en riesgo a la ciudadanía, aquella que permite que una víctima de robo pueda llegar a un acuerdo de reparación con el ladrón, a cambio de la libertad de este. El general alerta que los delincuentes, al salir libres, buscan nuevas víctimas. Se ha topado con casos de personas que registran hasta seis detenciones y varios arreglos conciliatorios. “Lamentablemente se aprovecha esta figura y los ciudadanos, olvidándose del bien común, hacen acuerdos individuales”, sostiene Luna.

Para el sociólogo Freddy Rivera, experto en seguridad ciudadana, se necesita aumentar el presupuesto para reforzar a la Policía y así mejorar la capacidad de respuesta. Pero ese no es el único problema, sostiene, pues la corrupción del sistema judicial y las deficiencias en la rehabilitación social también recrudecen la inseguridad.

Una encuesta de Cedatos realizada en Quito entre septiembre y octubre pasado reveló que el 53 % de capitalinos está de acuerdo con tomar justicia por mano propia, debido a la desconfianza en las autoridades.

Esta consulta, que se realizó por encargo de la organización «Quito cómo vamos», también mostró que el 56 % de quiteños ha sido víctima de la delincuencia y que el 84 % cree que la ciudad es insegura.

Las estadísticas del Ministerio de Gobierno muestran, por ejemplo, que pocos robos terminan con la captura de un sospechoso: entre enero y octubre de este año, a nivel nacional, solo hubo un detenido por cada cinco robos.

La situación fue más grave en la provincia de Santa Elena, donde hubo un aprehendido por cada nueve atracos; mientras que las más eficientes fueron Carchi, Galápagos y Napo, con un preso por cada dos robos.

Pichincha y Guayas registraron un detenido por cada seis de esos delitos. Quito y Guayaquil también tienen ese registro.

Homer, un joven inmigrante árabe que trabaja en un local de comida rápida cerca de la Plaza Foch, en La Mariscal, mira asaltos a peatones casi a diario, pese a que el sector cuenta con cámaras de seguridad de la Policía. «Las cámaras no sirven para nada; se vende droga o roban justo debajo de estas. Si hay algún accidente, no llega ni ambulancia ni policía; no llega nadie y roban bastante», comenta.

Pandemia no redujo homicidios

El pasado noviembre fue uno de los meses con mayor violencia en el país. De acuerdo con cifras del Ministerio de Gobierno, se registraron 146 homicidios, una cifra que no se había alcanzado desde enero de 2014, cuando se reportaron 151 muertes violentas.

En Quito, este tipo de crímenes se mantuvo en el mismo nivel que el año anterior. La cuarentena no mermó los homicidios. Entre enero y noviembre se cometieron 125 homicidios, una cifra parecida a la de 2019, 122.

Las estadísticas de la Policía Nacional muestran que este año el 44 % de homicidios en Quito ocurrieron en dos de sus ocho administraciones zonales: Eloy Alfaro y Quitumbe. Estas se encuentran en el sur del Distrito Metropolitano. La terminal El Recreo del Trolebús se encuentra en ese sector, en la administración Eloy Alfaro. Ahí fue apuñalado el agente Óscar Andrango Pailacho. (I)

Con colaboración de Carlos Granja, Alfredo Cárdenas y Andrés Salazar.