
Cicloorfina una droga 10 veces más potente que el fentanilo
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Christina Lacourte estaba en San Francisco un martes por la mañana. La puerta de la habitación de su hijo estaba cerrada y tuvo que usar un gancho de ropa para abrirla. Encontró a su hijo con el rostro azulado y un fluido negro que le salía de la boca y de la nariz.
Tenía dos dosis de Narcan guardadas en la cocina, pero no fueron suficientes. Dante Paul Lacourte, de 16 años, había muerto. El caso encendió una alerta para la que la ciudad no estaba preparada.
El informe de la autopsia no mencionó fentanilo. En su lugar apareció un término nuevo: cychlorphine, o cicloorfina en español. Se trata de un opioide sintético considerado 10 veces más potente que el fentanilo, que ya circulaba en Europa y en la costa este de Estados Unidos, según informó The New York Times.
San Francisco venía de una crisis devastadora por el fentanilo, que ha sido responsable de más de 4.000 muertes por sobredosis desde 2020. El nombre cicloorfina nunca antes había aparecido en un documento oficial de la ciudad; el reporte forense de Dante fue el primero en registrarlo.
Una droga más potente y más difícil de combatir
Las tiras reactivas que se consiguen en el mercado sirven para detectar fentanilo, pero no cicloorfina. Contra una sobredosis de esta sustancia se necesitan varias dosis de naloxona, mientras que la mayoría de las personas suele llevar solo una o dos.
A los 17 días del fallecimiento de Dante, las autoridades sanitarias convocaron una conferencia de prensa para alertar que la droga ya estaba en el mercado ilegal local.
Del laboratorio de los años 60 a los talleres clandestinos
La cicloorfina se sintetizó por primera vez en Bélgica durante la década de 1960, como parte de una búsqueda de analgésicos potentes para enfermedades como el cáncer óseo. Nunca fue aprobada para uso médico porque se la consideró demasiado peligrosa. Su fórmula, que quedó publicada en revistas científicas, hoy circula en la internet profunda.
Keith Humphreys, profesor de psiquiatría en Stanford y ex asesor antidrogas de la administración Obama, explicó al New York Times que fabricarla no requiere grandes recursos.
“No hace falta ser una gran farmacéutica”, agregó.
Humphreys señaló que, a diferencia de la cocaína o la heroína, la cicloorfina no necesita tierras de cultivo ni infraestructura industrial.
El especialista describió dos perfiles de consumidor: personas con alta tolerancia al fentanilo que buscan una sustancia más fuerte y personas que ingieren cicloorfina sin saberlo a través de pastillas adulteradas. También advirtió que una autopsia es la peor forma de descubrir una droga nueva en una ciudad.
Como alternativa, Humphreys recomendó el análisis de aguas residuales. San Francisco abandonó ese monitoreo en 2024 por falta de financiamiento federal y lo retomó en julio; los resultados comenzarán a publicarse en otoño.
El camino de la droga hasta un adolescente de 16 años
Dante nació el 1 de octubre de 2009 junto con su hermano gemelo, Marco Lacourte. Su padre, Ludovic Lacourte, vivía en Sausalito; su madre residía en San Francisco. La separación de sus padres en 2017 fue un punto de quiebre en su vida.
Dante tenía diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), ansiedad y depresión. A los 13 años empezó a consumir marihuana. Poco después compraba pastillas de Xanax y Percocet a través de Snapchat.
Sus padres lo llevaron a múltiples terapias y a tres programas de rehabilitación, pero ninguno tuvo resultados duraderos.
Leo Wingate, de 19 años, fue la última persona que lo vio con vida. Esa noche habían hablado de una posible excursión de pesca. Wingate lo dejó en el apartamento de madrugada y después no supo más de él.
“Solo era un chico tratando de sentirse mejor”, dijo al New York Times.
Su padre reconoció al mismo medio que se sentía atrapado en una situación sin salida.
“Hay que ganar tiempo”, aseguró Ludovic.
Estaba convencido de que la única estrategia posible era mantener a Dante con vida hasta que él mismo encontrara la forma de salir.
Cuatro detenidos y 20.000 pastillas incautadas
La investigación avanzó gracias al teléfono celular de Dante y a las pastillas encontradas en el apartamento. Los detectives revisaron sus mensajes de los días previos a la muerte y enviaron agentes encubiertos para comprar droga a los implicados.
Agentes de la Policía de San Francisco arrestaron en el barrio Tenderloin a Nicholas Wallace, de 46 años. En el lugar hallaron 34 pastillas de oxicodona y cocaína. En esa misma vivienda detuvieron a Sharonee Hyson, de 44 años, quien estaba en libertad condicional y tenía cocaína base y un arma cargada.
Días después, en Bayview-Hunters Point, cayeron Leander Pitts, de 46, y Starr Lamare, de 39. Llevaban 20.000 pastillas, entre ellas falsificaciones de Xanax y oxicodona, además de fentanilo, un rifle semiautomático, una pistola y dinero en efectivo.
Los cuatro detenidos enfrentan múltiples cargos graves por narcotráfico y tenencia de armas. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) realiza pruebas urgentes sobre las pastillas incautadas para determinar si contienen cicloorfina.
La fiscal del distrito, Brooke Jenkins, anticipó que evaluará acusaciones más graves si la investigación logra establecer quién le vendió la pastilla fatal a Dante. Además, la Policía de San Francisco advirtió que pastillas de operativos anteriores, sin relación con este caso, también dieron positivo para cicloorfina. Eso indica que la droga circula en la ciudad a través de más de un canal de distribución.
El ritual diario de una madre
El viernes por la tarde, Christina recibió una llamada del alcalde Daniel Lurie. Según contó la madre, el funcionario prometió “gritar desde los tejados” para advertir a las familias sobre el peligro que representan las pastillas falsificadas para los adolescentes.
Esa misma jornada, Christina siguió desde un rincón del fondo de la sala la conferencia de prensa de la fiscal.
En su apartamento, Christina deshizo casi todo el mobiliario de la habitación donde murió su hijo. Conservó una sola pieza: el letrero de neón con la palabra “Open”, que Dante había pedido como regalo de cumpleaños en sexto grado. Cada mañana lo enciende y cada noche lo apaga. Con cada movimiento del interruptor, piensa en él.


