
Adaptar la casa a un adulto mayor
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Cuando las personas van envejeciendo, el cuerpo cambia y aparecen nuevas necesidades y también nuevos riesgos. Hay menos fuerza, menos equilibrio, la visión se deteriora y los reflejos son más lentos.
Lo que antes era casi automático —como subir escaleras o levantarse de la cama— ahora necesita más esfuerzo o atención. Y la casa —que durante años fue un espacio adecuado y seguro— puede volverse riesgosa.
Más de una de cada cuatro personas mayores de 65 años sufre una caída cada año, según el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos. Y estos accidentes son provocados por detalles que antes no eran importante como un piso resbaloso, una alfombra mal puesta o falta de luz.
Por ejemplo, entrar a la ducha puede volverse peligroso si el piso está resbaloso o no hay dónde sostenerse. Y así como los adultos mayores —personas de más de 65 años— adaptan su vestimenta y sus rutinas, la casa también debe ajustarse a las nuevas necesidades por las limitaciones físicas.
“El error más común es adaptar la casa tarde o de forma reactiva cuando ya ocurrió un accidente”, dice Estefanía Aguirre, arquitecta experta en proyectos urbanísticos.
Explica que la clave es prevenir el accidente y esto se puede hacer identificando los riesgos —ver qué cosas pueden ser peligrosas y hacer cambios antes de que ocurra un accidente. Por ejemplo, en lugar de esperar a que el adulto mayor se caiga en el baño, se pueden instalar desde antes barras de apoyo.
Además de las caídas, los adultos mayores enfrentan riesgos en el hogar como quemaduras por agua caliente, golpes o choques con muebles —por las esquinas o puertas—, dificultades para evacuar en emergencias, desorientación —especialmente en la noche, según el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento.
Para Diana Lucía Escalante, arquitecta en interiores, “un error frecuente es pensar que los adultos mayores deben tener todo al alcance y limitar su movilidad”. Explica que es importante encontrar un equilibrio entre facilitar el entorno y permitir que sigan moviéndose —es decir, la adaptación no debe eliminar su autonomía.
“A veces se evita hacer adaptaciones por temas estéticos o por el qué dirán”, dice Aguirre. Por ejemplo, no se instalan agarraderas en el baño porque se asocian con la vejez, y la experta advierte que evitar estos cambios por comentarios ajenos puede terminar generando riesgos.
Ampliar los espacios y vaciar los pasillos
Los cambios deben enfocarse en eliminar riesgos inmediatos que puedan provocar caídas o resbalones, dice Aguirre. Eso implica retirar elementos peligrosos como alfombras sueltas —no están fijas al piso y tampoco tienen ningún tipo de adhesivo que las mantenga en su lugar.
También hay superficies inestables que se vuelven un riesgo porque no se mantienen firmes al pisarlas, por ejemplo, una alfombra que se desliza o una baldosa floja. Aquí también están muebles inestables o decorativos —como mesas livianas, sillas que se mueven fácilmente o repisas mal fijadas. Si alguien se apoya, no resisten el peso de la persona y más bien pueden moverse o caerse.
Con la edad, reaccionar a una caída se vuelve más difícil. Por eso, eliminar alfombras, pisos resbalosos y muebles decorativos es una de las formas más efectivas de prevenir caídas.
Si la casa tiene pasillos, estos deben ser amplios. Según el manual de accesibilidad de la Organización Naciones Unidas, el pasillo no debería ser menor a los 0,90 metros, ya que esta medida es la mínima para permitir el giro de una silla de ruedas.
Aguirre aclara que se recomienda que el pasillo mida al menos 1,20 metros de ancho, y si es posible entre 1,40 y 1,50 metros para que la persona pueda caminar con bastón o incluso con ayuda de otra persona.
Los pasillos deben ser continuos: sin gradas, desniveles, muebles invadiendo el paso o cambios bruscos en el recorrido, dice Aguirre.
En espacios amplios y sin alfombras, los adultos mayores pueden usar sus andadores, bastones o sillas de ruedas de forma segura y sin interrupciones. La regla general es menos es más, concluye Aguirre.
La estabilidad: agarraderas y muebles
Una recomendación clave es incorporar elementos de apoyo, como pasamanos o agarraderas en los lugares donde la persona necesita sostenerse para facilitar movimientos como entrar, salir o sentarse. Por ejemplo, en escaleras y pasillos —para mantener el equilibrio al caminar— cerca de la cama —para ayudar a levantarse o acostarse.
Los muebles deben ser estables. Galo Benítez, arquitecto con experiencia en planificación y diseño residencial, explica que un mueble estable es aquel que no se mueve fácilmente, no se tambalea y puede servir de apoyo seguro si la persona necesita sostenerse. Por ejemplo, un velador firme junto a la cama que permita sostenerse al levantarse.
Aguirre sugiere que los muebles también sean de bordes redondeados y con alturas accesibles, ya que en algunos casos pueden cumplir funciones de apoyo para que el adulto mayor se pueda movilizar. En cambio, es mejor evitar muebles livianos o con ruedas porque pueden moverse fácilmente y provocar caídas, sugiere Aguirre.
No es necesario cambiar todos los muebles, dice Escalante. Lo ideal es adaptarlos para que sigan siendo funcionales y respondan a las necesidades del adulto mayor. “Esto también ayuda a mantener sus hábitos y su sentido de familiaridad con el espacio”, dice.
Aguirre explica que cuando no es posible eliminar escaleras o desniveles, existen soluciones como “elementos de alerta” que ayudan a identificar los cambios de nivel antes de que ocurran y se puedan percibir, tanto visual como táctilmente. Por ejemplo, pueden ser bandas antideslizantes, contrastes de color en los bordes de los escalones, texturas diferentes en el piso o iluminación.
Mejorar la iluminación con luces de apoyo
Uno de los cambios más urgentes es mejorar la iluminación con luces de apoyo. Benítez dice que “las luces de apoyo son luces pequeñas que ayudan a ver mejor, sobre todo en la noche, cuando la persona se levanta y no quiere encender una luz fuerte”. Por ejemplo, una luz tenue en el pasillo que conecta el dormitorio con el baño —así la persona puede caminar con claridad sin tener que buscar el interruptor de la luz.
Las luces regulares —como la luz del techo— iluminan todo el espacio “en cambio, las luces de apoyo son más suaves, no molestan a la vista y pueden quedarse encendidas durante la noche”, dice Benítez.
Las luces de apoyo se pueden colocar en varios lugares: en el pasillo, al lado de la cama, cerca del baño, en las escaleras o en la entrada de la casa, dice Benítez.
Las luces de apoyo pueden ser:
- A nivel del suelo se pueden instalar luces LED (acrónimo de Light Emitting Diode o diodo emisor de luz) pequeñas en la parte baja de la pared.
- Luces nocturnas que se enchufan directamente al tomacorriente.
- Tiras LED en la parte inferior de un mueble.
- Lámparas con sensor de movimiento que se encienden cuando alguien pasa.
- Lámparas pequeñas junto a la cama.
Estas luces deben complementar la iluminación general y facilitar el desplazamiento seguro especialmente en trayectos como del dormitorio al baño, dice Escalante.
Baños más seguros: las modificaciones clave
El baño debe ser seguro y accesible, eso significa que la persona pueda usarlo sin riesgo de caerse y sin dificultad para moverse. Esto implica que las superficies —lavabo, inodoro y ducha—no esten resbalosas y alrededor tengan elementos de apoyo como barras para sostenerse y moverse.
Aguirre recomienda usar pisos antideslizantes, instalar barras de apoyo en la ducha y el inodoro porque es uno de los espacios donde más accidentes ocurren.
Las barras de apoyo generalmente se colocan entre 80 y 90 centímetros de altura, con un diámetro de agarre —el grosor de la barra, es decir, qué tan ancha es al sostenerla con la mano—de entre 3 y 5 centímetros, para que sean fáciles de sujetar, explica Aguirre.
También las barras de apoyo deben estar separadas de la pared entre 4 y 6 centímetros —o hasta 10 cm— para facilitar el agarre. Aguirre recomienda que el material de las barras sea de acero inoxidable con acabado antideslizante.
Benítez dice que en la ducha, lo más útil es colocar una barra horizontal en la pared lateral, para que la persona pueda sostenerse mientras se baña. “A veces también se puede poner otra barra vertical cerca de la entrada, que ayuda al momento de entrar o salir”, dice.
En el inodoro, lo más común es instalar una barra al lado, en la pared, para ayudar a sentarse y levantarse. Si hay espacio, también se puede colocar una segunda barra al otro lado o una barra abatible —que se puede plegar o doblar contra una superficie— que se baja cuando se necesita, dice Benítez.
Además se puede incorporar asientos de ducha para mayor comodidad —porque permiten que la persona se bañe sentada y con mayor estabilidad. Esto reduce el riesgo de caídas y evita el cansancio por estar parado.
Los asientos de ducha son sillas para que una persona pueda bañarse sentada. Están hechos con materiales resistentes al agua y antideslizantes. Por ejemplo, un asiento fijado a la pared de la ducha, que se puede bajar cuando se usa o una silla plástica antideslizante con patas de goma diseñada para el baño.
Aguirre recuerda la importancia de los detalles, por ejemplo, eliminar bordillos para que la ducha esté al mismo nivel del piso y evitar tropiezos ya que este bordillo puede no ser visible.
Para saber si las barras de apoyo están bien colocadas, “hay que fijarse en que queden a una altura cómoda para la persona, que pueda alcanzarlas sin estirarse demasiado y que permitan apoyarse de forma natural”, dice Benítez.
El arquitecto explica que las barras de apoyo “se ponen correctamente cuando van ancladas directamente a la pared con tornillos y soportes adecuados. No se recomienda pegarlas ni fijarlas solo sobre cerámica sin un buen soporte detrás”. Además, Benítez recomienda siempre probarlas. “Si al ejercer peso no se mueven, están bien instaladas”, dice.
El dormitorio: un descanso seguro
El dormitorio debe permitir moverse sin dificultad —es decir, que el adulto mayor pueda levantarse, acostarse y caminar sin muebles que le estorben o puedan causar accidentes.
Benítez dice que lo principal es dejar espacio libre para moverse con facilidad y evitar obstáculos. “Los muebles innecesarios son los que no se usan con frecuencia o los que dificultan el paso, como mesas muy grandes, sillas acumuladas, baúles al pie de la cama”.
Para priorizar la comodidad, lo ideal es mantener solo lo necesario: una cama accesible, un velador firme, buena iluminación y espacio suficiente para caminar alrededor, dice Benítez. Una recomendación es que los objetos de uso diario, como lentes, medicamentos o el teléfono, estén al alcance desde la cama así el adulto mayor no tiene que estirarse demasiado ni levantarse con dificultad.
Lo ideal es que la cama —colchón y mueble— esté entre 45 y 55 centímetros, aproximadamente a la altura de las rodillas, explica Aguirre.
También se recomienda evitar muebles innecesarios —mesas decorativas, sillas que no se usan o adornos grandes—, así es más fácil permitir el uso de apoyos como sillas de ruedas o camillas en caso de emergencia. Aguirre recomienda dejar entre 90 y 120 centímetros alrededor de la cama para facilitar el desplazamiento.
Escalante explica que en el dormitorio también es importante controlar la entrada de luz y cuidar el confort térmico, ya que las personas mayores pueden ser más sensibles al frío.
Controlar la luz significa evitar que el espacio sea muy oscuro o demasiado brillante, dice Benítez. Explica que se puede usar una luz general suave y además una lámpara cerca de la cama que sea fácil de encender. También recomienda usar cortinas, “porque permiten regular la entrada de luz natural durante el día y evitar el deslumbramiento”.
“Incluso, hoy, con sistemas automatizados se pueden controlar varios elementos sin levantarse. Por ejemplo, con dispositivos como Alexa o asistentes de Google”, dice Benítez. Así la persona puede encender o apagar las luces con la voz, prender la televisión, subir o bajar cortinas motorizadas o incluso activar una luz tenue durante la noche.
El confort se refiere a que el dormitorio sea un espacio agradable para descansar, dice Benítez. Explica que puede ser por ejemplo, mantener una temperatura adecuada, evitar corrientes de aire directas y procurar que la iluminación no apunte directamente a los ojos al estar acostado.
¿Por qué es importante adaptar la casa para un adulto mayor?
La casa no solo tiene que ser funcional, también debe funcionar como un espacio donde la persona puede sentirse tranquila, respetada y reconocida.
Fernanda Ron, psicóloga clínica, explica que en la vejez, uno de los mayores riesgos es la pérdida de identidad y por eso, el entorno debe ayudar a que la persona mantenga ese sentido de quién es.
“Cuidar de un adulto mayor no es sustituir, es acompañar sin borrar a la persona”, dice Ron.
Es clave evitar un trato paternalista o sobreprotector. No hay que tratarlos como niños, sino como adultos —eso implica hablarles directamente y validar sus emociones—, además hay que entender que están atravesando un duelo por la pérdida de su espacio anterior, dice Ron.


