cómo proteger al cerebro del envejecimiento

6 claves científicas para frenar el envejecimiento y la memoria

6 claves científicas para frenar el envejecimiento y la memoria. Si tienes alguna inquietud recuerda contactarnos a través de nuestras redes sociales, o regístrate y déjanos un comentario en esta página para poder ayudarte. También puedes participar en el WhatsApp Ecuador.

Aunque el transcurso de los años es inevitable, la comunidad científica ha logrado determinar estrategias específicas para encender los motores internos que preservan la vitalidad. Según el experto Antonio Fernando Murillo Cancho, docente de la Universidad de Almería, el proceso de envejecimiento celular se origina por un cúmulo de errores en las células y la disminución paulatina de su potencial reparador.

Con el tiempo, el material genético experimenta daños y las terminaciones de los cromosomas se reducen. Asimismo, las mitocondrias —encargadas de suministrar energía a la célula— pierden su eficiencia, lo que provoca fallos en el comportamiento celular. Cuando el organismo se ve incapaz de corregir estas averías, se incrementa el riesgo de padecer patologías asociadas a la longevidad.

 

La nutrición como eje preventivo

Modificar los hábitos alimenticios se posiciona como una de las tácticas más potentes. El estudio clínico denominado CALERIE, ejecutado por la Universidad de Duke, confirmó que una disminución moderada en la ingesta de calorías estimula la reparación celular, frena los procesos inflamatorios y potencia la salud metabólica en sujetos sanos, sin necesidad de aplicar restricciones extremas.

De igual manera, el ayuno intermitente presenta ventajas considerables. Especialistas de la Universidad de California, San Diego, corroboraron que establecer un periodo de entre 14 y 16 horas de ayuno entre la última comida del día y la primera del siguiente, concentrando la alimentación en una ventana de 8 a 10 horas, activa los sistemas de restauración del cuerpo. En individuos con síndrome metabólico o exceso de peso, la investigación detectó optimización en los niveles de glucosa, la presión arterial y una baja en la grasa abdominal.

Complementariamente, cenar temprano y de forma liviana potencia estos resultados. Una ingesta nocturna reducida facilita el control de la glucosa al despertar, previene la acidez y permite que los recursos energéticos se enfoquen en la reparación de tejidos durante el sueño. Esto también deriva en un descanso reparador y una mejoría en la recuperación física.

 

Movimiento y descanso: Pilares de la longevidad

La práctica de actividad física recurrente es otro elemento determinante. La combinación de ejercicios de fuerza con caminatas incentiva la eliminación de proteínas dañadas y regula el azúcar en sangre. Sobre esto, Murillo Cancho puntualizó que:

“no se requiere correr maratones; basta con tres sesiones semanales de trabajo muscular y caminatas diarias para aumentar la masa muscular, reducir la grasa visceral y mantener el metabolismo en equilibrio”

. La persistencia en estos hábitos es lo que garantiza que los beneficios se mantengan a largo plazo.

 

Por otro lado, alcanzar un sueño de calidad es fundamental para el equilibrio biológico. La falta de descanso promueve el almacenamiento de desechos metabólicos. Un análisis de la Universidad de Rochester demostró que durante la fase de sueño profundo se activa el sistema linfático, cuya misión es depurar el cerebro de residuos vinculados al envejecimiento. Mantener rutinas de sueño, alejarse de dispositivos electrónicos y dormir en oscuridad total ayuda a la secreción de melatonina y cortisol.

Microbiota y eliminación de células dañadas

La salud del sistema digestivo, o microbiota intestinal, funciona como una defensa interna. Este ecosistema de bacterias suele perder diversidad con la edad, pero una microbiota saludable combate la inflamación crónica. Científicos de la Universidad de Wageningen han relacionado el consumo frecuente de:

  • Frutas y verduras frescas
  • Legumbres
  • Frutos secos ricos en fibra

Este tipo de dieta fomenta el crecimiento de bacterias positivas como la Faecalibacterium prausnitzii y la Akkermansia muciniphila, ambas asociadas a una vida más longeva y saludable.

Otro punto crucial es la eliminación de las “células zombi”. Estas células deterioradas dejan de funcionar pero permanecen en el cuerpo emitiendo señales inflamatorias. Una investigación de la Universidad de Newcastle reveló que los polifenoles —hallados en el té verde, las manzanas, la cebolla y los frutos rojos— ayudan a mitigar esta inflamación y resguardan la integridad celular, logrando parámetros biológicos más saludables.

 

Vínculos sociales y manejo emocional

Finalmente, la salud mental y social no puede quedar fuera. Según la Universidad de Harvard, poseer relaciones interpersonales sólidas y afrontar los retos con una actitud constructiva influye directamente en la esperanza de vida. Realizar ejercicios de relajación y fortalecer el contacto social reduce la inflamación general y robustece el sistema inmunitario.

En conclusión, estas acciones validadas por la ciencia permiten activar el estado de autorreparación del organismo. Ajustar la dieta, realizar ejercicio, dormir bien, cuidar la fibra y gestionar el estrés no requiere transformaciones radicales, sino la adopción de pequeños hábitos constantes que protejan los sistemas naturales contra el deterioro del tiempo.