
Quién es alias Pipo, peligroso narcotraficante ecuatoriano
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Lo señalan como responsable de, al menos, 400 asesinatos y como uno de los delincuentes más peligrosos del Ecuador. Su nombre es Wilmer Giovanny Chavarría Barré, y es más conocido como alias Pipo. En 2026 tiene 39 años y es el máximo líder de Los Lobos, uno de los grupos de delincuencia organizada más sangrientos y temidos del país. Para huir de la justicia por sus crímenes, Pipo fingió su muerte en 2021, se habría sometido a cirugías para modificar su cara y hasta borró tatuajes de su espalda.
Así, durante años y bajo la sombra, manejó redes de narcotráfico, controló operaciones de minería ilegal y ordenó asesinatos en Ecuador desde Europa, donde se escondía.
Pero el 16 de noviembre de 2025 fue detenido en el aeropuerto de Málaga, España, cuando intentaba ingresar con un pasaporte falso. Así lo explicó a GK el comisario español y jefe del operativo de captura, Alberto Morales, que trabajó en coordinación con la Policía ecuatoriana. “Hemos detenido al objetivo de más alto valor”, dijo entonces el presidente Daniel Noboa.
Tres meses después, mientras se tramita la extradición del capo ecuatoriano, su nombre volvió a copar titulares —incluso internacionales— tras una comparecencia que hizo en la Fiscalía española, y que fue difundida por la agencia de noticias EFE. El 25 de febrero de 2026, Wilmer Chavarría negó ser el autor del magnicidio del candidato presidencial Fernando Villavicencio —uno de los cargos por los que es investigado en Ecuador—, y lanzó una acusación contra Noboa: dijo que el Presidente habría dado la orden para matar a Villavicencio.
Esa declaración motivó la respuesta inmediata del gobierno. “¡Son acusaciones absurdas!”, dijo el ministro del Interior, John Reimberg, y justificó que lo dicho por alias Pipo sería una forma de evadir la extradición porque “tiene pánico [de ir] a la cárcel del Encuentro”, un centro penitenciario de máxima seguridad inaugurado por Noboa.
Pero Ecuador no es el único país que reclama a alias Pipo. Según el medio La Fuente, el 24 de enero de 2026 se confirmó que Washington alcanzó un acuerdo con España para que el narco ecuatoriano sea extraditado a Estados Unidos, donde la Fiscalía estadounidense ya formuló cargos contra él. Desde el departamento de comunicación del Ministerio del Interior de Ecuador confirmaron a GK que “sí lo van a extraditar” a EE.UU.
En marzo de 2026, Pipo sigue en la cárcel de Zuera, en Zaragoza, que tiene alrededor de 1.008 celdas y ha sido señalada por colectivos sociales, como Campa o Transmuros, que las condiciones de vida de los presos están empeorando porque hay ratas y cucarachas que andan a sus anchas, según un reporte de la cadena SER de España.
Su poder: el ascenso desde la cárcel
Alias Pipo, nacido en Machala, en la provincia de El Oro, construyó su poder dentro de las cárceles ecuatorianas. Pero su nombre —sin alias— ya aparecía en expedientes policiales mucho antes.
Según la Policía, tiene antecedentes penales desde 2004. Pero fue en julio de 2010 cuando su carrera delictiva empezó a hacerse visible, tras participar en el asalto a una agencia del Banco del Austro, en el centro de Cuenca, ciudad de la sierra sur del Ecuador. Entonces tenía apenas 24 años.
Según una publicación de El Universo, hubo una persecución en medio de disparos entre los asaltantes y la Policía. En ese episodio, Chavarría terminó con una herida en la cara.
Entre 2011 y 2018, según registros policiales, estuvo preso en la Penitenciaría del Litoral, en Guayaquil, y en la cárcel de Turi, en Cuenca, por delitos de asesinato y secuestro. Fue en prisión donde empezó a consolidar su ascenso dentro del mundo criminal.
Al inicio lideraba un pequeño grupo de sicarios que se hacían llamar “los lobos”, todavía sin estructura de organización criminal. Ese grupo era el brazo armado de Los Choneros, la banda que para entonces ya había extendido sus vínculos a varias provincias de la Costa y controlaba rutas del narcotráfico en Ecuador. En ese momento, Los Choneros estaban liderados por José Luis Zambrano, alias Rasquiña.
Rasquiña habría reclutado a Chavarría cuando este todavía era conocido por su participación en robos a bancos y lo incorporó a la organización. Con el tiempo, Pipo ganó suficiente confianza dentro de Los Choneros: algunos de sus hombres incluso pasaron a ser del equipo de seguridad personal de Rasquiña, según una nota del diario Primicias.
En 2018, un juez de garantías penales le concedió la prelibertad a alias Pipo —aunque la policía no precisa si fue de forma irregular. Como parte de esa medida debía presentarse cada semana en la cárcel de Santo Domingo de los Tsáchilas.
En esa provincia fue consolidando su poder con el clan Franco, un grupo de hermanos vinculados al crimen organizado. Desde entonces se convirtieron en Los Lobos, ya como estructura criminal, y seguían siendo aliados de Los Choneros.
Pero esa alianza se rompió en 2020, cuando Rasquiña fue asesinado en un centro comercial de Manta, en la provincia costera de Manabí —y bastión histórico de Los Choneros. Su muerte abrió una disputa por el control de la organización. Dos nombres aparecieron como posibles sucesores: José Adolfo Macías, alias Fito, y Junior Roldán, alias JR.
Pipo se opuso a que ambos tomaran el mando. La tensión fue especialmente fuerte con JR. Según versiones recogidas en investigaciones policiales, ambos habrían tenido una pelea en la que Chavarría terminó con una lesión en el ojo, lo que le valió otro de sus apodos: alias Tuerto.
Para frenar el ascenso de Fito y JR surgió una alianza entre Los Lobos, Los Tiguerones y Chone Killers. A ese bloque se lo empezó a llamar Cártel Nueva Generación. Su objetivo era claro: disputar el control del narcotráfico y eliminar a los nuevos líderes de Los Choneros.
Según expedientes judiciales del caso Purga, el financista de esta alianza habría sido el narcotraficante Leandro Norero —asesinado en octubre de 2022 durante una masacre carcelaria en Cotopaxi.
El caso Purga investiga cómo redes del narcotráfico y la corrupción se infiltraron en el sistema judicial del Guayas. Una de las piezas clave de ese caso son los chats de Mayra Salazar, ex asesora de comunicación de la Corte de Justicia del Guayas.
Salazar, además, era pareja de Norero. Eso le permitió conocer las relaciones entre bandas criminales. En sus chats, además del apoyo financiero que Norero le daba a Pipo, también aparece otro episodio clave: la ayuda que le habría dado para fingir su muerte y desaparecer del radar de la justicia.
La ‘muerte’ de alias Pipo
Tras la pandemia de covid-19, alias Pipo murió.
Supuestamente había sido asesinado durante una masacre en la cárcel de Turi, en Cuenca, el 23 de febrero de 2021, según una investigación de Connectas. Pero el certificado de defunción decía que había muerto por un infarto provocado por el virus en Santo Domingo de los Tsáchilas.
Ninguna de las dos muertes eran ciertas. Pipo había falsificado ese documento como una estrategia para desviar la atención de la Policía, que ya lo buscaba —estaba libre desde que obtuvo la prelibertad en 2018.
Renato Rivera, experto en crimen organizado, dice que esto evidencia una corrupción recurrente en el sistema de justicia, que trasciende a cualquier gobierno. Atribuye esto, en parte, a la falta de mecanismos de verificación de la eficacia de los jueces y a la ausencia de un sistema de alertas que funcione para prevenir casos como los relacionados con Pipo.
Para desaparecer, además de fingir su muerte, Pipo cambió de identidad. Primero utilizó documentación venezolana y luego consiguió un pasaporte colombiano con el nombre de Danilo Ramón Fernández, con el que en 2022 escapó a Europa.
Para evitar ser reconocido, según una publicación de diario Extra, se hizo siete cirugías plásticas en Colombia —país por el que pasó antes de viajar a Europa— para modificar su cara. Se habría cambiado la nariz, los pómulos, las cejas y el mentón. También se dejó crecer la barba y el bigote. Además, se puso un ojo de vidrio.
Los chats de Mayra Salazar, en el caso Purga, sugieren que el narcotraficante Leandro Norero habría ayudado a Pipo a “cambiarse la cara” y a salir a Europa para operar desde allí.
En esos mensajes también se menciona que Norero habría ayudado a que se implantaran las huellas de Pipo en el cadáver de otra persona para reforzar la versión de su muerte —pero esa versión fue desmentida por la policía española a GK. Lo que sí queda claro es que Norero ya tenía experiencia en ese tipo de maniobras: a inicios de 2020 también fingió su propia muerte.
En mayo de 2022, Norero fue detenido en Samborondón, un cantón de la provincia del Guayas, pero lo metieron a la cárcel de Cotopaxi. Según los chats de Salazar, él mismo habría pedido ser llevado a esa prisión porque estaba bajo el dominio de Pipo, con quien tenía una buena relación –confirma también Rivera.
Poco tiempo después, Norero empezó a ganar terreno allí dentro hasta controlar buena parte de la cárcel, mientras que solo el pabellón de máxima seguridad habría quedado bajo el poder de alias Pipo. Esa disputa habría roto la relación entre ambos.
Según esos mismos chats, Pipo habría enviado a un hombre de confianza para infiltrarse en el círculo de seguridad de Norero. Meses después, ese infiltrado habría tendido una trampa que terminó con el asesinato del narcotraficante Norero durante una masacre carcelaria en octubre de 2022, apenas cinco meses después de su entrada.
Las revelaciones de los chats de Mayra Salazar terminaron por desmontar la versión de que alias Pipo había muerto. La supuesta defunción, según las investigaciones, fue un montaje para despistar tanto a las autoridades como a sus enemigos. En 2024, el gobierno de Daniel Noboa incluyó a alias Pipo en la lista de objetivos militares dentro de la estrategia estatal contra el crimen organizado.
La ‘resurrección’ y caída de alias Pipo
A alias Pipo se le atribuyen delitos como atentados en cárceles, colocación de carros bomba y asesinatos en Ecuador.
Desde Europa, donde llegó en 2022, el cabecilla de Los Lobos habría dirigido un amplio esquema de narcotráfico en Países Bajos, Italia, Alemania, México y Colombia, además de mantener conexiones con el Cártel Nueva Generación Ecuador (CNGE) y alianzas con carteles mexicanos, colombianos y europeos.
También seguía ordenando asesinatos en Ecuador, controlando operaciones de minería ilegal y coordinando el movimiento de cargamentos de droga.
Como Europa se había convertido en su base de operaciones, Ecuador coordinó con la policía de España para localizarlo. Las autoridades españolas tenían registros de que el narcotraficante entraba y salía del país con frecuencia con otra identidad.
El 16 de noviembre de 2025, en el aeropuerto de Málaga, al sur de España, fue detenido.
El operativo fue liderado por Alberto Morales, comisario jefe de la Brigada Central de Estupefacientes en Málaga, quien explicó a GK cómo lograron ubicarlo.
Las investigaciones comenzaron cuando las autoridades ecuatorianas detectaron a un hombre que podría ser Chavarría usando la identidad de Danilo Ramón Fernández, con un pasaporte colombiano con el que viajaba por distintos países. A partir de esa pista se inició un trabajo coordinado entre Ecuador, España y otros países europeos para reconstruir sus movimientos.
Los investigadores también sabían que parte de su familia vivía en Málaga. “Sabíamos que tarde o temprano tenía que volver”, dijo Morales.
Durante meses, la policía vigiló la vivienda de sus familiares y analizó los movimientos de su entorno cercano. Finalmente, en noviembre de 2025, Pipo voló desde Dubái a Marruecos, y luego a España. Cuando el avión aterrizó en Málaga, los agentes ya lo estaban esperando.
Antes de que los pasajeros abandonaran el avión, los policías revisaron su documentación. El pasaporte colombiano que llevaba resultó ser falso. Fue detenido de inmediato.
Viajaba acompañado de su esposa y su cuñado.
Tras ser retenido en la escalerilla del avión, fue trasladado a una comisaría en Málaga, donde las autoridades verificaron sus huellas dactilares. Así confirmaron que el hombre que intentaba ingresar al país con identidad falsa era Wilmer Chavarría, alias Pipo.
Mientras tanto, en Ecuador ocurría algo inusual: las autoridades tenían que “revivirlo” legalmente.
Como Pipo figuraba oficialmente muerto desde 2021, el gobierno tuvo que anular el registro de defunción para reactivar los procesos judiciales y emitir una notificación roja de Interpol. “Una vez que se lo detuvo, recién iniciamos los trámites en el Registro Civil para revivirlo”, insistió el ministro Reimberg.
Ese proceso permitió reabrir expedientes judiciales y formalizar el pedido de extradición. Todo ocurrió en menos de 72 horas, lo que permitió que su caso pasara a la Audiencia Nacional de España, el tribunal encargado de los procesos de extradición.
Identificarlo “fue complicado”, explicó Morales.
Según el comisario, Pipo no solo se había sometido a varias cirugías en el rostro, sino que también se había borrado los tatuajes de los brazos y la espalda para eliminar cualquier rastro que permitiera reconocerlo. Incluso se tatuó nuevos diseños sobre las zonas donde tenía los tatuajes anteriores.
Sin embargo, sus huellas dactilares no habían sido alteradas —como inicialmente habían revelado los chats de Mayra Salazar.
Según el ministro Reimberg, cuando fue detenido inicialmente negó ser la persona que buscaban. Pero finalmente terminó admitiendo quién era.
Sus vínculos con el crimen de Fernando Villavicencio
La captura de alias Pipo abre un nuevo capítulo en la investigación del asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio, el ministro del Interior, John Reimberg. Dijo que “las investigaciones han determinado que fueron Los Lobos” los responsables del atentado y que dentro de esa organización “nada se hace sin el visto bueno de alias Pipo”.
Para la Fiscalía, Wilmer Geovanny Chavarría Barré, alias Pipo; su hijastro Ángel Esteban Aguilar Morales, alias Lobo Menor; y Luis Arboleda, alias Gordo Luis —identificados como cabecillas del grupo de delincuencia organizada Los Lobos— habrían participado en la planificación y ejecución del asesinato de Villavicencio.
El nombre de Pipo aparece en el expediente del caso Magnicidio F.V., que investiga el crimen ocurrido el 9 de agosto de 2023 en Quito. Uno de los testimonios incorporados en la investigación menciona una reunión que habría tenido lugar en julio de 2023 en Cali, Colombia, apenas un mes antes del atentado.
Según ese relato, en el encuentro participaron integrantes de Los Lobos, entre ellos Pipo y alias Menor. Durante la reunión, se habría realizado una videollamada a través de la aplicación Silent con un contacto identificado como “Ronny”, que sería el ex asambleísta Ronny Aleaga, investigado por la Fiscalía como presunto autor intelectual del crimen.
Ese testimonio forma parte de la reconstrucción que intenta esclarecer cómo se habrían conectado actores políticos, intermediarios y estructuras del crimen organizado en la planificación del atentado.
La hipótesis fiscal dice que el magnicidio habría tenido varios niveles de participación: en la parte alta estarían quienes habrían financiado o coordinado el crimen; en el medio estarían quienes conectaron a los autores intelectuales con la estructura criminal que ejecutó el atentado; y en la base, la organización criminal encargada de ejecutarlo.
En ese último nivel aparece Los Lobos, una de las bandas más violentas del país. Entre los condenados como autores materiales del asesinato está Carlos Angulo, alias Invisible, identificado como uno de sus líderes.
Aunque Pipo no figura entre los procesados como autor intelectual en el caso, la organización criminal que lideraba sí fue vinculada con la ejecución del atentado.


