Ministra brasileña dice que aún hay pobreza por falta de voluntad política
La ministra brasileña de Desarrollo Social y Combate al Hambre, Tereza Campello, afirmó hoy que si persiste la pobreza en el mundo se debe a «motivos políticos» y no por la escasez de alimentos o de recursos.
«Si nos hubieran preguntado si podíamos acabar con la pobreza en los años 90 habríamos dicho que era un sueño. Tenemos un camino, una trayectoria que muestra que es posible y que no ocurrió naturalmente», dijo Campello en una entrevista telefónica con Efe.
Brasil es considerado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) como un buen ejemplo en su lucha contra el hambre y la reducción de la pobreza.
Según las estadísticas del Ministerio que dirige Campello, cerca de seis millones de personas, el 3,1 % de la población brasileña, están bajo la línea de la pobreza extrema, con una renta de menos de 1,25 dólares al día.
Campello consideró ese dato como «una victoria», puesto que una tasa de «miseria cero no existe», pero sostuvo que el Gobierno debe mantener las políticas públicas con las que ha logrado reducir la tasa de pobreza paulatina y constantemente desde 2003.
«Hemos superado el problema del hambre, pero persiste en situaciones especificas, no podemos descuidarlo. El 1,7 % de la población padece hambre. Aún tenemos muchos brasileños que no tienen una cantidad de nutrientes suficiente. Esa agenda siempre la tenemos que cuidar, porque siempre puede volver», dijo.
Debido al éxito en este campo, por el que la FAO sacó a Brasil de su lista de países en peligro, Campello aseguró que el Ministerio que dirige incluso podría permitirse cambiar de nombre, para quitar de su título la palabra «hambre», aunque eso no significaría restar prioridad a la lucha contra la miseria.
La pobreza bajó del 24,6 % de la población brasileña en 2003 al 8,8 % en 2013, según los datos del Ministerio, que no obstante divergen con otras estadísticas que han apuntado un leve repunte de la miseria en el último año.
Esas discrepancias, según Campello, se deben a diferencias de criterios en las mediciones y a «fluctuaciones estadísticas», y aseveró que la tendencia de reducción de la pobreza se mantiene descendente.
Más allá de las gráficas, la ministra defendió un estudio detallado del efecto que las políticas públicas han tenido en la mejoría de la vida de los más pobres.
«Más que medir la pobreza, tenemos que entender que las acciones que estamos haciendo tienen resultado. Las políticas de llevar agua, luz y cualificación profesional tienen resultado y tienen que ser profundizadas», aseveró.
En ese sentido, señaló que siguiendo modelos de medición del Banco Mundial, tan solo un 1,1 % de la población brasileña tiene estatus de «pobreza crónica» y por lo tanto, está en una posición más vulnerable y con mayores dificultades para mejorar de vida.
Se considera que una familia es «pobre crónica» si, además de ganar poco dinero, sufre al menos otros tres problemas como la falta de escolarización, o de acceso al agua potable, al saneamiento o a la electricidad, o vive en una casa precaria y carece de bienes como teléfono, fogón y frigorífico.
La mejoría del nivel de renta en la última década en Brasil fue resultado, en parte, del programa de distribución de renta Bolsa Familia, que actualmente da subsidios directos a cerca de 50 millones de personas.
Según Campello, el número de beneficiarios de este programa se ha estabilizado en torno a 14 millones de familias y se mantendrá estable en los próximos años.
El gran reto para el Gobierno a partir de ahora, según la ministra, será «refinar» sus estrategias para llegar a las personas que todavía no han sido atendidas por los programas sociales.
Las mayores carencias se inscriben en el área de saneamiento básico y en el acceso a agua potable, algo que demandará políticas estructurales más amplias, según Campello.
El 24 % de la población brasileña carece de alcantarillado adecuado y entre los más pobres ese problema alcanza al 46 %, según los datos del Ministerio.
En el otro extremo, Brasil prácticamente ha universalizado el acceso a la electricidad o la escolarización de niños de entre 6 y 14 años de edad.
«El desafío ahora es escolarizar los niños de menos de seis años. Tenemos como meta que hasta 2016 todos los de entre cuatro a seis años estén en educación infantil», dijo Campello.
Otros retos en los que Brasil debe trabajar a un «ritmo más acelerado» son la cualificación de trabajadores y el acceso a los microcréditos, agregó.
La ministra brasileña presentará estos números la semana que viene en el seminario internacional Un Mundo Sin Pobreza, que se celebrará en Brasilia y contará con representantes del Banco Mundial y del PNUD.