
¿Hasta dónde llegarías por una herencia?
Mató a su esposa y la asó para desaparecer las pruebas. ¿Hasta dónde llegarías por una herencia?. Si tienes alguna inquietud recuerda contactarnos a través de nuestras redes sociales, o regístrate y déjanos un comentario en esta página. También puedes participar en el WhatsApp. Si usas Telegram ingresa al siguiente enlace.
Un hombre asesinó a su esposa e intentó desaparecer el cuerpo en un horno. Incluso hizo pasar la carne como hornado para no dejar rastro. El caso deja una lección dolorosa sobre hasta dónde pueden llegar los celos y el temor a perder bienes ante una posible disolución de la sociedad conyugal.
En enero de este año (2026), la historia de la familia Jijón salió a la luz. Una mujer contrató a un sicario para asesinar a su hermano en medio de una disputa por propiedades familiares. Durante la audiencia de flagrancia también recordaron que, años atrás, ocultó por dos días la muerte de su padre y, en ese tiempo, habría tomado posesión de varios bienes, origen del conflicto hereditario.
El caso planteó la pregunta: ¿hasta dónde se puede llegar por una herencia? En esta cuarta entrega conversamos con una exfiscal de Imbabura Yolanda Muñoz, quien relata un crimen marcado por los celos y el temor a repartir lo que la ley establece tras una separación.
La abogada Muñoz recuerda uno de los casos que más marcó su carrera. La investigación empezó con la desaparición de una mujer y terminó revelando un crimen brutal, motivado por celos, violencia y el temor de perder una propiedad.
Una desaparición que encendió las alarmas
Todo comenzó en 2012, cuando reportaron la desaparición de una mujer. En ese tiempo, la ley obligaba a esperar 72 horas antes de activar formalmente la búsqueda.
Mientras pasaban los días, la madre de la mujer acudía desesperada a la Fiscalía junto a sus dos nietos, niños de apenas nueve y siete años, para preguntar si existía alguna pista sobre su hija.
Una carta y unos huesos en la puerta
La investigación dio un giro inesperado cuando, frente a la casa de la madre de la desaparecida, aparecieron unos huesos completamente blancos acompañados de una carta.
El mensaje aseguraba que narcotraficantes asesinaron a la mujer como castigo por una supuesta traición.
La Fiscalía ordenó de inmediato una prueba de ADN a los huesos que llegaron al lugar.
El resultado confirmó el peor escenario: los restos pertenecían a la mujer desaparecida.
Las primeras sospechas apuntaron hacia un hombre que vivía en Guayaquil, señalado como su presunto amante. Según algunas versiones, la mujer mantenía una relación extramatrimonial y decidió alejarse de su esposo debido a los constantes maltratos que sufría.
Algo no estaba bien
Cuando localizaron al supuesto amante y rindió su versión, aseguró que no había visto a la mujer desde que viajó a Guayaquil.
La fiscal Yolanda Muñoz decidió entonces analizar otro elemento clave: la carta que apareció junto a los huesos.
Solicitó una pericia de manuscritos para identificar quién escribió el mensaje que intentaba culpar a narcotraficantes.
Para el análisis pidió muestras de escritura al esposo de la víctima.
El resultado fue contundente: la letra coincidía.
El crimen detrás de la propiedad
Las investigaciones revelaron una historia mucho más oscura.
El esposo asesinó a su propia esposa después de enterarse de que ella tenía una relación con otro hombre. Pero detrás de los celos también apareció un motivo económico.
El hombre temía perder la casa que compartían. Si la mujer se separaba, una parte de la propiedad le correspondía legalmente.
Para evitarlo, decidió matarla.
Uno de los momentos más impactantes del proceso ocurrió cuando uno de los hijos de la víctima contó algo que había visto.
El niño relató que observó a su madre dentro de la cajuela del carro de su padre.
La investigación permitió reconstruir uno de los hechos más estremecedores del caso. Tras recoger testimonios y hablar con la madre del sospechoso, los investigadores concluyeron que el hombre quemó el cuerpo en un horno que utilizaba para asar cerdos. Luego trató los huesos con cal para dejarlos completamente blancos e intentar simular un crimen cometido por narcotraficantes.
Pero lo más escalofriante ocurrió después. Para desaparecer las evidencias, el hombre asó parte de la carne y la presentó como hornado, acompañado de mote, papas y otros ingredientes del plato tradicional. Luego repartió la comida entre vecinos y familiares con el objetivo de borrar cualquier rastro del crimen.
Con estas pruebas, la Fiscalía logró una sentencia de 16 años de prisión por el asesinato de su esposa, un delito que se conoce jurídicamente como uxoricidio, es decir, el asesinato de una mujer a manos de su marido o pareja sentimental.
Una lección que va más allá del crimen
Para Yolanda Muñoz, este caso deja una reflexión profunda.
Detrás de muchas tragedias familiares aparecen conflictos por bienes, herencias o propiedades.
La exfiscal señala que, muchas veces, el miedo a perder una casa, un terreno o un patrimonio desencadena violencia y rupturas irreparables.
Al final, dice, el dinero y las propiedades no se llevan a la tumba.


