Crónica de una final postergada y con futbolistas heridos
Entre enfrentamientos con la policía, intentos de ingresar al estadio sin entradas y robos en las inmediaciones, el club cerró el estadio, dejando a varios hinchas con entradas en las afueras.
Con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en el estadio, la Conmebol era partidaria de que se jugase, pero el presidente de River Plate, Rodolfo D’Onofrio se solidarizó con los jugadores de Boca Juniors y apoyó el pedido de Daniel Angelici, presidente del Xeneize, de jugar el partido este el domingo 25 de noviembre. Este plan tampoco se cumplió.
¿Por qué? Boca Juniors aseguró que sus jugadores no estaban en óptimas condiciones para afrontar el partido y pidió su suspensión.
Este domingo las puertas se abrieron nuevamente alrededor de las 13.00 y miles de hinchas comenzaron a ingresar al estadio. Sin embargo, una hora después fue el propio Domínguez quien anunció que el partido se iba a posponer nuevamente, esta vez con fecha indefinida.
“Queremos que los jugadores cuando entren sea sin ninguna excusa. El Consejo de la Conmebol no garantiza el espectáculo y por ese motivo vamos a posponer el partido. No es culpa de la Conmebol sino de los inadaptados. Tenemos reportes médicos que no garantizan que haya igualdad deportiva. La decisión ya está tomada”, concluyó.
En Argentina se especula con que el ataque al autobús fue orquestado por los barras bravas (ultras violentos) por el allanamiento de la casa del líder de la barra días antes del partido. Otros aseguran que se trató de errores en el operativo de seguridad.
La única certeza es que la violencia volvió a ser protagonista de un partido disputado en Argentina, como ya ocurrió en incontables ocasiones y derivó en que los partidos se disputarán sin hinchas visitantes desde hace años para intentar disminuir los enfrentamientos y las muertes.


