Senador Rand Paul da discurso de más de 11 horas para oponerse a espionaje de la NSA

Senador se opone a recolección de datos telefónicos de millones de ciudadanos amparado en la Patriot Act.

Policías en Colombia rescatan a un perro de morir ahogado

En una arriesgada acción la Policia Nacional de Colombia rescató a un perro que era arrastrado por la corriente

Policías en Colombia rescatan a un perro que se estaba ahogando

Un grupo de integrantes de la Policía de Carabineros patrullaba las orillas de la quebrada Liboriana cuando vieron a un perro que se ahogaba y lo rescataron

Accidente de tráfico deja 11 muertos en San Luis Potosí, México

Nueve de las víctimas eran estudiantes de excelencia de un bachillerato en el municipio de Tancanhuitz.

Senador Rand Paul da discurso de 10 horas para oponerse a espionaje de la NSA

Senador se opone a recolección de datos telefónicos de millones de ciudadanos amparado en la Patriot Act.

Colombia: Sepelio colectivo tras avalancha en Salgar

Los pobladores del municipio colombiano de Salgar dan sepultura este jueves al primer grupo de muertos que dejó una avalancha de lodo y piedra.

España concede residencia temporal a niño que llegó dentro de una maleta

El permiso al menor fue concedido por por circunstancias excepcionales y tiene una duración de un año.

Esta mañana fui a desayunar en el café de Cluny

Esta mañana, muy temprano, fui a desayunar en el café de Cluny y, mientras estaba comiéndome un croissant y sorbiendo un café crème, como sucede en todo cuento o en toda novela cuya acción acontece por casualidad en París, apareció Julio Cortázar. Se sentó frente a una mesa al lado de la mía, redonda como la suya. Luego de pedirle al mesonero que le trajera algo de tomar, sacó una libreta del bolsillo de su chaqueta, se puso unos monumentales anteojos y con una pluma fuente se puso a escribir. Me atraganté con el café crème y el croissant medio masticado en mi boca.

Con coraje y abnegación, me levanté y me le acerqué. “Quiero saludarlo, señor Cortázar, es un gran honor para mí, y agradecerle tanto por todo lo que ha escrito”. Cortázar se quitó los anteojos, me miró, y con la mano tendida dijo “no hay de qué”.

No me lavé la mano por una semana y del tiro de la rue Broca donde yo vivía, en el número 5 para ser más preciso, calle donde Cortázar había vivido con Aurora Bernárdez a mediados de los 50, alquilé un deux pièces en el 59 bis rue de la Tombe Issoire, calle donde, yo me imaginé, había vivido Horacio Oliveira.

Pero esto parece más bien un lugar común, un postmodernismo puro, puro kitsch… Sé que otros han inventado cuentos muchos mejores que el que estoy tratando de improvisar…, no, no puedo perder más tiempo en esto, tengo que dedicarme a otra cosa…. Sí, es cierto, pero no pude evitar la tentación de intentar à la manière de, a la manera de…, como dicen en Francia. Lo que sucede es que mi editor francés me preguntó ayer “pourquoi n´écrivez-vous pas un récit sur le vide de l´existence?”, en dos palabras, que por qué no me ponía a escribir un relato sobre el vacío de la existencia. Yo le contesté, todo echón, “c´est ce qu´il y a de plus facile…”, es lo que hay de más fácil, presuponiendo que, para mí, claro está, me iba a ser tan fácil como cruzar una calle en medio de un desierto, sin sospechar que la vida es un inmenso desierto en cuyas arenas movedizas desaparecemos…

Cortázar nunca existió, no, ni el café de Cluny ni yo tampoco…, y no hay nada que contar…, esto es lo que me estaba diciendo a mí mismo esta misma mañana desayunándome con un croissant y un café crème…

Y ahora sé que nada existe, ni esta página, ni yo… Y usted, con gran generosidad y filantropía, está leyendo pacientemente estas incongruentes líneas. Porque vivimos en un mundo incongruente y también porque vivimos en una realidad incongruente. Sin embargo estoy convencido de que la incongruencia tiene sus aciertos porque esta mañana, mientras estaba anotando unos apuntes en mi libreta, sentado en una mesa de un café para mí anodino, se me acercó un individuo, todo nervio y todo balbuceo, llamándome por otro nombre que no era el mío, que me dijo que me quería saludar, que era un gran honor para él, que quería agradecerme por algo que en realidad yo nunca había escrito, y yo, con comprensión y cierta compasión, le tendí la mano y le dije simplemente “no hay de qué”.

Luego me marché y me fui caminando, pensativo.

Transcurrieron dos semanas desde aquel acontecimiento que me pareció bastante sórdido y bizarro y sobre el que estuve pensando sin hallarle sentido. Luego me olvidé de él.

Otra mañana, muy temprano, me fui a desayunar en mi café anodino, porque me gustaba mucho, era silencioso y propiciaba la contemplación de la existencia. Hacía mi pedido y me dedicaba a ver pasar a la gente bajando o subiendo por la calle, poniéndome lúdicamente a mirar la realidad duplicada por un inmenso espejo que se hallaba a un costado del café y que reflejaba, con lujo de detalles, el bullicio y el andar apresurado de los peatones que subían y bajaban por la acera donde se hallaba el café, cruzando la calle para ir a parar en la acera de enfrente donde se perdían de vista. Luego me ponía a tomar apuntes en mi libreta que se iba llenando de palabras, algunas inconexas, otras acordes. A veces detenía la mano y descansaba la mente. Cerraba los ojos y empezaba a imaginarme miles de situaciones, algunas verosímiles, la mayoría inverosímiles, que podían acontecer en un abrir y cerrar de párpados en aquel momento. Pero nada sucedía. Mi vida era una vida bastante rutinaria y sin mayores sobresaltos.

Fue cuando, de pronto, entendí que nada de esto existía…, y se hizo un gran vacío, como un horrendo hueco en la nada.

Minificción de los jueves: Leo Mercado y Caro Fernández

El historiador de la familia

En el transcurso del siglo XVII la historia de las naciones del viejo continente se vio afectada por un episodio denominado “La guerra de los treinta años”. Este largo enfrentamiento no registra ningún cambio de organización política ni una renovación de ideas o costumbres. Básicamente se limitó a una lucha de intereses que solo provocó tragedia a los pueblos.

Al menos la experiencia histórica le sirve como argumento a Rodolfo Peralta, quien despliega una verdadera ponencia para que su padre perdone al tío Carlos y lo invite, de una vez por todas, a celebrar el Año Nuevo con ellos.

Humildad

Durante un recorrido por el Museo de la Tapisserie de Bayeux, el guía describe a los turistas la perfección del “Tapiz del paquidermo de Bombay”. Para confeccionarlo se usaron cientos de urdimbres sujetadas a ambos lados, perfectamente tensadas mediante un tecnológico mecanismo, por medio del cual pasó la trama creando la obra.

La araña desde el techo los observa con ironía, mientras teje la tela en la que se balancean 1.200 elefantes quienes, como veían que resistía, fueron a llamar a otro elefante.

Enmascarados

Es mentira que se perdieron las tradiciones y que el ritmo moderno no deja tiempo a la fantasía. Fíjense, por ejemplo, que en los antiguos carnavales la gente se transformaba, amparada por la complicidad de los disfraces. Resultaba todo un desafío caminar por la calle convertidos en mula, payaso o marimoña. Sin embargo, tales artes no se comparan con la habilidad de una modelo que simula ser actriz, un ignorante ser sabio, un policía, ladrón y un ladrón, gobernante. Y pensar que hay tantos desfilando por la vida.

Burocracia

Luego de la anunciación, Noé se puso manos a la obra con la selección de especies que subirían al arca, pero el llenado de los formularios de identificación de animales en peligro de extinción, los sellados y las garantías ante las asociaciones proteccionistas, le costaron más tiempo de lo esperado. Al terminar, contaba con seiscientos años de edad. Recién entonces, Dios pudo enviar el diluvio.

Gula Papal

Con el objeto de acrecentar el ejército y las arcas, Urbano VIII asumió en una bula que San Felipe Neri podía hallarse simultáneamente en dos lugares distintos. En otra, Clemente X dio fe de que Pedro de Alcántara fue capaz de vivir en una celda de un metro y medio cúbico durante cuarenta años, durmiendo sólo una hora y media por día. Alejandro VI fue mucho más allá aún, y decretó mediante la bula “Inter coetera”, en 1493, que todas las tierras no descubiertas le pertenecían como “vicario” de Cristo, y que podría disponer de ellas a su agrado.

En aquel momento, los españoles comenzaban su avance en el Nuevo Mundo y Alejandro VI ignoraba que, desde los Andes del fastuoso imperio Inca, tierras de su propiedad por derecho divino, provendría esa exótica fruta roja (conocida después como tomate) que le provocaría un ataque alérgico por atragantamiento, cerrándole la glotis y terminando con su vida.

Educación

Pasó siglos domesticándolo, repitiendo con tenacidad: “Respetá al prójimo. Cuidá el medio ambiente. Masticá con la boca cerrada. Da las gracias…”. Cuando ya había logrado educar al mono, evolucionó en hombre. Y hubo que empezar de nuevo.

Bromas pesadas

En la víspera de Halloween de 1938, Orson Welles representó con actores de su compañía la obra “La guerra de los mundos”, en una versión radiofónica tan realista que provocó una gran conmoción entre los oyentes, quienes salieron corriendo a las calles pensando que el ataque extraterrestre era cierto.

Desde entonces la sociedad no se conmueve ante la tragedia del prójimo. Tal vez porque espera que otro tome la iniciativa frente a noticias de injusticia, corrupción, violencia y otros males. O tal vez, por la esperanza de creer que muchas verdades no son más que bromas pesadas.

El súper-héroe que no fue

Para protegerse de los insectos, las poblaciones humanas han utilizado repelentes desde tiempos remotos, como por ejemplo el humo proveniente de la quema de plantas. Hay reportes históricos que documentan la existencia de esta práctica en las antiguas civilizaciones de Egipto, Grecia, Roma y poblaciones indígenas americanas. Pero no fue hasta el siglo XIX cuando se desarrollaron compuestos químicos que provocan en el insecto movimientos orientados que lo alejan de la fuente emisora. Gracias a este avance cientos de personas han sido protegidas de molestas y ponzoñosas picaduras. Tal como le sucediera al joven Peter Parker, quien logró repeler aquella araña sin imaginar el giro de su destino.

Mediática

Después del incidente de la manzana, Newton pasó largos años de su vida investigando y desarrollando los pormenores de la ley de la gravitación universal. En cambio, sabiendo que el escándalo es el camino más rápido para alcanzar la fama, Eva la mordió.