De acuerdo con Reuters, en su declaración patrimonial, el presidente Enrique Peña Nieto habría presentado información incorrecta frente a las autoridades fiscales sobre la circunstancias en que adquirió al menos una de sus propiedades, de acuerdo con documentos públicos revisados por la agencia de noticias.
Según la declaración de activos oficial que Peña Nieto realizara en 2013, habría adquirido la propiedad en cuestión a través de una “donación” o regalo de su padre. Desde entonces, el presidente ha ratificado esta declaración dos veces.
Según información solicitada por Reuters a las instancias competentes, el presidente en realidad habría comprado la propiedad de mil metros cuadrados en Valle de Bravo a un tercero. En 1988, pagó 11.2 millones de pesos (unos 5 mil dólares de la época), de acuerdo con el registro de compra. Además, en su declaración, la propiedad aparece valuada en apenas 11 mil 200 “viejos” pesos, una cantidad imposible.
La agencia de noticias no pudo determinar el origen de las discrepancias entre los documentos y las declaraciones de Peña Nieto. Hasta ahora, Presidencia no se ha posicionado al respecto.
De acuerdo con un funcionario de la Presidencia, el presidente publicará su declaración patrimonial esta semana, como lo ha hecho en años anteriores, según ha expresado, como medida para promover la transparencia.
En su artículo 80, la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores públicos se contempla que todos aquellos que ostenten cargos públicos, “hasta el Presidente de la República” deben declarar su patrimonio a las autoridades bajo juramento.
Nadie puede negarlo, TODOS absolutamente TODOS tenemos por lo menos un placer musical culposo. Es algo natural -e incluso saludable- y aunque tengamos el gusto musical más refinado y selectivo del mundo, por ahí debe de existir alguna melodía, algún ritmo o algún gancho armónico que no se puede salir de nuestra cabeza…hasta que llega una fiesta y ya con algunos tragos encima empezamos a cantar a todo pulmón aquello que incluso nos daría pena traer en nuestro reproductor MP3.
Y como bien saben, todos los jueves en SopitasFM son #JuevesNoventeros y ¿qué otra década está más repleta de placeres culposos musicales que los mágicos 90’s? Es por eso que decidimos hacer una pequeña lista con todas esas canciones que negamos conocer en público, pero que en realidad nos sabemos de memoria:
¡Dense!
Haddaway – “What Is Love?”
Nacido en Trinidad y Tobago, pero con nacionalidad alemana, Nestor Alexander Haddaway nos entregó en 1993 este golpe frenético de Eurodance. Un clásico hecho para gritarlo y bailarlo en los momentos climáticos de la fiesta ¿Alguien de ustedes no ha tratado de recrear al famoso coro de la cantante Natascha Wright?
Corona – “Rhythm Of The Night”
La famosísima pregunta “¿Esos son Reebook o son Nike?” surgió de aquí. Estrenada en 1993 por la banda italiana de Eurodance Corona, esta canción rompió las pistas de baile a lo ancho y largo del planeta y coincidiendo con en tiempo y espacio con “What Is Love?” de Haddaway todo parecía indicar que el futuro de la música yacía en la música electrónica/bailable hecha en Europa.
Aqua – “Barbie Girl”
Con únicamente tres álbumes en su historia, los daneses/noruegos de Aqua logran posicionarse con fuerza en el mapa musical de los noventas. ¿Por qué? Por su grandísimo éxito -apoyado en gran parte por el icónico videoclip- “Barbie Girl”, el cual fue estrenado en 1997 llegando a vender más de 20 millones de copias hasta la fecha. Ya, sean serios ¿quién no se sabe el coro de esta canción?
Backstreet Boys – “I Want It That Way”
La boyband más grande de la década en donde las boybands eran un asunto serio -nada que ver con lo que está pasando actualmente-. Gabardinas de piel, pantalones cargo encampanados, tatuajes tribales, barbas delineadas y un coro que simplemente volvía loca a todas las chicas. El mayor éxito de los Backstreet Boys sigue de pie en muchas fiestas -y es probable que en muchos reproductores personales también-.
Ace Of Base – “All That She Wants”
De las lejanas y frías tierras de Suecia, los hermanos Berggren más Ulf Ekberg crearon una canción que los hizo romper todas las listas de popularidad en el mundo y vender más de 23 de millones de copias hasta la fecha. Y con mucha razón, “All That She Wants” es una canción memorable: melodías vocales pegajosas, una linea de bajo épica y una instrumentación que te hace pensar que este grupo es de todos lados menos Suecia. Ya hasta estamos dudando si es un placer culposo.
Natalie Imbruglia – “Torn”
Este es uno de esos casos en dónde el cover supera al original. Compuesta por la banda de rock estadounidense Ednaswap, la guapísima cantante australiana supo darle la vuelta a esta canción para convertirla en uno de los clásicos pop más importantes de la década de los 90’s.
Spice Girls – “Wannabe”
Sin duda alguna la mejor respuesta que tuvieron las boybands que inundaron la década de los 90’s fueron las Spice Girls. Y no fue cualquier respuesta, fue un trancazo mediático/pop que llegó a vender más de 80 millones de discos en su efímera carrera. Mucho de esto es gracias a esta canción, un himno noventero por excelencia.
Len – “Steal My Sunshine”
El one hit wonder de la banda canadiense Len es una canción que encierra mucha de la vibra de la década que nos compete en esta nota. Es muy probable que muchos melómanos no vean nada innovador en “Steal My Sunshine”, pero nadie puede negar que su coro es algo difícil de olvidar y su capacidad de transportarte a otro lugar es simplemente única.
Savage Garden – “Truly, Madly, Deeply”
Desde Australia llegó Savage Garden y nos puso sobre la mesa una de las canciones más románticas de la historia. Después del éxito internacional desmedido, millones y millones de copias vendidas y que el vocalista Darren Hayes se declarara abiertamente gay, “Truly, Madly, Deeply” sigue ahí, intacta, para los empedernidos del amor.
Crazy Town – “Butterfly”
Rozando el año dos mil pero siendo oficialmente parte de los 90’s, esta canción de la banda de rap/numetal estadounidense nos hizo pensar a todos que tener tatuadas estrellas en los hombros era una idea genial. Así de buena era esta canción.
¿Cuál nos faltó? ¿Cuál sobró? Los invitamos a poner sus sugerencias en la sección de comentarios de esta nota. Y si todo sale bien, la otra semana tendremos la continuación de los placeres musicales culposos de los 90’s…en español.
¡Nos vemos en el siguiente #JuevesNoventero!
Estamos a una semana de por fin ver en pantalla grande el regreso de nuestros animales extintos favoritos, los dinosaurios, gracias a la cinta Jurassic World.
Parque Jurásico vio la luz en 1993, basada en la novela homónima de Michael Crichton y se convirtió en un éxito rotundo, tanto con el público como parte de la prensa especializada.
La cinta tiene muchísimos elementos increíbles: los efectos especiales, los dinosaurios que cobran vida frente a nuestros ojos gracias a modelos robóticos, el entorno natural donde se rodó, la música es fantástica, el temor por el T-Rex, pero también nos infundió la curiosidad por saber más de los dinosaurios y nos regalo varias escenas épicas.
O esta:
No lo nieguen, seguro se compraron unos cuantos dinosaurios de juguete.
Y si esta película tiene algo mejor, es que no envejece, no pasa de moda y el mundo del cine lo sabe, por eso pronto podremos ver Jurassic World. No digan que no se les puso chinita la piel cuando escucharon la clásica música de las películas.
Jurassic World se plantea 22 años después de la primera película, un nuevo parque totalmente modernizado, nueva tecnología, un resort de lujo, cancha de golf, restaurantes, pero, también un centro de investigación genética altamente calificado… hasta para hacer dinosaurios nuevos, como el Indominus Rex, que por supuesto traerá consecuencias catastróficas. Con las actuaciones de Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Vicent D’ Onofrio, Henry Wu y más, nosotros no podemos esperar al estreno este 11 de junio. ¡¡¡¡Por fin veremos dinosaurios otra vez!!!
La verdad es que nosotros no cabemos de la emoción, queremos dejar salir a nuestro paleontólogo interno, ponernos un sombrero a la Alan Grant y comenzar a discutir si los dinosaurios tenían plumas, si terminaron siendo gallinas o cómo nos imaginamos a nuestro dinosaurio ideal.
Y decimos esto último porque les tenemos una sorpresa. Ya saben que nos gusta consentirlos y más si se trata de Jurassic World. Para ir calentando un poco la emoción por la película tenemos el póster de la película… ¡FIRMADO POR CHRIS PRATT Y COLIN TREVORROW! (director) ¿No nos creen? Aquí la foto:
No se los enseñamos nada más por presumir, sino también para contarles la dinámica de como alguno de ustedes podría ser dueño de este exclusivo póster firmado:
¿De qué se trata?
Fácil, tienen que hacer a su dinosaurio ideal. Color, tamaño, qué come, si tiene plumas, si vuela, si es acuático, si tiene cola, si no tiene ojos, si habla, si tiene tres pies o cinco. Lo que a ustedes se les ocurra.
¿Cómo lo podemos hacer?
Tendrán que sacar a su “Cositas” interior y hacer uso de la imaginación, pero sobretodo de su creatividad y de sus habilidades con las manualidades.
NO pueden usar programas de computadora y NO pueden ser dibujos.
En realidad tiene que ser una especie de “modelo”, ya sea que lo hagan con plastilina, palitos de madera, legos, alambre y papel maché, con engrudo, con el material que sea. MENOS DIBUJOS Y DISEÑOS POR COMPUTADORA.
¿Y después que hago?
Bueno para empezar deben tomar fotografías de TODO el proceso de fabricación, para así comprobar que lo hicieron ustedes.
Después deben enviar esas imágenes del proceso, junto con una foto del resultado final y una explicación de 10-15 renglones donde expliquen cómo se llama el dinosaurio, por qué así y cuáles son sus características.
Deberán enviar todo esto a [email protected] con el asunto “Este es mi dinosaurio…” y su nombre completo en el interior del correo.
SI NO CUENTAN CON TODOS ESTOS REQUISITOS SERÁN DESCALIFICADOS.
¿Hasta cuándo tengo para participar?
Tienen desde hoy 28 de mayo y hasta el jueves 11 de junio a la media noche para enviar todo. Los dinosaurios serán calificados por un jurado conformado por Sopitas.com y expertos en Jurassic World. Así que échenle ganas, mucha creatividad e imaginación.
La persona que resulte ganadora será contactada vía e-mail y anunciada en la página.
¡¡Suerte!!
Los registros están ahí: entre 1968 y 1972 John Fogerty, principal compositor, guitarrista y cantante al frente de Creedence Clearwater Revival, lanzó un total de siete álbumes, colmados de exitosos sencillos que hoy en día forman parte del ADN del Rock. Emergiendo en una época de transición (el fin del hippismo, el surgimiento del Folk y Country Rock, las primeras semillas del Garage/Punk/Progresivo) Creedence fue la banda que logró unir a todos, lo mismo a los rednecks sureños, que a los refinados neoyorquinos, hippies, rebeldes con causa. Cualquiera podía disfrutar de la música que la banda ofrecía.
Sin embargo, la que parecía una fuente inagotable de canciones, se secó a causa de la amargura, depresión y resentimiento que John Fogerty mantuvo durante muchos años contra sus ex-compañeros de banda. Le sobrevino una especie de “paralisis creativa” alimentada además por un largo pleito legal contra la gente con la que tocó y llevó a la cima del éxito. Fogerty no pudo siquiera tocar sus propias canciones durante 25 años porque le resultaba demasiado doloroso hacerlo. Escuchar sus canciones en la radio tenían como consecuencia que lo apagara y se quedara deprimido y enojado todo el día.
“En mi vida conocí a muchos rocanroleros que estaban amargados. Entonces tenía 22 años y me preguntaba por qué estaban tan enojados. Uno pensaría que con tantos álbumes y éxito deberían estar felices Desde luego sabemos que en la mayoría de los casos, eso no es lo que sucede. De hecho este negocio está lleno de tipos a los cuales las cosas les salieron mal”.
Contrario a la mayoría de las historias de matrimonios rocanroleros, su esposa Julie le ayudó a salir de este eterno estado de amargura y enojo, la cual Fogerty describe como su etapa de “gato electrocutado” pues estaba muy resentido y herido.
No es para menos y lo recalcamos porque Fogerty no tuvo una vida fácil. Creció en la comunidad de El Cerrito, California, a merced de las agresiones de un padre alcohólico y las carencias de vivir con una madre divorciada que con un sueldo de profesora de escuela tenía que mantener a cinco hijos. El cuarto de John se ubicaba en el sótano de la casa, así que cuando había una fuerte lluvia el agua inundaba el mismo, tenía que apilar algunas tablas de madera para poder llegar a su cama.
Esto lo hizo ser ambicioso y aspirar a cosas mejores para sí mismo. Fogerty decidió formar una banda de Rock con su hermano Tom, luego se integró el bajista Stu Cook y el baterista Doug Clifford. Entonces se hacían llamar los Blue Velvets. Fogerty entonces sólo tenía 15 años de edad. La disquera independiente Fantasy Records, les ofreció un contrato discográfico pero les cambió el nombre por The Golliwogs (un personaje de libros para niños que ridiculizaba a los afroamericanos) y los obligaron a utilizar unas pelucas blancas esponjadas. Para su fortuna, John fue reclutado en el ejército y el grupo tuvo que hacer una obligada pausa, misma que los salvó del escarnio y las consecuencias de portar un nombre con significado racista.
En el ejercito fue donde Fogerty comenzó a escribir sus primeras canciones con una especie de sistema que lo ayudaría posteriormente en su carrera: “nos hacían marchar todo el tiempo porque no saben qué hacer contigo, esto literalmente me hacía delirar y me ponía en trance, así que comenzaba a narrarme una historia, la cual derivó en la canción ‘Porterville’; ahí me di cuenta que podía viajar a cualquier lugar”.
A su regreso el grupo se rebautizó como Creedence Clearwater Revival y Fogerty abrió las compuertas a su gran soltura para escribir memorables canciones de Rock. “No teníamos publicista, ni manager, ni productor, teníamos un contrato con la disquera más pequeña del mundo, así que tuve que tomar las riendas y lograr hacer algo por medio de la propia música, estaba determinado a ello”. Debido a que ahora no podía marchar como en el ejercito, Fogerty implementó un nuevo sistema para su “trance creativo”, quedarse vienco a una pared en blanco y dejar que su imaginación fluyera. Por si fuera poco todo se lo tenía que imaginar y escribir porque como vivía con su esposa e hijo, no podía hacer ruido, así que ejercía una especie de meditación trascendental que posteriormente podía plasmar en la guitarra.
John Fogerty creó un estilo de música completamente norteamericana que podía bailarse y ser disfrutada por cualquiera. No tenían mucha complicación, cualquier banda de bar medianamente buena podría tocar sus canciones. Sin embargo sus letras hablaban de compasión, de ser una persona moral y también protestaban con profunda tristeza y rabia contra la guerra de Vietnam, contra el gobierno de Nixon y la diferencia de clases.
CCR 1970
Para los estándares de la época, Fogerty era bastante “anticuado”. Nunca decía groserías, no tomaba alcohol y no se drogaba, si acaso fumaba un poquito de mota pero eso era todo. De ahí en fuera, le tenía prohibido a los Creedence fumar en el estudio o durante los shows. Después de todo tenía que competir con las demás bandas del momento. Y no quería ser como Grateful Dead o Jefferson Airplane que no les interesaba ser exitosos. “¿Entonces para qué me tomaría tantas molestias si sólo quiero venderle un disco a mi mamá? No me avergonzaba ser ambicioso. Quería que fuéramos los mejores”.
Siendo que Fogerty había tomado naturalmente las riendas de la banda, sus compañeros comenzaron a sentirse relegados. Mientras John trataba de librarse del oneroso contrato que los tenía atados con Fantasy Records, su hermano Tom decidió salirse de la banda en 1971 y en consecuencia el grupo dejó de existir el año siguiente.
Esto fue el comienzo de lo que John describe como “la era oscura”. En sólo cinco años había logrado lo inimaginable, tenía fama, éxito y sus canciones estaban en el corazón de la gente. A los 27 años desde luego que resultó muy frustrante ver cómo todo aquello se derrumbaba ante sus ojos. El contrato con Fantasy Records lo obligaba a entregar una cantidad exorbitada de álbumes y John sabía que no podía satisfacer la demanda. Así que la única forma de librarse del esclavizante contrato fue ceder la propiedad sobre sus canciones al dueño de Fantasy, Saul Zaentz, quien usó las ganancias millonarias que le generaron las regalías para lanzar su carrera como productor hollywoodense (con películas como Amadeus o El Paciente Inglés).
Todos los miembros de la banda se vieron colapsados en sus finanzas. Para sorpresa de Fogerty, (luego de un absurdo pleito legal con Zaentz quien lo acusaba de plagiar una de sus propias canciones), descubrió que sus ex-compañeros de banda, en secreto, le vendieron sus “derechos de voto” a Zaentz. Para John esto fue la estocada final, se sintió personalmente traicionado. “Antes de que el fatal contrato fuera firmado, yo creí que todos estábamos en esto juntos. El hecho de pensar que cualquiera de ellos podría volverse contra mí en algún punto me resultaba impensable”.
Las canciones dejaron de fluir, el impacto de la traición de los ex-Creedence fue devastador. Fogerty pudo grabar un par de álbumes que le dieron modestos hits como Rockin’ All Over the World y Centerfield, pero la mayor parte de esos años los pasó recluido, dicen por ahí “como Brian Wilson pero sin drogas”
Hasta el día de hoy no ha perdonado ni a Clifford ni Cook, quienes insisten en seguir tocando ahora bajo el nombre de Creedence Clearwater Revisited. Nunca pudo perdonar a su hermano Tom, aún cuando falleció luego de una larga batalla contra el VIH en 1990. En su funeral dijo: “Quisimos madurar y ser músicos. Creo que sólo logramos la mitad de ello. Fuimos estrellas de Rock, pero no necesariamente maduramos”.
Fue hasta 1997 que Fogerty pudo volver a tocar las canciones de Creedence y lanzó álbumes con regularidad. Ahora está feliz, aunque de nuevo sus ex-compañeros lo quieren demandar por hablar mal de ellos en los medios y por anunciar su más reciente gira “1969” con el tagline “tocando las canciones de Creedence Clearwater Revival”.
John Fogerty ya no está dispuesto a perder más tiempo contando historias negativas, no dejará que nadie lo vuelva a amargar ni le impedirá que siga tocando las canciones que él escribió y creó para todo el mundo.
Disfrútenlas.
Diversas organizaciones de taxistas protestaron este lunes en la ciudad de México contra taxis pirata y apps como Uber, cuyos servicios alcanzan zonas limítrofes con el Estado de México (Tlalnepantla, Naucalpan y Huixquilucan). Bueno, pues ahora el gobernador mexiquense, Eruviel Ávila, ha declarado que la empresa no tiene autorización formal para operar en el estado.
Ávila Villegas aseguró que no permitirá competencia desleal hacia los taxistas del Edomex:
“Hay un dicho legal: primero en tiempo, primero en derecho. Ellos llegaron primero, ellos están legalmente establecidos, vamos a apoyarlos desde luego, vamos a respaldarlos”.
“Aquí en el Estado de México hay más de 100,000 taxistas, 100,000 familias que tienen un ingreso decoroso a base de su trabajo arriesgándose a veces y yo no voy a permitir una competencia desleal”, agregó.
No obstante, parece que no todo es oscuridad para Uber en el Edomex. Según el propio Eruviel, así como escuchará a los taxistas, también lo hará con la gente de Uber.
“No me cierro, vamos a escucharlos, vamos a estar atentos a sus planteamientos”.
También dijo, por otra parte, que los taxistas necesitan mejorar sus servicios. Recurrió a otro dicho para hacer referencia a esto.
“Aquí se aplica aquel dicho que dice: ‘Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente’. Entonces es importante que mejoren el servicio, que den una atención como merece la gente”.
Y bueno, mientras tanto, la Secretaría de Movilidad (Semovi) del Gobierno del Distrito Federal (GDF) organizará el próximo martes su primera mesa de trabajo con taxistas, Uber, Cabify y representantes de la sociedad civil, así como académicos y especialistas en el tema. En entrevista de radio, el titular de la Semovi, Rufino León, aseguró que no habrá operativos contra las apps de transporte y agregó que buscará a su similar en el gobierno del Edomex para llegar a un acuerdo sobre esta problemática.
“Hablaré con mi homólogo de allá para buscar una relación conjunta que también deje tranquilos a los taxistas del Estado de México”.
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function eplAD4M(eID,custF) {
document.write(‘
‘);
if (custF) {
if (!eplArgs.custom) { eplArgs.custom = {}; }
eplArgs.custom[eID] = custF;
}
eplSetAdM(eID, custF?true:false);
}
function eplSetAd(eID) {
if (eplCheckStart()) {
var opts = (eplArgs.sOpts && eplArgs.sOpts[eID]) ? eplArgs.sOpts[eID] : {};
if (opts.custF) { document.epl.setCustomAdShow(eID,opts.custF); }
document.epl.setSpace(eID, opts);
} else {
setTimeout(‘eplSetAd(«‘+eID+'»);’, 250);
}
}
function eplAD4(eID, opts) {
document.write(‘
‘);
if (!opts) opts = {t:1};
if (!eplArgs.sOpts) { eplArgs.sOpts = {}; }
eplArgs.sOpts[eID] = opts;
eplSetAd(eID);
}
//–>
‘);eIFD.close();
var s = eIFD.createElement(‘SCRIPT’); s.src = ‘https://’ + (eS2?eS2:eS1) +’/layers/epl-41.js’;
eIFD.body.appendChild(s);
if (!eS2) {
var ss = eIFD.createElement(‘SCRIPT’);
ss.src = ‘https://ads.us.e-planning.net/egc/4/2912’;
eIFD.body.appendChild(ss);
}
eplLL = true;
return false;
}
}
eplCheckStart();
function eplSetAdM(eID,custF) {
if (eplCheckStart()) {
if (custF) { document.epl.setCustomAdShow(eID,eplArgs.custom[eID]); }
document.epl.showSpace(eID);
} else {
var efu = ‘eplSetAdM(«‘+eID+'», ‘+ (custF?’true’:’false’) +’);’;
setTimeout(efu, 250);
}
}
function eplAD4M(eID,custF) {
document.write(‘
‘);
if (custF) {
if (!eplArgs.custom) { eplArgs.custom = {}; }
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}
eplSetAdM(eID, custF?true:false);
}
function eplSetAd(eID) {
if (eplCheckStart()) {
var opts = (eplArgs.sOpts && eplArgs.sOpts[eID]) ? eplArgs.sOpts[eID] : {};
if (opts.custF) { document.epl.setCustomAdShow(eID,opts.custF); }
document.epl.setSpace(eID, opts);
} else {
setTimeout(‘eplSetAd(«‘+eID+'»);’, 250);
}
}
function eplAD4(eID, opts) {
document.write(‘
‘);
if (!opts) opts = {t:1};
if (!eplArgs.sOpts) { eplArgs.sOpts = {}; }
eplArgs.sOpts[eID] = opts;
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}
//–>
<!– cXense script begin –><!– cXense script end –>
‘);eIFD.close();
var s = eIFD.createElement(‘SCRIPT’); s.src = ‘https://’ + (eS2?eS2:eS1) +’/layers/epl-41.js’;
eIFD.body.appendChild(s);
if (!eS2) {
var ss = eIFD.createElement(‘SCRIPT’);
ss.src = ‘https://ads.us.e-planning.net/egc/4/2912’;
eIFD.body.appendChild(ss);
}
eplLL = true;
return false;
}
}
eplCheckStart();
function eplSetAdM(eID,custF) {
if (eplCheckStart()) {
if (custF) { document.epl.setCustomAdShow(eID,eplArgs.custom[eID]); }
document.epl.showSpace(eID);
} else {
var efu = ‘eplSetAdM(«‘+eID+'», ‘+ (custF?’true’:’false’) +’);’;
setTimeout(efu, 250);
}
}
function eplAD4M(eID,custF) {
document.write(‘
‘);
if (custF) {
if (!eplArgs.custom) { eplArgs.custom = {}; }
eplArgs.custom[eID] = custF;
}
eplSetAdM(eID, custF?true:false);
}
function eplSetAd(eID) {
if (eplCheckStart()) {
var opts = (eplArgs.sOpts && eplArgs.sOpts[eID]) ? eplArgs.sOpts[eID] : {};
if (opts.custF) { document.epl.setCustomAdShow(eID,opts.custF); }
document.epl.setSpace(eID, opts);
} else {
setTimeout(‘eplSetAd(«‘+eID+'»);’, 250);
}
}
function eplAD4(eID, opts) {
document.write(‘
‘);
if (!opts) opts = {t:1};
if (!eplArgs.sOpts) { eplArgs.sOpts = {}; }
eplArgs.sOpts[eID] = opts;
eplSetAd(eID);
}
//–>
‘);eIFD.close();
var s = eIFD.createElement(‘SCRIPT’); s.src = ‘https://’ + (eS2?eS2:eS1) +’/layers/epl-41.js’;
eIFD.body.appendChild(s);
if (!eS2) {
var ss = eIFD.createElement(‘SCRIPT’);
ss.src = ‘https://ads.us.e-planning.net/egc/4/2912’;
eIFD.body.appendChild(ss);
}
eplLL = true;
return false;
}
}
eplCheckStart();
function eplSetAdM(eID,custF) {
if (eplCheckStart()) {
if (custF) { document.epl.setCustomAdShow(eID,eplArgs.custom[eID]); }
document.epl.showSpace(eID);
} else {
var efu = ‘eplSetAdM(«‘+eID+'», ‘+ (custF?’true’:’false’) +’);’;
setTimeout(efu, 250);
}
}
function eplAD4M(eID,custF) {
document.write(‘
‘);
if (custF) {
if (!eplArgs.custom) { eplArgs.custom = {}; }
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}
eplSetAdM(eID, custF?true:false);
}
function eplSetAd(eID) {
if (eplCheckStart()) {
var opts = (eplArgs.sOpts && eplArgs.sOpts[eID]) ? eplArgs.sOpts[eID] : {};
if (opts.custF) { document.epl.setCustomAdShow(eID,opts.custF); }
document.epl.setSpace(eID, opts);
} else {
setTimeout(‘eplSetAd(«‘+eID+'»);’, 250);
}
}
function eplAD4(eID, opts) {
document.write(‘
‘);
if (!opts) opts = {t:1};
if (!eplArgs.sOpts) { eplArgs.sOpts = {}; }
eplArgs.sOpts[eID] = opts;
eplSetAd(eID);
}
//–>
‘);eIFD.close();
var s = eIFD.createElement(‘SCRIPT’); s.src = ‘https://’ + (eS2?eS2:eS1) +’/layers/epl-41.js’;
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if (!eS2) {
var ss = eIFD.createElement(‘SCRIPT’);
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eplLL = true;
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}
}
eplCheckStart();
function eplSetAdM(eID,custF) {
if (eplCheckStart()) {
if (custF) { document.epl.setCustomAdShow(eID,eplArgs.custom[eID]); }
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var efu = ‘eplSetAdM(«‘+eID+'», ‘+ (custF?’true’:’false’) +’);’;
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}
function eplAD4M(eID,custF) {
document.write(‘
‘);
if (custF) {
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function eplSetAd(eID) {
if (eplCheckStart()) {
var opts = (eplArgs.sOpts && eplArgs.sOpts[eID]) ? eplArgs.sOpts[eID] : {};
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function eplAD4(eID, opts) {
document.write(‘
‘);
if (!opts) opts = {t:1};
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eplArgs.sOpts[eID] = opts;
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‘);eIFD.close();
var s = eIFD.createElement(‘SCRIPT’); s.src = ‘https://’ + (eS2?eS2:eS1) +’/layers/epl-41.js’;
eIFD.body.appendChild(s);
if (!eS2) {
var ss = eIFD.createElement(‘SCRIPT’);
ss.src = ‘https://ads.us.e-planning.net/egc/4/2912’;
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eplLL = true;
return false;
}
}
eplCheckStart();
function eplSetAdM(eID,custF) {
if (eplCheckStart()) {
if (custF) { document.epl.setCustomAdShow(eID,eplArgs.custom[eID]); }
document.epl.showSpace(eID);
} else {
var efu = ‘eplSetAdM(«‘+eID+'», ‘+ (custF?’true’:’false’) +’);’;
setTimeout(efu, 250);
}
}
function eplAD4M(eID,custF) {
document.write(‘
‘);
if (custF) {
if (!eplArgs.custom) { eplArgs.custom = {}; }
eplArgs.custom[eID] = custF;
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eplSetAdM(eID, custF?true:false);
}
function eplSetAd(eID) {
if (eplCheckStart()) {
var opts = (eplArgs.sOpts && eplArgs.sOpts[eID]) ? eplArgs.sOpts[eID] : {};
if (opts.custF) { document.epl.setCustomAdShow(eID,opts.custF); }
document.epl.setSpace(eID, opts);
} else {
setTimeout(‘eplSetAd(«‘+eID+'»);’, 250);
}
}
function eplAD4(eID, opts) {
document.write(‘
‘);
if (!opts) opts = {t:1};
if (!eplArgs.sOpts) { eplArgs.sOpts = {}; }
eplArgs.sOpts[eID] = opts;
eplSetAd(eID);
}
//–>
‘);eIFD.close();
var s = eIFD.createElement(‘SCRIPT’); s.src = ‘https://’ + (eS2?eS2:eS1) +’/layers/epl-41.js’;
eIFD.body.appendChild(s);
if (!eS2) {
var ss = eIFD.createElement(‘SCRIPT’);
ss.src = ‘https://ads.us.e-planning.net/egc/4/2912’;
eIFD.body.appendChild(ss);
}
eplLL = true;
return false;
}
}
eplCheckStart();
function eplSetAdM(eID,custF) {
if (eplCheckStart()) {
if (custF) { document.epl.setCustomAdShow(eID,eplArgs.custom[eID]); }
document.epl.showSpace(eID);
} else {
var efu = ‘eplSetAdM(«‘+eID+'», ‘+ (custF?’true’:’false’) +’);’;
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}
}
function eplAD4M(eID,custF) {
document.write(‘
‘);
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} else {
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function eplAD4(eID, opts) {
document.write(‘
‘);
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return false;
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eplCheckStart();
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}
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} else {
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}
function eplAD4M(eID,custF) {
document.write(‘
‘);
if (custF) {
if (!eplArgs.custom) { eplArgs.custom = {}; }
eplArgs.custom[eID] = custF;
}
eplSetAdM(eID, custF?true:false);
}
function eplSetAd(eID) {
if (eplCheckStart()) {
var opts = (eplArgs.sOpts && eplArgs.sOpts[eID]) ? eplArgs.sOpts[eID] : {};
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document.epl.setSpace(eID, opts);
} else {
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}
}
function eplAD4(eID, opts) {
document.write(‘
‘);
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//–>
La bella modelo no teme competir con Natalie Vértiz, Sully Sáenz o Magdyel Ugaz.
Conductor de La batería anunció que irá con Beto Ortiz y habrá un conversatorio con todos los internos tras la proyección del filme.
Actriz mexicana se sumó a iniciativa que busca ayudar a personas con esta enfermedad entregándoles una peluca de cabello natural.
Todo parece indicar que la seguridad en el set de filmación no es la mejor.
La actriz de la saga Rápidos y furiosos se mostró muy impactada al ver a los menores realizando trabajos en una fábrica de ladrillos.