La llegada de la temporada de fresas genera gran expectativa entre los consumidores habituales de frutas. Este alimento, que destaca en los mercados por su intenso color y aroma, no solo es apreciado por su sabor, sino también por el perfil nutricional de alta calidad que ofrece a quienes buscan una dieta equilibrada y saludable.
De acuerdo con informes de la Fundación Española de Nutrición (FEN), uno de los puntos más fuertes de este fruto es su reducido aporte energético. La composición de las fresas es principalmente agua, lo que las convierte en una alternativa sumamente hidratante y ligera. En cuanto a sus macronutrientes, los hidratos de carbono constituyen cerca del 7 % de su peso total, representados mayoritariamente por azúcares como la fructosa y la glucosa. Asimismo, contienen xilitol, un polialcohol que permite disfrutar de su dulzor con un impacto metabólico controlado.
Un aporte de vitamina C superior al de los cítricos
Aunque comúnmente se asocia a la naranja como la fuente principal de vitamina C, las fresas presentan niveles aún más elevados de este antioxidante fundamental. Los datos técnicos revelan que una porción de 150 gramos de fresas proporciona 86 miligramos de esta vitamina. En comparación, una naranja de tamaño medio (225 gramos) aporta 82 miligramos.
Considerando que la ingesta diaria recomendada se sitúa en los 60 miligramos, el consumo de fresas permite cubrir y superar este requerimiento con facilidad. Este nutriente es vital para fortalecer las defensas del cuerpo, además de jugar un papel determinante en la regeneración de la piel, la salud de los huesos y el mantenimiento óptimo de los vasos sanguíneos.
Sumado a lo anterior, este fruto posee diversos ácidos orgánicos esenciales. Entre ellos se encuentran el ácido cítrico, el málico y el oxáccido oxálico, junto con trazas de ácido salicílico. Esta mezcla química no solo define su particular equilibrio entre lo dulce y lo ácido, sino que favorece los procesos digestivos y metabólicos. Cabe destacar que el ácido salicílico se vincula con propiedades antiinflamatorias leves, aportando un beneficio extra al organismo.
Capacidad antioxidante y protección celular
El característico tono rojizo de las fresas se debe a las antocianinas, pigmentos que forman parte del grupo de los flavonoides. Estos compuestos actúan como poderosos antioxidantes encargados de combatir los radicales libres, que son los responsables directos del envejecimiento de las células y de la aparición de patologías crónicas.
La ciencia nutricional cataloga a las fresas como una de las frutas con mayor capacidad antioxidante disponible. Esto es posible gracias a la sinergia entre las antocianinas, los polifenoles (como el ácido elágico) y la mencionada vitamina C. Esta combinación protege las estructuras celulares contra el estrés oxidativo, resultando un factor determinante para la prevención de dolencias cardiovasculares y el bienestar general.
Finalmente, la versatilidad de este producto facilita su inclusión en la mesa diaria. Se pueden disfrutar al natural, en batidos, ensaladas frescas, macedonias o incluso en preparaciones gourmet que mezclan recetas dulces y saladas. Su facilidad de consumo y sus múltiples beneficios las posicionan como un alimento indispensable para mejorar la salud.



