Lo que debes saber del hígado graso enfermedad silenciosa

5 alimentos clave para combatir el hígado graso según especialistas

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En la actualidad, una patología silenciosa se expande de forma alarmante entre la población: el hígado graso. Conocida en el ámbito médico como esteatosis hepática, esta condición se define por el acaparamiento desproporcionado de lípidos en las células hepáticas. De acuerdo con los parámetros de la Clínica Mayo, se establece este diagnóstico cuando la grasa constituye más del 5 % del peso total de dicho órgano.

A pesar de que en sus fases tempranas no suele manifestar síntomas claros, esta enfermedad tiene el potencial de agravarse y derivar en inflamación, fibrosis, cirrosis e incluso el desarrollo de cáncer hepático si no se interviene oportunamente. La Clínica Mayo categoriza esta afección en dos vertientes principales: el hígado graso alcohólico, derivado de la ingesta excesiva de alcohol, y el hígado graso no alcohólico. Este último es el de mayor incidencia hoy en día y se vincula directamente con el sobrepeso, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, niveles de colesterol elevado y hábitos de vida marcadamente sedentarios. En esta variante, la nutrición se convierte en el eje fundamental para prevenir su aparición o lograr su reversión.

Hasta el momento, la ciencia médica no dispone de un fármaco exclusivo para sanar el hígado graso no alcohólico. Por ello, el abordaje terapéutico primordial consiste en implementar transformaciones profundas en el régimen alimenticio y el comportamiento diario. Bajo este panorama, la Academia Española de Nutrición y Dietética resalta ciertos productos que ejercen una función protectora sobre la salud del hígado.

Legumbres

Las variedades como los garbanzos, lentejas, guisantes y habichuelas representan un aporte vital de proteína vegetal y fibra soluble. Su ingesta regular contribuye a optimizar la respuesta a la insulina y a mitigar las fluctuaciones de glucosa en el torrente sanguíneo, un aspecto determinante para evitar que la grasa se deposite en el hígado. Asimismo, su contenido de fibra potencia la salud del sistema digestivo, lo cual influye positivamente en el órgano mediante el denominado eje intestino-hígado, una conexión biológica que gana relevancia en las investigaciones científicas actuales.

 

Cereales de grano entero

Opciones como la avena en hojuelas, el arroz integral o el pan integral conservan todas las partes del grano, aportando así una mayor cantidad de vitaminas, minerales y fibra. A diferencia de los productos refinados, los cereales de grano entero poseen una digestión más pausada que favorece la estabilidad de los niveles de insulina y glucosa. Esta regulación evita que el hígado se vea estimulado a transformar los excedentes de azúcar en depósitos grasos, bloqueando uno de los mecanismos críticos en el avance de la enfermedad.

 

Café

La Academia Española de Nutrición y Dietética señala que el hábito de beber café de forma habitual está vinculado a una disminución en las probabilidades de sufrir fibrosis hepática. Esta bebida es rica en compuestos bioactivos y antioxidantes que actúan reduciendo el daño celular y la inflamación en el tejido hepático. Los beneficios se han observado tanto en la versión con cafeína como en el descafeinado, siempre que se evite el uso de cremas o cantidades excesivas de azúcar.

 

Aceite de oliva virgen extra

Considerado una pieza fundamental de la nutrición saludable, el aceite de oliva virgen extra es abundante en polifenoles y grasas monoinsaturadas con propiedades antiinflamatorias comprobadas. El simple hecho de sustituir las grasas saturadas o industriales por este aceite contribuye a la disminución de la grasa hepática y mejora significativamente el perfil lipídico del paciente, logrando efectos positivos incluso en casos donde no existe una reducción drástica de peso corporal.

 

Yogur

El consumo de yogur, preferiblemente en su presentación natural y sin azúcares añadidos, suministra probióticos y proteínas de alto valor biológico que refuerzan la microbiota intestinal. Mantener un equilibrio en el ecosistema bacteriano del intestino reduce la generación de agentes inflamatorios que viajan por la sangre hacia el hígado. De esta manera, el yogur puede actuar como un aliado para detener la evolución del hígado graso hacia estadios más severos.