Descalzos y con cactus, fieles vivieron su devoción a Jesús en Quito

Quito –

Sufrir en carne propia el dolor por el que pasó Jesús hace más de 2.000 años fue la consigna de varias personas, vestidas de cucuruchos, en la procesión Jesús del Gran Poder que se realizó ayer en el centro de la capital.

No utilizaron grandes maderas, sino que llevaron a cuestas, sobre la espalda, pequeñas pero puntiaguadas plantas como cactus. Sus espinos provocaron laceraciones que implicaron dolor y sangrado, como una forma penitente.

Otras personas, en cambio, llevaron el torso desnudo y los pies descalzos en medio de un ambiente frío y lluvioso o de eventuales heridas. No importó si eran hombres, mujeres e incluso niños. Varios de ellos estaban además encadenados, pintados de color rojo en varias partes del cuerpo. Y a la vez cargando maderos que fácilmente doblaban o triplicaban su peso.

Es que los cucuruchos simbolizan a los penitentes que, vestidos de color púrpura, demuestran su arrepentimiento, así como su voluntad de un cambio.

Ellos emularon la sentencia, dictaminada por Poncio Pilato, gobernador de Judea, que condenó a Jesús a la crucifixión, pero antes de llegar a donde sería su última morada, el monte de justicia llamado Calvario, debía ir por las calles cargando una cruz, ser azotado y luego sobre el madero se debía colocar una inscripción con la frase “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”.

La procesión se inició a las 11:56 con un toque de dianas que se ejecutó como una señal de que algo iba a ocurrir, la lectura de la sentencia, un nuevo toque de dianas y el himno del Ecuador. Esto en medio de gran cantidad de incienso.

A las 12:07, la imagen de Jesús del Gran Poder salió del atrio de la iglesia y los asistentes la recibieron con un fuerte aplauso. Antes se dejó que globos blancos volaran hasta el cielo. A su paso por las calles capitalinas, la gente lanzaba flores y aplaudía. Muchos de ellos además abrían las manos en señal de recibimiento y rezo.

A su paso, la gente se iba incorporando a la caminata. Asistentes a la procesión consideraron que ir a la procesión demuestra un agradecimiento por la vida, por el trabajo, por la salud, por la familia, y que a pesar incluso de la situación económica ven a Cristo como un apoyo para seguir adelante. Lo hicieron solos o acompañados.

Fray Freddy Zucuzhanay, dijo que no hay que quedarse en el acto penitencial del Viernes Santo, sino que se entierren el odio, el rencor, el resentimiento. Además, se debe contemplar a un Cristo vivo, glorioso, triunfante, que sirva de ejemplo para vencer cualquier obstáculo en la vida.

Las imágenes de la Virgen de los Dolores y de la de san Juan de la Santísima Virgen también formaron parte de la peregrinación religiosa

A la procesión, que cumplió ayer 58 años de recorrer las calles de Quito, se estima que asistieron entre 250.000 y 300.000 personas de diferentes partes de la capital, quienes caminaron por cerca de cuatro horas. (I)