‘Star Wars: el despertar de la fuerza’: una copia reverente

¿Por qué, en ‘Star Wars: el despertar de la fuerza’, C-3PO tiene un brazo rojo? Para que los fans tengan que comprarse otra vez el muñequito, claro. Pero, además, esa capa de pintura resulta muy elocuente acerca de una película que, en pocas palabras, es ligeramente distinta pero esencialmente lo mismo. La Rebelión se ha convertido en la Resistencia y el Imperio en la Primera Orden. La Estrella de la Muerte ha estado de reformas, y los androides son más adorables que nunca, pero al final Chewbacca sigue siendo Chewbacca.

‘El despertar de la fuerza’ contiene tantos homenajes a ‘La guerra de las galaxias’ (1977) –¿robos?–  que sería fácil considerarla un ‘remake’ más que una secuela. Hay un huérfano que descubre su conexión con la Fuerza; un robot que posee información esencial en su interior; una cantina donde se reúne la fauna interplanetaria de mal vivir; un planeta/arma que debe ser destruido; y héroes viejos que deben dar paso a héroes nuevos que, de hecho, también son fans de ‘Star Wars’. Hasta el nuevo villano imita a Darth Vader. Los fans amarán esta película, porque ha sido diseñada escuchando sus demandas y listas de agravios. Atrás quedan las precuelas, con sus debates senatoriales y Jar-Jar Binks. De vuelta está Han Solo al mando del Halcón Milenario y, de fondo, esa melodía de John Williams que se niega a envejecer.