Apuestas deportivas en línea ganan auge en Ecuador sin que estén reguladas por la ley

Son las 11:15 de un martes. Un guardia privado sondea con el detector de metales a cada persona que entra a un local ubicado en la calle principal de la Alborada, en el norte de Guayaquil, donde se hacen apuestas en línea.

Mario, de 29 años de edad, se acerca al mostrador y deposita $40 en efectivo en su cuenta virtual. Luego se sienta frente a la computadora en la que aparece todo lo que es apostable: partidas en más de 20 disciplinas deportivas; eventos culturales, como la entrega de los premios Óscar; y políticos, como las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Seis maneras de identificar a un ludópata (adicto a los juegos)

Otros veinte hombres ya están en el local. Uno, de unos 60 años de edad, es ayudado por otro más joven, quien le dice:

—¿Le vas al Tolima? Si hay un empate o gana, tú ganas; si el Macará gana, pierdes.

—Dale, le voy al Tolima —le responde el veterano, quien le pide que le diga más partidos en los que puede apostar.

—Independiente de Medellín contra Táchira, Aucas contra Vélez Sarsfield… —dice el joven.

—Otro más que juegue hoy —responde, reflejando la necesidad de dinero inmediato.

Al final el hombre de cabellera cana detiene las apuestas: “Vamos a ver cuánto gano si acierto, $599, mándale nomás”, asegura y sale del local, mientras los otros siguen revisando sus posibles apuestas.

Mario, por ejemplo, observa el valor que se gana por cada dólar que se apuesta si es que Donald Trump vuelve a llegar a la Presidencia de Estados Unidos: $0,69. Se gana $1,25, si es un demócrata, y $59,69 si es de otro partido.

“Si apostara $21 600 a que gana Trump, gano $14 904, pero no tengo esa cantidad”, refiere. El valor a ganar se reduce cuando se apuesta al más opcionado, porque el dinero se reparte para más manos.

Las apuestas en línea ganan auge en un país donde los juegos de azar fueron declarados ilegales tras el referéndum del 7 de mayo del 2011, lo que conllevó al cierre definitivo de los casinos. Pero los operativos de la Policía dan cuenta de que el juego se hizo clandestino.

En varios sitios de Guayaquil hay locales donde las personas realizan apuestas por internet. Algunos de estos sitios cerraron en el 2011 cuando salieron los casinos.

También, dice Mauricio Villacís, presidente de la Asociación de Extrabajadores de los Casinos del Ecuador, los ecuatorianos cruzan la frontera para jugar en Perú y Colombia, países que tienen ganancias aproximadas de $300 millones al año por juegos de azar. “Ecuador siquiera aporta con un 15 %, es decir, $45 millones anuales, según cálculos realizados”.

El art. 236 del Código Orgánico Integral Penal (Coip) sanciona con pena privativa de libertad de uno a tres años a quien “administre, ponga en funcionamiento o establezca casinos, salas de juego, casas de apuestas o negocios dedicados a la realización de juegos de azar”. Si simula que lo hace sin fines de lucro la pena es de tres a cinco años.

Pero no existe prohibición sobre los juegos o las apuestas que se hacen en línea, afirma Josué Dumani, quien fue intendente de Policía del Guayas hasta esta semana. “En su momento hice la consulta sobre aquello a la Dirección de Control y Orden Público del Ministerio de Gobierno y me dijeron que no existe ley y que por eso no se actúa”, señala.

La mayoría de las casas de apuestas en línea están en el exterior, por lo que se requieren tarjetas de crédito o de débito. Al menos una tiene varias sucursales en el país, en las que las personas pueden ir a retirar o depositar. “En la que está aquí en Ecuador se puede cobrar y ganar hasta $150 000”, asegura Mario.

Es ganar o perder. Ese martes, este joven que administra una empresa apostó $50 a que en cada uno de tres partidos de fútbol habría dos goles o más, pero los perdió.

Él recuperó el dinero el jueves último cuando apostó en otros cinco partidos, incluyendo que Barcelona y Emelec ganaban sus compromisos de ese día. Así obtuvo $473,63, más los $100 que apostó. Lo hizo desde su celular frente al televisor en su departamento. “Casi no voy al local, nos reunimos en casas y desde allí jugamos”, afirma.

Varias aplicaciones son de ayuda. Están en las que personas especializadas dan sus pronósticos en fútbol, tenis, lucha… En otras se ven las partidas o se hacen las apuestas, más los grupos de chat en la red social Telegram (usada porque las conversaciones se desvanecen tras 24 horas), donde personas conocidas como ‘tipsters’ incitan a que apuesten con datos de “resultados supuestamente certeros”. A cambio, piden dinero.

Mario se ha topado con ellos. Su primera vez fue en un partido de Inglaterra de la segunda división hace cinco años. “Le dije que me dé el dato para apostar y que si ganaba, le daba los $50. Accedió y gané, pero sí me advirtió que la siguiente vez tenía que darle por adelantado. Como el primer dato fue real, después confié en él y le di por adelantado, pero perdí y esa persona desapareció por completo. En la segunda aposté menos, igual salí ganando”, dice.

Es una lotería, manifiesta Manuel, de 26 años de edad, quien empezó apostando desde $5 hace seis años. La máxima ganancia que ha obtenido es $900 con el riesgo de perder $150 en varios eventos. “Hockey, fútbol, natación, básquet, tenis, surf, juegos olímpicos, hay variedad. En mi caso uso Betcris, que es la que tiene oficinas en el país, pero con las internacionales tienes más líneas de apuesta. Cuando ganas y estas te transfieren, el banco descuenta el costo de la transacción”, asevera.

El historial de Mario, en siete años de apuestas, incluye la pérdida de $1200. “Fue un dato que me pasaron en Telegram que se veía bueno, pero perdí”. Pero asimismo en una ha ganado hasta $3000. “Estoy todos los días dando vuelta al dinero, cuando tengo más de $1000 voy y los retiro”, agrega.

La psiquiatra Julieta Sagñay refiere que las apuestas en línea han desarrollado una nueva generación de ludópatas, que se forman cuando “el juego se transforma para el jugador patológico o compulsivo en el eje principal de su vida”.

Mario considera que es adicto a las apuestas deportivas online. Cuando despierta, la primera aplicación que observa es la de las apuestas. Ahora piensa incursionar en los eventos culturales. Vio, por ejemplo, que por cada dólar que se apueste a que Joaquin Phoenix obtiene el Óscar a mejor actor, se gana $0,02. “Allí creo que es ganancia segura por lo que se apuesta un monto mayor, es una buena forma de empezar una nueva línea de apuestas”, dice. (I)