Caso Carolina: Adulto pudo haberlos inducido

No le permiten el ingreso de golosinas, fotografías familiares o una manta. Todo lo que tiene el hijo de Carla (nombre protegido) en la correccional de menores es una cama, su ropa y un par de implementos de aseo. Ese es el duro precio que paga por presuntamente faltarle a la ley.

En casa, la ausencia del muchacho, de 17 años, no pasa desapercibida. Genera incertidumbre en la madre al pensar en el futuro que le depara a su segundo hijo.

Cada fin de semana visita al chico, quien permanece detenido en el Centro de Orientación Juvenil Virgilio Guerrero, en El Inca, norte de Quito, desde el pasado 20 de marzo.

El adolescente es acusado de violación con resultado de muerte. La víctima es Carolina Andrango, de 15 años, cuyo cuerpo fue encontrado en un terreno baldío del Comité del Pueblo, un popular barrio del norte de la ciudad.

“Eran amigos. Se llevaban muy bien. Ese día llamó a mi hijo para encontrarse”, asegura Carla en los exteriores de la Unidad de Violencia y Justicia Juvenil.

Según ella, durante los 45 días que duró la instrucción fiscal se mantuvo en silencio para no entorpecer el proceso.

Sin embargo, ahora que la investigación ha avanzado “sin encontrar pruebas” en contra del adolescente, Carla insiste: “mi hijo es inocente”.

Al cadáver de Andrango se le practicaron dos autopsias. La primera determinó que la causa de muerte era pancreatitisaguda. La segunda, asfixia por sofocación.

Dice Carla que no hay evidencia que incrimine a su hijo en el delito.

Para ella la relaciónsexual entre los jóvenes fue consentida.

Manifiesta que, en su opinión, no hay pericia que determine si la ingesta de alcohol (Carolina tenía 4,7 grados por litro de sangre) fue antes o después del acto íntimo.

La reunión de panas inició en un restaurante, luego fueron a la casa de uno de los jóvenes y, finalmente, terminaron en el inmueble d Christian Giler, quien también está acusado del mismo delito, junto a otros dos sujetos.

“Carolina murió en la casa de él”, señala Carla.

Esto pasó, más o menos, a la una de la madrugada del 26 de agosto de 2018, pero ellos no lo notaron “hasta las ocho de la mañana”.

Carla asegura que fue Giles, quien mantenía un brazaleteelectrónico por otro delito, los convenció de llamar a otros amigos para pedir ayuda y no a la Policía o al ECU-911.

Dos adolescentes, que fueron acusadas de fraude procesal y sentenciadas a un año de libertadcondicionalasistida por ocultar indicios acudieron al llamado.

“A una de ellas Christian le pidió que llevara un pantalón para cambiar de ropa a Carolina que estaba manchada”, manifestó Carla.

Incluso cuenta que la madre de una chica llegó para tomarle los signosvitales, pero ya nada se pudo hacer. Ahora Carla espera a la audiencia de juzgamiento de su hijo, que se realizará el lunes. “Tengo fe de que se hará justicia”, concluye. (AAM)