Sombreros y la justicia indígena, sello de El Valle

Cuenca –

En la zona suroriental de Cuenca se encuentra la parroquia rural El Valle. Ahí está el único poblado de la ciudad donde se aplica oficialmente la justicia indígena y se encuentran oficios tradicionales como el tejido de sombreros de paja toquilla y otros accesorios.

A eso se suman las edificaciones patrimoniales que son rasgos de la identidad vallenense.

El nacimiento de El Valle se remonta a 1803, según referencias históricas. Pero se considera como fecha oficial de parroquialización el 26 de marzo de 1897, según el acuerdo número 124, aprobado por el presidente Eloy Alfaro.

Contar con casi 123 años de historia la ha convertido en un sitio donde las actividades ancestrales y los oficios tradicionales están a la orden del día.

A 2 kilómetros del centro parroquial está la comunidad Gualalcay, reconocida y respetada por todos los lugareños porque ahí la identidad se mantiene en los diferentes rituales y festejos que se desarrollan a lo largo del año.

Darwin Arévalo, presidente de la comunidad más poblada de El Valle con algo más de 5000 habitantes, explica que en cada festejo religioso o popular lo que más resaltan son los de antaño como el juego de la escaramuza o la caballería.

Pero también son respetados y reconocidos porque en caso de un conflicto que altere la paz están facultados para aplicar la justicia indígena con una autorización judicial.

Esto, porque la Corte Provincial de Justicia del Azuay reconoció a la comunidad de Gualalcay para que conozca y resuelva las controversias dentro de su territorio, según consta en el juicio 1357- 2015.

Lo más común son robos, hurtos, peleas, vandalismo y en menor grado problemas de límites entre vecinos.

Arévalo refiere que el escarmiento moral y físico ha dejado experiencias positivas en la gente. Aclara que antes de aplicar la ‘sanación’ con ortiga, un látigo y el agua helada sobre el cuerpo ‘llucho’ (desnudo) del delincuente en medio de la plaza pública hay todo un proceso de investigación y derecho a la defensa, pero finalmente quienes deciden son los miembros de la comunidad.

En otro lugar de El Valle está el taller de sombreros de la familia Yunga. Llegar a su casa es revivir la historia de esta prenda, porque aquí el uso de la tecnología se limita para el radio que no deja de sonar con música alegre a alto volumen.

Los hermanos César y Manuel Yunga trabajan el día ahormando los sombreros que les traen las tejedoras locales para, a pulso, darles un toque único.

Para templar el material aún utilizan la plancha de hierro que se calienta a carbón y lleva 42 años en su poder. Mientras que para secarlos no utilizan complicadas máquinas, sino que los colocan sobre el techo o en la entrada de su casa para que el viento haga ese trabajo.

Su oficio durante 12 horas diarias consiste en rapar (cortar), encolar (mojar con goma para endurar), planchar, secar y macetear (golpear con un mazo de madera sobre una piedra para suavizar el material).

Todo se hace a la vista de la gente porque saben que esto también forma parte del atractivo turístico de la parroquia. En una semana regular trabajan 12 horas diarias de lunes a sábado para confeccionar 2800 prendas.

Sobre el planchado de sombreros, cuentan que no usan una eléctrica porque es más liviana y calculan la temperatura sin termómetros, solo que ponen un poco de saliva en su dedo y tocan la base de la plancha hasta que esté en su punto. Y para que el calor no se vaya rápidamente tapan unos agujeros con papel periódico.

Los sombreros

Saber que los sombreros de paja toquilla de El Valle se lucen en varios países de América Latina y Europa es para Manuel Yunga un orgullo, porque sabe que son bien hechos.

Acceso a parroquia

Para llegar a esta parroquia se accede desde la vía rápida Cuenca o por la avenida 24 de Mayo, frente al colegio Garaicoa. (I)