¿Nos volvemos más distraídos con la edad?

Madrid –

Una red cerebral específica, el ‘locus coeruleus’, que controla nuestra capacidad de concentración bajo estrés, parece debilitarse a medida que envejecemos, lo que interfiere con nuestra capacidad de concentración. Los adultos mayores parecen más fácilmente distraídos por la información irrelevante que las personas más jóvenes cuando experimentan estrés o emociones poderosas, y la culpable puede ser una red específica en el cerebro identificada recientemente como el epicentro del Alzheimer y la demencia.

Un estudio dirigido por la Universidad del Sur de California (USC), en Estados Unidos, encuentra que el déficit de atención de las personas mayores se asocia con el ‘locus coeruleus’, una pequeña región del tronco encefálico que se conecta con muchas otras partes del cerebro. El ‘locus coeruleus’ ayuda a enfocar la actividad cerebral durante periodos de estrés o excitación.

El aumento de la distracción es un signo de envejecimiento cognitivo, apunta la autora principal Mara Mather, experta en memoria y profesora de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la USC. El estudio, publicado este lunes en ‘Nature Human Behavior’, encontró que los adultos mayores son aún más susceptibles a la distracción bajo estrés o excitación emocional, lo que indica que la capacidad del núcleo para intensificar el enfoque se debilita con el tiempo.

“Intentar completar una tarea aumenta la excitación emocional, por lo que cuando los adultos más jóvenes se esfuerzan, esto debería incrementar su capacidad para ignorar la información que distrae –explica Mather, quien también es profesor de la Facultad de Letras, Artes y Ciencias Dornsife de la USC–. Pero para los adultos mayores, esforzarse puede hacer que tanto lo que están tratando de enfocarse como la información se destaque más”.

Por ejemplo, si un adulto mayor realiza una prueba de memoria en la consulta de un médico, puede estar tratando de concentrarse, pero se distrae más fácilmente que un adulto joven por otros pensamientos o ruidos en el fondo. Investigaciones anteriores dirigidas por Mather, director del Laboratorio de Emoción y Cognición de la USC, han destacado el ‘locus coeruleus’ y sus funciones en la cognición y la memoria.

Actualmente, Mather se centra en estudiar cómo cambia la función del ‘locus coeruleus’ durante el envejecimiento y la enfermedad de Alzheimer. El ‘locus coeruleus’ parece ser uno de los primeros sitios de la patología tau, los enredos que son un sello distintivo de la enfermedad de Alzheimer. Se estima que 5,7 millones de estadounidenses tienen Alzheimer, que es la sexta causa de muerte en la nación.

“Los signos iniciales de esta patología son evidentes en el ‘locus coeruleus’ en la mayoría de las personas a los 30 años –dice Mather–. Por lo tanto, es fundamental comprender mejor cómo cambia la función del ‘locus coeruleus’ a medida que envejecemos”.

Mather es uno de los más de 70 investigadores de la USC que centra su investigación en la prevención, el tratamiento y la posible cura de la enfermedad de Alzheimer. La enfermedad que borra la memoria es uno de los mayores desafíos de salud del siglo, afecta a una de cada tres personas de la tercera edad y cuesta 236.000 millones de dólares al año en servicios de atención médica.

Medir el gran papel de una pequeña región cerebral

El ‘locus coeruleus’ se conecta a muchas partes del cerebro y controla la liberación de la hormona norepinefrina, que influye en la atención, la memoria y el estado de alerta. Normalmente, la norepinefrina aumenta la “ganancia” en la actividad neuronal: las neuronas altamente activas se excitan más, mientras que las neuronas menos activas se suprimen.

Los investigadores registraron actividad de excitación fisiológica y ‘locus coeruleus’ en 28 adultos más jóvenes y 24 adultos mayores utilizando ambos escáneres cerebrales y la medición de la dilatación de la pupila en los ojos de los participantes, un marcador visible externamente para la excitación emocional y la actividad del ‘locus coeruleus’.

Durante las exploraciones, a los participantes del estudio se les mostraron pares de fotografías, una de un edificio y la otra de un objeto. Las imágenes fueron manipuladas de modo que a veces el edificio era claramente visible y resaltado mientras el objeto era débil, y otras veces, viceversa. Para cada par, los participantes tenían que indicar qué imagen se resaltó.

Algunos ensayos comenzaron con un tono que advertía a los participantes que podrían recibir una descarga eléctrica al final de la prueba. Otros ensayos comenzaron con un tono que indica que no habría ‘shock’. Los participantes mostraron mayor dilatación de la pupila y sudor durante los ensayos cuando podrían recibir una descarga, lo que indica una mayor excitación fisiológica.

Una conexión interrumpida en adultos mayores

El “área de lugar” parahipocámpico del cerebro se activa cuando una persona mira imágenes de lugares. En adultos más jóvenes, esperaban una actividad de amplificación de la descarga en el área del lugar cuando miraban la imagen clara y resaltada del edificio. La actividad allí disminuyó cuando vieron una imagen débil, no resaltada. Las vías en sus cerebros que unen el ‘locus coeruleus’, el área local y la red frontoparietal (regiones de la corteza cerebral que ayudan a controlar a qué prestar atención y qué ignorar) no se interrumpieron, lo que les permitió ignorar más efectivamente la información que no era importante.

Sin embargo, los adultos mayores mostraron menos actividad en la red fronto-parietal al anticipar un ‘shock’. Su red ya no respondía eficazmente a las señales del ‘locus coeruleus’. También mostraron una mayor actividad en el área de lugar cuando esperaban un ‘shock’, independientemente de si la imagen estaba resaltada o no.

Por lo tanto, durante la excitación emocional, los adultos mayores mostraron más actividad asociada con las imágenes si se destacaron o no, mientras que los adultos más jóvenes se volvieron más selectivos bajo la excitación, centrándose solo en las imágenes más destacadas. “Descifrando exactamente cómo ocurren estos cambios en el cerebro a medida que envejecemos podría algún día ayudarnos a descubrir cómo proteger al cerebro del deterioro cognitivo y la pérdida de función”, dice Mather. (I)