“Te lo quería devolver vivo y no pude”

Eran las 10:30 y para acelerar las manecillas del reloj, recordaba junto a su otra hija Zulay las ‘locuras’ del muchacho, que será sepultado en el cementerio general de Santo Domingo.

La tristeza le impedía soltar una carcajada y solo movía la cabeza en señal de aprobación, mientras Zulay tejía en su mente los recuerdos del 7 de abril pasado. Aquel día y sobre el mismo patio en que velaría a su ñaño ayer, hicieron la última gran fiesta a la que Óscar asistió.

Era un bautizo, y la celebración estuvo tan buena, que el joven “bailó hasta reguetón”, apuntó con asombro. Le gustaba pegarse sus tragos de vez en cuando, pero bailar, poco. Óscar estaba tan feliz, que ese mismo día les confesó que también soñaba con bautizar a la menor de sus dos hijos, una niña de 9 meses de nacida.

Aquella pequeñita, insistió Elvia, ahora es su responsabilidad, pues era Óscar quien veía que nada le faltase. También se encargará de cumplir lo que ahora creen que fue su última voluntad, el bautizo. Las lágrimas seguían rodando por su rostro opaco y repetía que ahora esa era su nueva lucha.

“Ese día él nos dijo que era su sueño, que quería celebrarla así, pero que estabachiro. Nosotros le dijimos que entre todos lo ayudaríamos…”, contaba Zulay cuando la música que acompaña al flashinformativo de un noticiario interrumpió el relato. El momento más amargo llegó: los cadáveres arribaron a Quito, a las 11:00.

Los parientes que conversaban bajo la lona blanca de la capilla ardiente corrieron al interior de la casa de la mujer, de 39 años, a postrarse frente al televisor.

El dolor